24 de julio de 2013
Un viaje y el viaje.
Se dijo que sí, que había que invertir cada centavo, cada último suspiro en conseguir el dinero a punta de empeñar de todo, de vender todo, de aceptar cualquier trabajo, de dejar pedazos de cuerpo por ahí, pedazos de vida, de cargar niños, acompañar ancianos, cuidar edificios, cocinarle al mundo y sus perros, de lo que fuera, como sea, en donde sea y lo que tocara. Acá ya el punto no era en donde le sonara la flauta sino sacarle música a los huecos del delantal a punta de soplo, suspiro y cansancio. Pero se dijo que todo por irse, todo por ese viaje que no importaba nada de nada, ni la experiencia del primer avión, ni del primer país, ni siquiera un idioma raro gutural pronunciado quién sabe cómo para decir quién sabe qué, ni no tener dónde llegar, mejor dicho, acá, en esta constelación de partes desgraciadas y deudas y toda la mierda propia de la vida y sus circustancias que son peores, lo que importaba, lo que estaba diáfano y espiritual era el pequeño rayo de luz. Esa liniecita delgada, fínisima como un cabello de ángel. Ese aire tibio, ese vaso de agua, esa cerveza a punto, ese aguardiente de 31 de Diciembre. La sonrisa que sólo puede salir de quien se embadurna de la luz de aquello que verá, del futuro que aguarda como uno lo quiere y lo planea y se hace cierto en ladrillos y cemento. Ese ser que un día estuvo y que con o sin el Todo, va estar ahí en compañía perpetua. Lo vale todo. Todos los mares de la dicha, todas las lágrimas en roca. El mundo que una vez tuvo. Diga, no más. Y trabajó y trabajó y gastó el grosor de su piel y una vida entera y dejo grietas hasta en su propia sombra. Años que se fueron como días, días que entre la bruma y la niebla de la siempre aparecida y usual desesperanza y desesperación y frustración con puños en las puertas y en la tierra y gritos apretujando las manos, días que parecieron años. Y un día como esos, una mañana, en un segundo infinito, le entrelazó nuevamente las manos. No hubo pasado y dolor. En una explosión el tiempo reprogamó sus piñones y le dio sólo rienda a un destino manifiesto para sí: a la eternindad de verse y saberse juntos nuevamente y en el ocaso de lo tangible, ser para siempre en el amanecer de lo intocable.
16 de junio de 2013
Entangled
'Se ve un cielo a mitad de ventana. La cortina verde que cubre aún retazos de cielo y algunos apartes de edificios allá en donde otros también miran. Hay nubes que cruzan el infinito cielo y el aire que, aun si descompuesto por el smog y la carga pesada de partículas ajenas y gases tóxicos, sopla. Sopla tenue. Sopla ya una sonrisa y la forma de tu voz. El cansancio se apacigua y se vuelve cosmos. Energía que renace del interior intangible, del abstracto de la esencia. En donde todo puede ser y estamos ahí retozando el desayuno y creyendo en universos infinitos que burbujean el Todo final. Se ve tu cuerpo invisible entrelazado. Bajo estas sábanas, con este café mañanero. La puerta cerrada que sigue abierta a ti. A los pasos que un día volverán. La piel a la que un día nuevamente llegaré. Nos separa la distancia que nada es. Nos une la trascendencia que todo espacio llena y sacude. Se ve el día de hoy y la forma de tu horizonte feliz".
Uno de esos domingos en que él se supo. De luz diáfana y con apenas unos pocos carros de fondo. Con lágrimas confusas entre la ausencia y la dicha de la existencia. Con un dolor que retorna ocasionalmente en alegría.
Le quedaba un suspiro y la más pura ilusión. Fe de lo plausible.
6 de mayo de 2013
I found you there
There is something behind every door, behind any single particle of dust.
And I found you there.
There is light hidden under the nails.
I found you there.
All the time contained in one breathe, in each phoneme you blow.
The universe, as infinite it seems, the finiteness of its own word. All and all.
Multiple universes surrounding so unapproachable.
With mass-less matter in the sand of our deepest imagination, with the evidence of its existence just by default.
They are there. And all around me lacks color and sound if I can someway feel the fact of your existence.
Does it matter? With you no more distance. Around you no more passing. Entangled such corpuscles across the distance and way beyond the Horizon.
It is your body, your very warm aura, reason enough to intangible buildings of faith and hope.
I swim in the river of your voice, I walk now in each print of your entropy.
With no edges nor boundaries.
Transmutable walls like bricks in-between the day and the night.
We both in an eternal dawn, we as the perpetual dawn fusing the contrasts together, giving meaning, creating opposing party for each being, filling out in fundamental contents.
Chained in the need of no chains. Tied in the need of no strings.
Simply the perception and conviction of myself into you converged.
1 de mayo de 2013
Hay un sol con voz, hay un universo que habla. Tus labios que configuran el viento y el polvo. La maravilla de saberte acá sin distancias. Atados a pesar de todo. Conectados a través del horizonte. Hay una sonrisa tras las aguas. Hay un milagro entre los dedos. La luz de lo imposible construyéndose. Tiempo.
8 de abril de 2013
25 de marzo de 2013
27 de febrero de 2013
Miércoles dos y 7
Sumergiendo los cuellos. Ahogando cada guiño y cada ojo. Son las tardes de sol en la noche, es un mediodía de cortinas abajo. La suciedad se levanta en las manos que ya rompieron los cuellos de vidrio, en las manos que hundieron sin piedad los ojos de papel. Se ve un cuerpo hambriento abrazando proyecciones de sueños en la pared. El cinematógrafo narra acaso que sólo en las esquinas vacías el dolor es tangible.
25 de febrero de 2013
Dos turistas
Era hora de ir por plata. Una ciudad como esas: turística, llena de bares y ventas de postales y desayunos carísimos en plato chiquito con un cafe de dos dedos en un vaso donde apenas si caben, de hecho, dos dedos. Cajeros, por supuesto, todos. En esas ciudades sobran es razones para gastarse el billete y a veces tengo la impresión que la sola pereza basta y sobra (y alcanza para la ñapa) para gastar y gastar y andar lanzando monedas en cuanta fuente -o charco- haya por ahí en las esquinas. El caso es que nos tocó, luego de revisar que la cartera estaba a medio llenar y no de billetes de bajo rango, pero con eso de que cobran hasta por mirar el techo, decía, el caso es que nos tocó devolvernos al cajero automático del hotel por más dinero.
Ah es que una ciudad como esas lo que tiene de sobra es hoteles. El de nosotros, en pleno centro, era un edificio alto, de vidrios negros. De los delgados vistos de frente y eso era porque cada piso representaba apenas dos habitaciones. Una a cada lado. Pero eso sí, les digo, eran LAS habitaciones. Muy grandes, muy pero muy grandes. Con esas camas que tienen el área del tapete de una sala promedio con unas mil almohadas de tamaños tan variados que mi primera pregunta fue '¿y para qué tantas?' pero bueno, es que cuando se es de estrato medio, tirando pa' bajo, y una vez en la vida que uno se gana esos toures con todo pago -menos los impuestos de los tiquetes, las bebidas, la comida, las salidas, el bronceador, la invitada a la nena y un larguísimo etcétera- es decir, con todo pago-excepto, ¿qué es eso de todo-excepto?, parece ciertamente una contradicción a lo ¿por qué en vez de haber algo no hay nada? Mini bar, que era como diez veces mi bar en casa, televisión como del tamaño de la pared posterior a mi cuarto en casa, con un clóset que es del tamaño de mi casa. Llegamos entonces al cajero automático justo a la entrada.
A mano izquierda, cruzando la avenida, estaba una de esas iglesias enormes de tres naves y con esas cúpulas que dan sobretodo miedo en caso de que el infierno exista y con dos torres altísimas, como las de las mezquitas, terminando cada una en tres puntas. Toda ella en piedra y vidrios y complicada hasta decir 'ya no más'. Imagínese ud la hija de la Basílica de San Pedro y de la de la Sagrada Familia y se dará una idea. Ah y la anterior cúpula por dos. Era imponente la berrionda. Tanto que hasta nuestro súper hotel, ultra lujoso, brillante y de nuevo-rico, parecía un teléfono celular al lado del Hermitage. Al lado derecho estaban construyendo un edificio. Esos rascacielos que de tan altos y sobretodo de tan demorados son sobretodo toca-culos. No tengo la menor idea cuánto llevaban construyéndolo para el momento del relato ni cuánto más les faltaría pero es de esas cosas que uno, cuando toma lugar en su pueblo, sólo suspira de tristeza imaginándose el tráfico, las mallas verdes, los señores de casco a toda hora, el polvo, ¡el ruido!, mejor dicho, como cuando el maestro de obra es el que está en la casa dale que te pego a los azulejos del baño por tres semanas: un calvario. Como ver el pasto crecer. Arriba se veían cientos de obreros. Un grúa enorme, de proporciones tipo Transformer, como la que se debió usar para poner el último tornillo a la Estación Espacial Internacional en caso que hubiesen usado una, claro.
Así pues, nos paramos en el cajero echando número a ver cuánto era que necesitábamos en efectivo al menos para ese día. Era evidente que mucho pero no cuánto exactamente. En esas estábamos cuando Mónica me dice, oye Felipe, ¿dime?, creo que estoy como mareada, ¿mareada? ¿en serio? ¿No será por el sol, el mísero desayuno, el cansacio de haber caminado ayer tanto? ¡No! No es eso. Mira la lámpara de la recepción del hotel. (Lo cual era posible pues la puertas eran de vidrio). ¿No es muy grande y pesada para estarse moviendo? Yo sólo atiné a decir: ¡Dios mío! Hasta que alguien, que no podría describir porque aunque lo vi no lo recuerdo bien, salió gritando: ¡está temblando! El piso empezó a sonar como la caña de azúcar en el trapiche. Las personas corrían de lado a lado y se escuchaban muchos gritos. Yo entré en un estado de shock. Me costaba pensar con claridad y mi mente se volvió sobre todo un repositorio de imágenes y sonidos. Como si fuese simplemente una cámara. Inerte. Un mecanismo destinado a grabar. El movimiento aumentaba, el estremecimiento de la tierra se hacía más fuerte y el aturdimiento de la desesperación de las personas era como el de abejas si pudiesen ser sopranos. Como si todo el ruido de los radios mal sintonizados sonara al mismo tiempo. Sentía la mano de Mónica que me apretaba halándome en dirección a la iglesia. Pero no tenía sentido eso. Si había una construcción que podría deshacerse era esa y además era, de entre todas, la más alta, la más monumental. Alcancé a ver cómo los obreros en el edificio de al lado intentaban bajar desde semejante altura por entre el armazón de hierro pero hubo un momento en que ya era un hecho que un edificio a medio hacer no resisitiría mucho ni le daría la oportunidad a todos para salir a salvo. Fue uno, el de una de las esquinas, cerca a la grúa que, supongo, en medio de la desesperación y esperando contar con buena suerte, se lanzó. Era imposible sobrevivir a un salto semejante. Pero seguido a él, empezaron todos a saltar como meteoritos. Uno de ellos cayó justo enfrente mío, a unos, no sé, dos metros y quedó desparramado, medio moviéndose, medio muerto, lamentándose desde lo hondo de sus tripas y sin pedir ya ayuda pues tampoco eso tenía sentido. Mónica no lo soportó más. Me soltó y salió a correr justo hacia la calle frente a la iglesia. Yo desperté de mi letargo cuando, creo, me sentí abandonado por ella. Aunque ciertamente que fui yo quien la abandonó al no reaccionar rápidamente. Al verla alejarse sólo pude gritarle, ¡no! ¡Allá es peor! ¡La iglesia se va a caer! Empecé a caminar hacia atrás, en reversa, hacia donde parecía haber más espacio libre y en donde se amontonaban algunos niños con una maestra y, recuerdo, dos señoras mayores que se cogían de las manos. Me tropecé y caí y al levantar la cabeza vi cómo las dos torres y cada uno de los picos de la iglesia empezaban a caer en pedazos enormes, pesados y estruendosos sobre la calle. Ahí hacia donde Mónica segundos antes se había dirigido. Los vidrios del hotel estallaban como copas caídas de un tercer piso. Se formaban grietas en las calles y cruzaban la plaza en la que yo estaba. El sol brillaba, había el mismo cielo hermoso de hacía apenas unos segundos cuando todo estaba quieto y todos estábamos frustrados por el caos pero felices por, bueno, el caos. Me agarraba la cabeza arrodillado y gritaba con todas mis fuerzas como queriendo detener todo, como creyéndome Dios y gritaba por ella, gritaba por mí, por las señoras cogidas de la mano, por los niños, por los obreros ya muertos, por un mundo artificial que se venía abajo así nada más. Nunca supe cuántas personas murieron en ese evento. Me tomó días salir de esa ciudad y terapias por años para recuperar mi cabeza que se había desensamblado después del terremoto. Nunca supe perdonarme por no encontrar las palabras correctas para dirigirme a la mamá de Mónica y ante la pregunta ¿qué se sabe de ella? responder 'nada, aún no se sabe nada'. Y el tiempo pasa y aún no sabemos nada.
Hubo un día en que el sol brillaba.
18 de febrero de 2013
Lunes 18 y dos
El agua brota de las uñas. Los gritos. La espera: de la cascada y de la mano en el grifo. No hay un dejar si el rastro de gotas no evapora, si el sudor de la tensión sala todas los mares y los ríos. Y los vasos de tu ausencia llenos.
12 de febrero de 2013
Lunes 12 con dos
Porque te pretendes el centro de la mesa. El plato fuerte. Porque te asumes el vino y la guitarra. Porque te crees todas las sábanas y cada música. Cada música. ¿Te has olvidado acaso que cuando dijiste ‘me voy’ fue el mundo todo quien de ti partió?
1 de febrero de 2013
30 años y 3 sonetos
Hoy Primero: mis primeros treinta años.
Momento que atestiguan es declive
de pelo y panza, de fuerza inclusive.
¿Hay hoy juventud ida por el caño?
¿‘Divino tesoro’? Divino engaño.
A dolores del cuerpo más proclive
es este hoy cazador y detective
de una bien tersa piel habida antaño.
He dicho tres veces 'hoy' porque duele
y duele tal vez aumentar la cuenta
que empuja sin quererlo cual pelele.
Cuento entonces ahora desde treinta
y el tiempo sigue y sigue, dele y dele,
empujando mi yo hasta los cuarenta.
Para continuar: algo moderado,
que de la depresión voy a la euforia,
y no hace falta ni un grito de gloria
ni hacer pensar que me quiero enterrado.
No hay en ningún momento nada dado:
viejo fracaso ni joven victoria,
la vida siempre es una trayectoria
y todo enfrente es un juego de dados.
Con los que a montones quiero, estar quiero,
no importa cuándo si nos coge vivos,
que nos coja, sí, encendiendo el caldero.
Estamos así en los años cautivos,
sin ver el camino al ser zapateros
de horizonte fecundo e ilusivo.
¿Me soy infeliz en este escalón?
¿Vendrá acaso algo que valga la pena?
Me soy feliz pues hay menos cadenas
y soy más yo con todo y resbalón.
Me iré, claro, a beberme hasta un galón
y a comer lo que una hambrienta ballena,
a esculcar lo que sobre en la alacena
y bailar con todos en el salón.
¡Quién dijo lágrimas y quién dolor!
Haber vivido es la mayor razón
para prender el fuego y dar calor.
¡Quién dijo incomodidad, picazón!
Si hay conmigo sobretodo valor.
¡Sobra aquí, señores, es corazón!
30 de enero de 2013
Miércoles uno y treinta
Se aproxima un negro infinito o al menos uno que parece serlo. La noche absoluta sin universo. El peso de toda el agua. Toda las capas materiales sobre el cuerpo. La singularidad o el destino. Mi peso.
24 de enero de 2013
Jueves dos con cuatro y 1
Fui yo quien abrió la boca y fueron tus palabras las que salieron. De tus ojos, todas mis lágrimas. Soy la piel debajo de tu piel y tú la sombra de mi aliento.
17 de enero de 2013
Jueves diez con siete
Unas lágrimas atascadas. Un trepidar de la nada. Gritos a la brisa y al smog. Sin razón se abren los ojos todas las mañanas con heridas que supuran todas las vidas y una única calma. El cuarto siempre está cerrado y el cemento aturde ahí afuera en donde las preguntas se olvidan. Duelen más los dolores cuando no tienen sombra ni nombre.
15 de enero de 2013
Martes 15 con uno
Sueñas muertos y sombras. Mentiras. Basura en espera de tu boca y ansiosa del filo gastado de tus dientes. Sueñas tu cuerpo en un pueblo sin escenografía. Y estás ahí: partiéndote, evaporándote, sumergiéndote, dejándome. Un sol que sin mañana apagado está.
10 de enero de 2013
Jueves uno con cero
Es cierto que dejamos y nos dejamos a cada segundo, todos los días. Es falso que nada olvidamos, que lo pasado todo recordamos. Queda siempre la duda de saber quiénes somos y en quiénes nos convertimos. Tu cuerpo todo es sobretodo mi abismo y mayor misterio.
7 de enero de 2013
Lunes siete con cero
Hay unas ganas de verte ya, no mañana. Hay unas ganas de olvidarte ya, sin ayer. Hay un plan de quererte siempre, sin sentido. Hay unos rostros presentes, sin tus ojos. Alguien que sonrié, y no es tu boca. Un espejo, una sombra, luz.
2 de enero de 2013
Kántaro.
Era pequeño. Se quejaba siempre solo y de algo que era imposible escuchar. Lo veía casi todos los días a eso de las cinco treinta cuando regresaba de la oficina. Me preguntaba por su edad. Pero como daba la espalda mientras le secreteaba a la pared, me era difícil saber qué tan joven o qué tan viejo sería. Tenía casi todo el tiempo una camisa a cuadros de mangas cortas metida entre el pantalón de pana con unos zapatos viejos color café oscuro que poco combinaban. De poco pelo, eso sí. Lo que, de hecho, era el único indicio de sus años y quizás también de su vida. No en vano se dice aquello de 'arrancarse los pelos de la desesperación'. Sin embargo, apoyado casi sosteniendo la pared como quien sostiene en fotos arregladas, miles de ellas, la torre de Pisa, era evidente que no la pasaba bien. Sus músculos estaban tensos, aruñaba la pared, gemía.
Pasaron los días, y pensaría yo que hasta los meses, y el chisme, la pura y física cotilla, y llegar siempre diciéndole a mi esposa, ve, ahí está ese man otra vez, en las mismas, cuchicheando solo, encorvado, quejándose, ¿qué será que le pasa? ¿Lo habrán abandonado? ¿Habrá perdido su equipo de fútbol? ¿Se le murió alguien? Mejor dicho, se me pasaba todo por la cabeza en un novelerío y drama barato o, bueno, para ser preciso se me pasaba todo lo que se me podía pasar antes de cambiar de tema y pensar en otra cosa. Sinceridad. Así es que, de tanto darle vueltas al asunto, me decidí ir a donde el portero, el guachimán que llaman, y decirle, ole, ¿y ese tipo qué? ¿Ud sabe algo? Y me dijo, sí, claro. Es el papá del papá de la señora de la esquina de la esquina. (Lo que ya me decía mucho sobre la edad del esquinero y del portero sobre sus problemas espaciales o con las esquinas). El señor sufre de no sé qué pero pues yo creo que está loco y punto. Habla solo todo el tiempo y cómo no: está solo todo el tiempo. ¡Sorpresa! Nadie lo visita o lo visitan para visitar al final otra cosa porque luego él se sale y se está solo. Pero fíjese, a mí también me generaba tanta duda, que una vez de madrugada, con eso que uno de vigilante poco tiene qué hacer sino vigilar y aburrirse y deprimirse hasta la muerte, porque por eso nos pagan, decía, un día tempranito a escondidas y antes que él llegara le puse una grabadora de esas de periodista con la curiosidad de qué putas es lo que hablaba recostado como en teléfono roto y como si la pared tuviera oído (y oreja). ¿Quiere oír? ¡Pues claro que quiero! Le dije con mis ojos abiertos cual requiriendo gotas. Al final, me dijo, yo quedé más perdido que el hijo de Lindbergh y no me solucionó nada y prefiero el parqués pero, la mera verdá', guardo la grabación porque con eso del YouTube pues uno nunca sabe qué puede resultar siendo famoso y popular. ¡Ay qué ver lo que a la gente le gusta! Ya se lo paso.
Por supuesto que no lo escuché ahí mismito. Me lo llevé a mi casa raudo y veloz y le prometí al vigilante devolvérselo al siguiente día. Mientras caminaba en dirección al edificio de mi apartamento, estaba ya él, todo él, su camisa, sus zapatos, su discurso, su espalda ahí, en las mismas con la misma...pared. Lo miré sabiendo que dentro de poco iba a ser capaz de entenderlo a él y su embrollo. Llegué a comer a cuchara rápida y quise, de pura güeva, evitar el tema con mi mujer hablando que dizque de la política de la separación de basuras en dispositivos electrónicos en los hoteles en cercanía de los desiertos para época navideña (de lo cual se menos ocho) para no levantar sospechas de que tenía esa grabación. Y otra vez, por supuesto, con su mirada de 'no me crea tan bruta' ella me preguntó que qué me pasaba, que era la primera vez que no hablaba del tipo ese y que eso era porque me traía algo entre manos. ¿Yo? Mucha güeva. Me figuró contarle todo lo del portero, de la grabación, de Misión Imposible y Holmes y ella, entre sorprendida y curiosa, me llevó de la mano al baño y nos encerramos apretujados en ese espacio de dos por dos con la luz apagada y con la rendija abierta. Ella se sentó en el sanitario, cruzó la pierna y yo me quedé de pie con el dedo sobre el 'play'. Click.
'El fenómeno, la cosa no en sí. Eso más allá-de pero que allá está. A eso que es posible acceder sólo si dejamos de ser nosotros y todos los demás y todo aquello que puede percibir. Hay un filtro que olvidamos: nosotros mismos. Estos cuerpos que buscan acercarse y tocarse y trabajar en conjunto y crear políticas y normas estandarizadas para movimientos grupales que cada quien siente diferente. Somos no sólo la percepción de nosotros mismos sino la de los demás sobre nuestro ser y parecer y el acumulado de todas las variaciones de esas minúsculas impresiones en el tiempo y en el espacio. Sobretodo en las circunstancias. Hay un mundo que es el mundo-todo sin color y sin sabor, con forma y materia pero sin textura. Hay conocimiento sobre nuestras ideas y nos queda apenas los cuadros que pintamos mientras existimos pero no sobre lo intangible, invisible, inaudible. Nada podemos saber más que el resultado de la inferencia de la estructura, del método que adaptamos. Si eso que ahí hay, que converge a sí mismo, en una serie infinita de subordinaciones no es sino el supuesto de su existencia, sólo es en supuesto, en abstracto, en la evidencia que señala a gritos un punto que ni siquiera está vacío de sí pero que está vacío de nosotros. ¿Cómo puede valer la sombra sin luz? ¿Cómo puede valer el sonido en el vacío? Se aleja todo a pedazos, se alejan los astros inalcanzables y las estrellas se pierden. Habrá una noche sin estrellas, un telescopio sin astros, habrá un universo negro simplemente, ahí presente, pero que ya no podremos seguir y nos sentaremos a vernos y comentar a los más jóvenes que hubo un tiempo en que habían cosas que se llamaban astros y estrellas y que existía el día y la noche y que todo afuera podía ser contado pero sobetodo comentado y danza a lo arriba presentado, música y cosmología poética. Y que ahí sigue: muy lejos, muy allá, como desaparecido. Y ellos, los más jóvenes, manoseándose entre las charlas, pensarán, pobre diablo, veteje de mierda, hablando de fantasmas y apariciones, de cosas que existen pero que no existen, de luces maravillosas y dizque calores no artificiales.'
19 de diciembre de 2012
Miércoles diez con nueve
Se callaron todas las voces. Las manos han sido atadas. Que se apague la lámpara finita y se resquebraje el vidrio de tus ojos. Que se agote mi sudor y se evapore mi último refugio. Marcas y rastros de una memoria rota.
15 de diciembre de 2012
De reojo.
Hay una soledad en esta ventana. Hay vidrios que reportan cuerpos caminando y camas vacías. Luces en las paredes de televisores prendidos que nadie ve. Un cuerpo que gira intentando atrapar el sueño sobre una alfombra rota y que ahora mira por su ventana. Hace el sol de las cuatro y la ciudad que está viva parece muerta. Entre estas paredes, metido en este cubículo con una puerta bloqueda por mis propias manos y la nevera vacía. Días en que el agua corre tonta y sola mientras me baño y entreveo mi propio reflejo en las baldosas. Percibo más las grietas que a mí mismo. Aveces canto. Aveces creo que cantar se asemeja a volar. Aveces bailo y camino y cuento los pasos entre cada cuarto y brillo descalzo el piso de madera esperando abrir un túnel invisible entre cada vivienda y hundirme bajo las vigas que sostienen este edificio viejo y gritar y gritar sumergido todo con la boca llena de tierra. Creo que la historia lo resuelve todo. Que recorrer con mi propia sangre la Reforma o los Templarios, quizás Al-Ándalus, la sombra de eso que llaman Lucy, el acero y la espada, el vapor que empuja, el aceite negro que apaga, creo que lamer todo lo escrito y tallado me pondrá en el camino de vuelta al tiempo y la entropía. Que me devolveré olvidando que soy y existo y me soy en esta hora en que me tocó vivir y vivirte. Empujar a Juana de su hoguera y dejar mi cuerpo abandonado entre esas llamas. Que sea ella quien se haga Santa y yo sólo cenizas. Me curo, cumplo la expiación de mis propias imágenes de cuando duermo o cuando te toco y nos tocamos y quiero que las rocas converjan en mí y ropan mis huesos, de cuando debo introducirme en vagones irrespirables sin luz y con el destino repetible de siempre, de todos los años, de todos los días, con la maldita e imparable rutina, con la carga de todos esos que se hayan a sí mismos fabulosos y sienten el deber de compartir su fabulosidad a gritos y empujones y de esos miedosos que quisieran no estar ahí y no tener que reunir siempre monedas y todos los días pensar que o esto o comer. Me sufro. Me desgarro desnudo frente al único espejo que puedo ver. No tengo esa piel que quiero vestir ni son esos ojos los que he deseado para ver. Pero me queda el equilibrio, el máximo desorden, el fin o cuando menos ese fin.
14 de diciembre de 2012
Viernes catorce con doce
Viernes que duelen. Viernes que arrancan y filtran entre heridas ya existentes cada rostro apacible, cada suspiro feliz. Queda un cuarto vacío y un grito. La sombra de algo que puede ser. ¿Cómo dar nombre a lo que avergüenza? ¿Cómo mirar el cuerpo herido, la voluntad mancillada?
9 de diciembre de 2012
Domingo nueve con doce
Vigilancia. Un punto rojo que desencadena todos los patrones de los cuerpos y sus sombras. Un rostro que te ve mientras duermes bajo las cobijas, entre las puertas, entre cada átomo e incierto corpúsculo de aire aspirado, de calle y avaricia. Cuando mientes. Pero no cuando te mienten. Cuando eres el engaño y engañado. Quizás cuando mueres.
7 de diciembre de 2012
Viernes cero con siete
Sólo soplas. Árboles que caen en las noches mientras las calles protegen borrachos dormidos y piernas desnudas. Horas que se filtran por entre ventanas sin ojos y aquellos cuerpos despiertos que cuentan y recuentan las manchas en las paredes. A medio andar saben que no andarán. Se harán una cobija de suspiros por esa noche sin sueño, por ese rato de insomnio.
3 de diciembre de 2012
Lunes tres con cero
Y paredes que te hiciste, cajones de risas apagadas. Aguas de olas enormes y futuras que acabaron la llama que tú mismo soplaste. Te disolviste en tu argumento y la luz blanca de tus ojos enfrentó el diamante y el chasquido. Apareciste entre los matorrales: tendido y sereno. ¿Por cuántas horas las nubes miras?
30 de noviembre de 2012
Viernes tres con cero
Rojas son tus calles. Grises siempre todos tus cielos. Nunca sonríes. Se te acumulan en tornados cada uno de tus gritos. Y nosotros, como piedras, como monolitos, a penas si te imaginamos. Acabarás primero cada cajita de oxígeno en este mundo, antes que yo decida abrir un ojo para no mirarte.
23 de noviembre de 2012
Viernes veinte con tres
Hay esas cumbias. Esos sones. Ese cuerpo tuyo como gaita. Y yo, que me bailo, te bailo y te bebo. Aguardiente por tus miradas y tu aliento. Maracas y bombos por cada vez que te me duermes. Por tus noches y tus cantos. Por este tu viernes.
22 de noviembre de 2012
Martes dos con siete
Mentir. Mentirle. Encontrarte en el camino que nunca debiste arrancar. Desalojar los juramentos de acero y despellejar todo pasado sonriente en que creíste fielmente seguir todo aquello que escupías. Las serpientes atrapan las piernas frías. El barro se seca. Y caminas: hacia atrás mirando. Le caminas y le pisas. Herido, descalzo.
20 de noviembre de 2012
Crédito
¿Cuánto alcance tienen los dolores?
¿Cuántas lágrimas quedan aplazadas?
Mientras jugamos,
mientras pretendemos que ya no es.
Mientras le damos guión a nuestras bocas.
En un teatro vacío de nosotros mismos.
Sin sonido.
Un día, así, con el mar golpeando las tiendas,
con el estruendo de una biblioteca que se cae,
con los platos que se deslizan de las bandejas,
con las ventanas rotas por un balazo que nadie espera,
con la madera vieja enfrentada a la humedad,
un día, así, se rehacen los mismos cuchillos y la sangre vuelve a fluir.
Ese momento cuando nos preguntamos por la dirección del tiempo
y si nuestro cuerpos -quizás ya no amados- se siguen en su único flujo.
Sufrir a cuotas.
Llamadas de lo que parecía que ya habíamos olvidado.
18 de noviembre de 2012
Domingo diez con ocho
Las calles gritan. Paredes sucias y pedazos de plástico negro. Caminamos como por entre la maleza y llueve. Hay un miedo que reivindica el suicidio de la razón. Hay sobras en los calurosos días y pantalones rotos en los fríos domingos. Alguien, sin embargo, sonrió.
16 de noviembre de 2012
Viernes diez con seis
Me debo enseñar, debo enseñarle a eso que es mi cuerpo exhausto. ¿Y qué es mi cuerpo frente a mi sangre y mi pasado? Partes amontonadas. Óxido y muerte. Se desprende de mí una vida que es la mía. Acostumbrarme debo a que te vas.
2 de noviembre de 2012
Excusa de comunicación
¿Se lo dijiste así nada más? Esas excusas que te inventás vos.
Bueno, hombre, es que no sé cómo decirle lo que le quiero decir.
¿Cómo así? Pero si la has llamado como un cuatrillón de veces en unas borracheras con el ombligo para el otro lado.
Pues sí, en eso tenés razón. Maldito aguardiente. Pero ve, dejame te lo leo. Pero eso sí, ese día se lo canté.
¿Lo cantaste? ¿Vos cantás? Digo, ¿no sonás a gato bañándose?
Pues no sé, pero cuando canto me llaman de la portería al citófono con 'recomendaciones' de los vecinos.
Te creo. De amigo me bastás pero de vecino...ufff me pido no.
¿Me vas a dejar leértelo?
Sí, dale. Pero esperate mientras sirvo agua que ¡ay mi madre!
Listo pues. ¡Y dice!
'El tiempo ajusta sus medidas, la noche aguarda la mañana; el sol, su salida.
Está cerca y ya viene. Llega callada, furtiva.
Trae consigo una sonrisa y guarda en sus brazos una añoranza.
Confirma en mis pasos una esperanza.
Viajo por estas letras y a través de tus ojos doy forma a mi presencia.
Te abrazo, sonrío por los años que hemos compartido
y dejo en la distancia un suspiro por aquello que juntos hemos vivido.
Somos amigos. Lo hemos sido siempre. Siempre lo seremos.
Celebrarás un año más de andanzas
y experiencias en este camino que desconocido creemos
y junto al viento que nos abriga en la jornada
o el agua que aminora el cansancio,
junto al cielo que nos guía o la compañía de una luna amada;
más allá están mis manos abiertas que se extienden entre la arena,
frente a ti ha estado, sigue mi voz entre la niebla: febril, serena.
Seguirán con las estrellas de este viernes un ciclo más que la vida nos ofrece
y que finaliza para ti con el próximo amanecer.
Un ciclo nuevo que inicia, uno que crece,
uno que empieza a crecer.
Hoy es ocho, mañana es nueve.
Entrarán las luces por mi ventana
y sabré que son las mismas que se filtran por la tuya.
Ellas despertarán tus ojos y los míos,
despertarán tu vida más allá del sueño
y celebrarán contigo y conmigo que cumples años
y que los festejas ahí, en tu cuarto, junto a mí, a mi lado.'
¿Y entonces?
No jodás. Casate conmigo.
16 de octubre de 2012
En sobras
Who can this night save me from all what I see inside?
From what I can create, who can provide me shelter?
There’s someone who’s not me but me and who I can’t hide.
Hidden from the light it was and now I can read it as a letter.
No symbols written or any code has been on its paper applied.
I read with him and we knew each other while reading together.
Vanishing all that is myself so do my hands while getting tied.
There is just no more me (or one me and I) who is him forever.
I've tried.
I've died.
For the better.
26 de septiembre de 2012
¡Miércoles!
En mí alumbra la sombra de un engaño.
La sombra de ya jamás una mentira.
Dejando las tristes sombras de la ira
en el reflejo de quien es un extraño.
Tantos sueños que prometiste antaño.
Dijiste ‘un paraíso que suspira
músicas suaves al son de tu lira.
Tierra sin armas, heridos ni daño’.
Fue sino dejar en mí fluir tu río
para que zarpando apenas el barco,
la pura agua fuera moco de crío.
¿Me dices ahora que fue por parco
que me metiste en tu intangible trío,
un agua sucia de tu sucio charco?
No sé si quererte es ya suficiente,
no sé si perdonarte acaso basta,
no sé si te mantienes cineasta,
o si es todo esto fatal ingrediente
del veneno mortal de la serpiente
que atesoran todos los de tu casta,
esperando embadurnarlo en una asta
y clavarla un día así suavemente.
¿Acaso me miras y te arrepientes
o es todo esto un actor y su charada
y soy yo un ingenuo cliente sin dientes?
¿Acaso te sufro a ti a cucharadas
y tú por mí quizás ya nada sientes
ni es finalmente tu hogar mi morada?
10 de septiembre de 2012
Era sólo un vino.
'La fiesta que si no es de madrugada no fue de noche.
Que sin trago que encienda, no hay en el cielo un coche.
Que hace del vómito en la mesa el dorado broche.
Ay quejarse siempre.
Ay siempre quejarse.
Y aparentar que un día estamos contentos.
Y decir sin embargo que de la desgracia nadie está exento.
Que mierda es todo. Y hasta la mierda es un invento.
Ay quejarse siempre.
Ay siempre quejarse.
¿Qué me queda? La distancia.
¿Qué dejo? La vagancia.
La ignorancia y la arrogancia y la abundancia de todo y que nada funcione de verdad sino todo a medias en esta tragedia barata de enciclopedia de bus y un cantante de Jesús y como para que rime, de ese, humm 'virús' y que canto y que lloro de tanto en tanto a ese voltea'o santo en medio del llanto y el quebranto de mis sombras y la noche fría sin manto y ¡el camposanto!'
'Ya pues, matate pedazo de idiota. ¿Qué es lo que hablás? No pues, ahora de payaso a poeta. Ve, no me jodás, pasate otro guaro que estoy que me bailo. Mejor dicho, ponete alguna de esas que sonaban en los colectivos cuando llegamos a Bogotá. De las de 'viejitas pero sabrosas'. Una salsita que va o un merengue de esos de 'cachete con cachete, pechito con pechito'. Hoy amanecí o, bueno, se nos hizo la noche con ganas del pasito tuntún y de beber hasta que el ombligo se pase para el otro lado y dejar la güevonada de estar tratando de arreglar este mundo de mierda que mejor se arregla bailándolo, o se desarregla emborrachándolo. Se me quedó esa frase vieja de que 'el trago no te da la respuesta sino que te hace olvidar la pregunta'. Y ya estoy mama'o de hacerme preguntas pendejas y tener que madrugar todas las mañanas con la puta preocupación que quizás sea la última levantada y que debo salir a meterme en ese tráfico de sardinas empacadas, de canguro con trillizos a respirar a medias y cansarme subiendo porque no hago un culo de ejercicio y duermo y hago pereza y como mal y fumo. No, es que hay algo equivocado con vivir, ¿no te parece? Upa, no. Dije que no más preguntas culas. Mejor dicho, caminá hacemos lo de 'a la derecha, a la izquierda' mientras me contás qué pasó con es nena que se fue a los Niuyores, ¿o era a los Mayamis?, no sé, esa vieja con la que te metiste y que era casada pero putamente infelizmente casada con ese man, que bien feo si era, pero ya, es que cuando se tiene plata, la belleza se diluye, ¿no? Como ahora que te veo a vos hasta chusco. ¿Por qué era lo de grillero? Ya ni me acuerdo de eso. Esa vaina no tenía sentido. ¿No? ¿Y es que acaso con ella no te manoseabas en el carro mientras la llevabas a verse con el ahora marido entonces prometido? Ay qué ver cuan imbécil se puede ser. Y no él. Sino vos que te metiste en un paseo tan jodido para que luego te dejaran montado en la burra sin más y ella se fuera en plan chévere a viajar el mundo y vos acá chillándola y yo mamándome tu quejadera. Cambiá eso que suena mal. ¿Eso no era antes una balada de las de pop? Qué manía tan desesperante que le cambien el ritmo a las vainas. Si era para llorarla, ¿cómo puede ser que ahora sea para zandunguearla? ¿Para sacarle brillo a la ebilla? ¿Hebilla es con hache? ¿Para azotar baldosa? ¿De dónde se crean esas frases que todos repetimos constantemente? Me pasa ahora cuando voy a comprar comida que escucho a los del colegio de aquí a la vuelta hablar y ¡no entiendo! Maldita sea, antes no entendía a los viejos con lo que me parecían palabras rebuscadas y ahora no entiendo a los pela'os de 15 con palabras que parecen sacadas del culo. ¿Es que se trata todo de eso? ¿De no entender? ¿De permanecer confundidos? Como medio ebrios creyéndonos felices porque se nos antoja que es mejor o porque ya nos aburre la quejadera a toda hora del que amanece con nosotros y se acuesta con otro. Ay no sé. Hasta los desesperanzados me parecen salidos de un rialiti de la televisión y los optimistas de algún culto de los que tienen avisos pegados en los postes de la luz eléctrica. Pillá todo lo que podemos hacer mientras bailamos. ¿Bailamos? Ah este hp se durmió.'
24 de agosto de 2012
Tangente.
Al mismo tiempo y en el mismo lugar. La ubicuidad. El pertenecer. El desaparecer. En un mundo que creemos determinista, en donde no dudamos que el tiempo es apenas una línea en donde lo que viene ha sido predispuesto por lo que ya pasó, en ese entorno en el que armamos reglas y reglamentos, políticas y estrategias, cuadros de entradas y salidas, indicadores de impacto y herramientas de monitoreo, evaluación y análisis, en esa misma casa en donde nos miramos frente al espejo olvidando que ese ahí no soy yo sino una representación de mí y que yo soy una representación de mí mismo, de la forma en que he configurado la participación en mi realidad y en las realidades en las que participo cuando de mí se habla o, mejor, cuando soy el percibido. No puedo sino escuchar mis pensamientos y no sé si los demás escuchan los suyos (quizás algunos los míos) y ¿en qué tono? ¿en qué idioma? ¿cómo bailan tus palabras, de qué forma pronuncias las frases y argumentas tus miedos cuando te hablas? El universo está en soledad perpetua minutos antes de tú dormir. ¿Un cuerpo abrazado a ti? Abrazas un cuerpo en donde la dureza de la piel es apenas una imagen fugaz de algo que no está. No puedo no estar aislado y huir de mi existencia y al mismo tiempo existir. Soy vacío de materia, soy una energía condensada que se deshace entrópicamente degradada en una ciudad que identifico propia y de la que casi todo desconozco. A nadie conozco. A unos cuantos. Es inexorable el paso de este río. Se evaporarán las estrellas y consigo un Todo de formas definidas. Me evaporo y me miro y me miro y no puedo aceptar que deba lo inevitable ser aceptado. No puedo tomar como propio lo que no puedo negar como extraño. No es la infelicidad, es la extraña certeza de tener esa certeza. Y la incertidumbre. Y el miedo. Los códigos y todas las metáforas. Tus analogías de señora vieja, de hombre que camina, de niño que juega, de mamá, de papá, de hermano, sobrina, cuñada, amigo, vecina, extraños seres fuera de este cuarto y más allá de los límites ciertos y hasta de los inciertos. Tus fantasmas y representaciones de creer que puedes opinar y tener razón. Que vale y es necesario aveces escucharte, quizás amarte. Yo invalido toda existencia y le echo el lodo de la condena de hielo a toda presencia. Nada me saca de mí: ni siquiera la ausencia. ¿Paciencia? No. El futuro es uno y es un no futuro.
6 de agosto de 2012
De tu música
Y dejar así que las notas suban y bajen y tracen los senos con todas su curvas distantes de radio viajando por el espacio y todos los valles verdes y cadenas de montañas cubiertas de nieve y vida en la sombra de un planeta lejano allá en donde rojos son los caminantes que esperan ser filmados para las sombras de la posteridad humana perdidos en el miserio infinito del barrio inmenso que se avecina lleno de galaxias y nebulosas y perfumes y un cuello redondo que baja por tu cuerpo y por cada racimo que de ti pende en la llamada de una lengua sedienta o de un cascada tibia en la que puedan sumergirse y enumerarse todas las fotos de piscina de una mañana de domingo de una niñez ya perdida y sumida en una vejez de retratos fortuitos de gente ya olvidada de puertas y decoraciones y mesas de centro.
Dejar así que sea la música que escupen las ranas y que soplan las tubas por los túneles de gusanos de seda confeccionando vestidos eternos de redes y torturas e historias de guerras y espadas y una ánfora de agua contenida en la mitología cayendo en la cabeza del dios del futuro y dando en el golpe de un gople el pie al sonido que empujará a la muerte a todas las miradas de noche y nostalgias de todos aquellos que un día se perdieron en su propias ropas y se encontraron así sin más como escrito en la sangre que de todo nada quedará y que sólo hay esa mirada tierna de alguien a quien llamaron 'tú' y que tiene en infinitivo cuando no ve y que sólo hace el presagio funesto de un vacío lleno de preguntas vibrando en el silencio y purismo del secreto infinito que callan todas las bocas y que no saben lo que callan y que soplando abren el camino paralelo a un Todo de corpúsculos y átomos arreglados en fórmulas distintas y leyes de vida que conformen un 'yo' que no exista o un 'tú' que ya existió.
Porque existes. Si existo yo.
Y nada debe tener sentido en estas letras. Excepto tú.
Me cargo confuso. Excepto tú.
16 de julio de 2012
El verbo caos
Y vio cuanto porno pudo. Drogado, borracho, en las mañanas pero sobretodo en las noches facilitando el proceso (by) al traer el pael higiénico, todo él, el rollo completo al lado de la mesita de noche con retazos previamente cortados optimizados con el uso y la experiencia a la cantidad precisa y necesaria. Particularmente le gustaban los videos muy ficticios en donde eran marcianos o marcianas o híbridos y abducciones azarosas con una nueva modalidad de placer y dolor, o dioses del Olimpo y Asgard y Baal o el que cayera, o zombies. Éstas últimas eran claramente sus favoritas: las de zombies y su movimiento lento pero constante, su persistencia sin sentido, su afán parsimonioso de movimiento sin razón y sin objetivo. Las había visto todas y se dijo, ¿por qué no mezclar esas dos pasiones? Ahora con la moda de los mash-up en los que suena la voz de la una con el piano del otro, ¿por qué no el gemido del uno con la sangre sin vida del otro? Sonaba apenas natural. Así, se dedicó horas eternas, suspendido en escenas y posiciones casi imposibles, en eventos virtuales orgiásticos entre tantas y tantos al mismo tiempo, en cámaras baratas y grandes producciones. Hubo una en 3D, sólo que la falta de gafas y el portátil barato, no dejaron entrever más profundidad que la ya muy evidente propia del sudor y que era como del -o del algún otro- mundo. Como de esa tierra caliente de cristales de donde viene Súperman o Linterna Verde mientras se dan un vueltón jugando Escondite Inglés con la Mujer Maravilla o hasta entre ellos con besos franceses y chupadas en donde el sol no quema. Amontonando días de video descargado de la red, memorias de las chiquitas con megas y megas de piernas y culos, revistas, cuentos que ni el trópico de un cangrejo ni Saló en el salón, se le ocurrió que era momento de coser. De hilar alas de mariposa en alambres de ganchos de ropa uno tras otro como esqueleto de la cometa y cubierto en colchas de retazos con las fotos y revistas y portadas e imágenes impresas de todos los videos vistos. Quería desnudar todas esas pieles en los cielos y nubes grises y días soleados. Con la paciencia y frustración de quien se enseña lo que hace y califica lo que se enseña, destinó más días para configurar el objeto volador que los se gastó grabando sus propios gritos con el celular en cada escrutinio pornográfico. 'El objeto volador'. Esas palabras se le deslizaban de la boca cada tanto sin darse cuenta con el mismo reflejo innato que lo hacen los ojos al cerrarse o los dedos al moverse mientras se habla. 'El objeto volador'. O el que él llamaba volador, realmente no sabía si funcionaría para volar, qué volaría o si lo pondría a volar siquiera. Lo importante era acercar la adicción a la herramienta ésta para la cual la presión inferior sería al final más grande que la contraria soplándola arriba, derecha, arriba, izquierda, al horizonte estelar sin direcciones ni cartesianos. Tras los dedos con ampollas, las lágrimas de tanto enfocar, el alambre enterrado en las palmas, el hilo que le cortaba las encías (no tenía tijeras efectivas), tras casi morirse de tanto pujar con la cabeza las ideas, un buen día de Julio al finalizar la mañana, acabó el transformer. Se vio en una epifanía vestido con él, ya no para el perro ni para el vigilante ni doña Margarita la de la tienda, ni para nadie más sino para él. Decidido se metió en medio ubicando los brazos en las dos primeras alas de la mariposa multicolor agitado en un acceso de tos por lo que ya veía venir. Se dirigió tambaleando en dirección del balcón del piso 15 del edificio 4 del conjunto B, su apartamento, su cárcel de llave en billetera y empezó a agitarse, primero despacio para entender el mecansimo en que el viento, como fluido turbulento, se deslizaba entre las formas y los materiales y su fricción y su temperatura. Fue aumentando la fuerza cambiando conforme lo hacía el véctor celeste. Las dos alas iban moviéndose empujando, por un mecanismo de poleas y piñones, las otras 4 que hacían a la capa invisible romper el hechizo gravitacional despegando sus pies descalzos de las baldosas. Suspiró pensando en Dédalo e Ícaro, suspiró pensando en las estrellas del porno que se habían sacrificado ingnorantes por él, por los zombies y los virus, por la epidemiología y esos humanos de bocas hambrientas que habían mordido alguna vez sus nalgas, pero sobretodo suspiró -gritando seguido- por Poincaré, se dijo que era momento de él empujar desde sus entrañas la tormenta que estallaría en Japón o en las Filipinas, que era momento de ser él el dueño de la llama inicial del orden y los patrones, de las formas inusitadas de las bandadas de pájaros y de los videos retroalimentados, del caos acumulado en lo improbable, en las variables definidas y pintadas de resultado impredescible. Empujaría su ser tangible la última revolución sexual. Sólo necesitaba todo el tiempo del mundo, o al menos el tiempo suficiente para poder reducir a apenas un cubo pequeñito de realidad somática, el evento casi imposible. Supiraba rogando pues con la verdad entrópica tatuada en las pupilas se decía en susurros que: 'de ese tiempo me resta apenas una vida mía por vivir'.
27 de junio de 2012
La barcaza y la Colombia de a 20
Tu sangre es hoy toda la roja sangre viva del ancestro africano.
Hija en todos los tiempos del tambor, la flauta, la noche y el desierto,
del ardiente trópico húmedo como de su primer verdoso grano.
Llevada con hierro forjado fue tu historia a la mar y a todo puerto,
embarcada así por oro y fuerza en la caravana de la colonia.
Lo supiste como lo sabes. Con los españoles se fue encubierto
el desfile austero y fatal de quien llora toda última ceremonia.
¿Qué sientes tú que fuiste y eres en el amasijo de esta amalgama?
¿Hay para todos un mismo cobertizo con una misma coraza?
El fuego del pasado arde contigo y conmigo está tu ardiente llama.
Ah mi Nueva Granada que aquél día te vio llegar así desnudo
a sacar de los campos y de la tierra la azúcar que no era tuya,
a querer hacer de tus signos y tu madre lengua apenas un nudo,
forzándote con puño y cadenas a entonar el primer aleluya.
¡Fuiste pies y planta del ritmo de todo aquello que me soy y canto!
En las alturas con tus alpargatas de algodón, de fique y cabuya
lavaste el tosco ladrillo, la dura piedra y untaste el calicanto.
¿Qué sientes tú que fuiste y eres en el amasijo de esta amalgama?
¿Hay para todos un mismo cobertizo con una misma coraza?
El fuego del pasado arde contigo y conmigo está tu ardiente llama.
Soportaste como esclavo creando de la desdicha un cimarrón,
orgullo del viejo Espartaco que no vio los cimientos del palenque.
Pusiste ahí con la cumbia y con la marimba en tu cabeza un jarrón
y que ahogaba en lo más hondo la falta de ritmo del criollo enclenque.
No llegó a las Américas con la espada y ocaso de Napoleón
mas que otra palpable forma evidente del miedo ciego y su rebenque,
mas que otra forma de engullirte vivo en el invisible Panteón.
¿Qué sientes tú que fuiste y eres en el amasijo de esta amalgama?
¿Hay para todos un mismo cobertizo con una misma coraza?
El fuego del pasado arde contigo y conmigo está tu ardiente llama.
Estabas entonces en un conflicto esencial con todo dueño blanco,
estabas entonces del lado callado de todo cuerpo oprimido.
Mientras Haití en el norte se bebía su libertad en el barranco,
tú creabas mágicos códigos secretos con llamas y silbidos.
Entretanto se escribió en el diecinueve la aparente Independencia
que al final no te trajo sino un apaciguamiento ya conocido
y quizás también el sueño de que Yanga compartiera su cadencia.
¿Qué sientes tú que fuiste y eres en el amasijo de esta amalgama?
¿Hay para todos un mismo cobertizo con una misma coraza?
El fuego del pasado arde contigo y conmigo está tu ardiente llama.
Ese mismo siglo vio nacer empapada la palabra mestizo,
contenedor de todas las aguas históricas en la misma taza.
Ese mismo siglo vio a Martí hallar en las pieles espejo postizo
al escribir que “no hay ningún odio de razas porque aquí no hay razas”.
La Gran Norma de Núñez se abrió camino con la rojiza alborada
y que no desató al ciudadano ni te aflojó mucho las tenazas,
empezando nuevamente el estribillo de la añosa mascarada.
¿Qué sientes tú que fuiste y eres en el amasijo de esta amalgama?
¿Hay para todos un mismo cobertizo con una misma coraza?
El fuego del pasado arde contigo y conmigo está tu ardiente llama.
Los Mil Días con su Guerra expulsaron a tu cuerpo de los terrajes
levantando en el Cauca la resistencia de Cinecio, El Empautado,
para encaminar con Córdoba el Chocó al estrado de corbata y traje.
En la perdida aldea se alzaban en lucha los tuyos enlutados;
por todas las promesas de cal y arena y todas las nubes errantes.
Llega con la reciente norma de normas un nuevo juego de dados
que se ha mostrado hasta este sol andino cojo, sordo e inoperante.
¿Qué sientes tú que fuiste y eres en el amasijo de esta amalgama?
¿Hay para todos un mismo cobertizo con una misma coraza?
El fuego del pasado arde contigo y conmigo está tu ardiente llama.
Recuerda señor mío hoy el horizonte y tú el mañana bella dama.
Que la ventisca seca la lágrima turbia y afloja la mordaza,
filtrando luz de esperanza, aclarando el más venturoso panorama.
Navegarás de vuelta hacia tus sueños nostálgicos en la barcaza.
¿Qué sientes tú que fuiste y eres en el amasijo de esta amalgama?
¿Hay para todos un mismo cobertizo con una misma coraza?
El
fuego del pasado arde contigo y conmigo está tu ardiente llama.21 de junio de 2012
Un plan
"No solo importa cuan efectivo es el resultado sino el conocimiento sistemático de cómo está hecho" se repetía a sí mismo.
'El punto finalmente es que todo experimento valioso pueda ser replicado en multitud de ocasiones y oportunidades guardando el contexto de cómo se hizo y para qué y que la comunidad científica -y hasta la no científica- pueda modelarlo nuevamente y para siempre hasta el final de los tiempos. Que ese mismo resultado les permita a varios hacer esas caras de ajá, sí, claro, mano que estrecha otra mano de satisfacción y hasta orgullo porque sí, en efecto, la cosa funcionó, y abrazos de fraternidad intelectual porque sí, no cabe duda, la joda esta da si se le mira por abajo y por debajo, por arriba, de medio lado, en diagonal, con pendiente de 45. ¡Funciona! Le funcionó a un sinfín de los muy-muy, estrellas faranduleras de la ciencia y la matemática, aunque, bueno, la matemática es otro parche, de verdad es que es otro maní, mejor dicho, es otro cantar porque ahí no se trata de amontonar datos y datos ni hecharle número a bases de información puesta gota a gota en espera de que la conclusión estadística sea la esperada, al contrario, el 'cuy' del trabajo es montar teoremas en caballo y que se demuestren infaliblemente. Pregúntenle al Fermat que le jodió la vida por décadas a una fila de güevas hasta que pin, salió el que con papel y lapiz, como todos, encontré el arito rojo. Chistoso, por ejemplo, andar con lanza mental y con ojímetro a la caza de esos neutrinos de mierda que como divas sólo sacan un dedo de cuando en cuando -una única vez cada miles de años- entre cúmulos enormes de hielo en donde fácilmente podrían caber todas las ballenas azules del mundo. Pufff el suicidio, la inutilidad y la paciencia infinita de sentarse a ver el pasto crecer, y digamos, verlo crecer en cámara lenta. Pero como hay gente pa'to'o pues yo también'.
En esas, con las manos aún rodeando el cuello ya rojizo por el estrangulamiento en esta noche de jueves y grillos, en la soledad varias horas río arriba de un terreno inmenso como Alemania cubierto de árboles y matas y maleza, habitado por no más de un centenar de personas de otra lengua y otro origen, se dio cuenta, como en un chispazo de Eureka con bola de fuego 1604, que su plan minucioso en este caso en particular tenía un pequeñísimo incoveniente: el resultado no podría ser practicado nuevamente, no habría nunca una oportunidad más de poder analizar el objeto de su interés ni de seguirle sus pasos. Nunca en lo sucesivo habría cómo nuevamente medirle cada uno de sus encuentros y formas, cada una de sus expresiones. Su voz, sus maneras, las redes de su aleatoriedad. Descubrió en la fiebre y en el mar de su pesadilla de carne y hueso que esa apretujada carne sólo pertenecía a ese hueso roto y que sólo se podía, como aún sólo se puede, 'perseguir, diagramar y matar un cuerpo amado una única vez'.
4 de junio de 2012
Siguiente.
Y es que no va a ver un sitio disponible para él sino el sitio ocupado que nunca va a ocupar. Se quedará observando todo ese círculo cerrado al que no va a pertenecer. Rosca y anillo de alianza, club secreto que ignorará para siempre. Rasgando la puerta de entrada. Intentando mirar por entre las rendijas y los matorrales. Perdido en un cúmulo de frases y códigos ininteligibles. Armado de diccionarios en línea, en físico, en rombos verdes y azules. No le queda de otra que aceptar que ya no está. Que acaso si estuvo, es hora de dar la media vuelta y retornar a ese campo de luces en donde pelean caballeros dorados y las armaduras se enlazan en un sueño de comedia y de divinidad. Le queda por destino un aro de arena ardiente que tiene su nombre solo para él, para gente como él, para quienes ya fueron tasados tal cual como él. Habrá de sumergir sus penas y dolores y lamentarse hasta que el Todo supremo de burbujas universales se encoja entre un Kelvin infinito y se expanda con el frío absoluto separando átomos y corpúsculos. Sin más, la silla vacía de él siempre ocupada de ti.
23 de mayo de 2012
Famosos hocicos
No, hombre, no. No te podés sólo quedar viendo por la ventana esperando que alguien venga y te salude. Menos si te escondés detrás de la cortina y apenas dejás ver un ojito café, de noche y cuando llueve. Está bien, ya estoy exagerando. Pero apuesto este hueso carnudo mío a que tan lejos de lo que te pasa no estoy. La verdad es que entiendo que sos tímido y que te afana que te hablen y no tener qué decir pero no cabe duda que más allá de esa sala debe estar quién quiera acompañarte a dar un paseo saltando líneas en los andenes del cemento. Un personaje por ahí de esos que lanzan cosas y te conversan como si te importara el tema o como si acaso pudieras entenderlo. ¿No te han dicho alguna vez bebé? ¿Niño? Claramente ninguna de las dos. A mí, debo decir, me molesta que me confundan o me quieran hacer parecer uno de ellos. No es cierto. Nosotros somos lo que somos. ¿Qué se creen tan interesantes como para quitarnos nuestra descripción milenaria para adaptarnos a la de ellos? Me pido 'no'. Voy por el 'gracias pero no, gracias'. Pero bueno, me fui por entre las ramas. Hablábamos de tu dizque tristeza. Ok, ok. Hablamos. En presente y aún no en pretérito. Pues bien, la verdad es que yo pasé por cosas similares cuando descubrí que además de patio existía en ante-jardín lleno de flores y un camino cual atajo a la calle cuarta en dirección al centro de la ciudad. Deberías ver esos museos casi llegando al Morro. Llenos de árboles para recostarse y darles vuelta y dejarles una marca. Uno piensa, ¿de tanto territorio marcado, aún queda territorio por marcar? Yo creo que sí. Yo creo que en ese entrecruzamiento de amoníaco queda visto que hasta para nosotros la globalización es un hecho. Pero vos, que te la mantenés de la cocina al patio, del cuarto y la cama al baño y el sanitario, vos que no hacés sino jugar a onomatopeyas humanas debajo de las sábanas, vos que sólo se te ocurre aparecerte cuando te dan pan y te lanzan un pedazo de carne como a una foca. ¿Es que te creés una foca? Habrese visto tal absurdo. Vos que no hacés sino mirar poniendo tus dos patas en ese vidrio esperando un no sé qué para no sé quién y nunca sabemos cuándo, vos, este vos al que veo oler la rendija inferior de la puerta para sentir el día y sus vientos, que no te has pillado que las redes sociales nos pertenecen a nosotros también, mejor dicho, ¿ vos me venís a decir a mí que lo único que te enseñaron para manifestar inconformidad y pereza y modorra y furia fue a ladrar?
14 de mayo de 2012
El Acomodador y la Nueva
Luego de tan larga perorata que se decía a sí mismo mientras acomodaba uno de los detergentes para ropa de color en el pasillo tres de la sección de aseo, se decidió a continuar con las cajas de cereal. Era un día feriado en el que tuvo que reemplazar a la Nueva. La tonta hermosa que, por más hermosa y nada tonta, seguro estaba durmiendo justo en ese momento con un alguien que él quisiera ser. Se decidió a hacerlo en espera de que su sacrificio al menos le diera la oportunidad de decirle a ella: "de nada, cuando quieras". De mirarla a los ojos. De permitirle gastar en ella por lo menos la mitad del salario mínimo que recibía mensualmente y que no le alcanzaba ni para olerlo. Eran ya las cinco de la tarde. Sentado en un banquito diminuto para su gordura, miró por una de las ventanas enormes del súper mercado hacia la calle 53: el cielo estaba gris y las calles, o esa calle, estaba solitaria. El cemento estaba quieto y no temblaba siquiera por la proximidad de un bus articulado. Empezaba a llover. De sus ojos, que le picaban por el polvo de los cartones, se deshidrataba un mundo solitario. Se evaporaba de arriba hacia abajo una laguna azul en la que flotaba un futuro ahogado.
7 de mayo de 2012
La última
27 de abril de 2012
Cuántas
22 de abril de 2012
Aislar
De una luz que quemara mi rostro.
De un sonido que invadiera el aire que respiro.
De un espacio finito que pudiesa palpar.
Me dejaste en un cuarto cuyas paredes son mi propia piel.
En donde estoy conmigo y a nadie puedo hablar.
Me desaparezco sin saber si sigo vivo.
¿Cómo doy cuenta de mi existencia?
¿Qué podría indicar el punto de mi yo en un aquí y en un ahora?
El encierro y el olvido.
Una noche infinita sin estrellas en el infinito temporal es ahora mi universo.
Pequeña área sin registro que navega inúltimente mi conciencia
intentando dar un mapa físico a esta cama en la que me recuesto.
A este piso y esto que parece una puerta sellada.
Siento que me encuentro entre la intersección de vivir y de estar ya muerto.
Y retorno a mi memoria y alguno de mis sueños
buscando el reto del oasis inasible
que aparece en este desierto de penumbra absoluta y silencios.
Me atacan mis nostalgias.
Suena un piano y una flauta.
Las orquestas todas retumban dentro de mi cabeza
acosándome por renacer más allá de mi cuerpo.
Un pitido constante,
ruido acumulado de todo aquello que pudo sonar en mi pasado.
Me acosa y me persigue y no puedo sino golpearme
contra las paredes rogando por orden sonoro o de nuevo filoso mutismo.
Mi mente busca manifestar a sí misma el mundo.
Crear un saco de señales en el cual pueda introducirme y asfixiarme.
Y se detiene y vuelve. Me despierta cuando estoy despierto.
No sé cuánto tiempo ha pasado ni cuanto habrá de pasar.
Ahora puedo ver luces en esta ceguera inducida.
11 de abril de 2012
En segunda persona.
Ahí en dónde está mi yo cuando soy los ojos de un ser que mira mi cuerpo.
Separado de mi carne, juzgo el acero filoso sobre mis venas en un brazo que no me pertenece.
Ausente de esta escenografía en la que he estado siempre inmerso.
Acaricio a dos palmas mi espalda.
Pues es este yo el que toca mi piel y esta piel ajena que toco.
Me he puesto otros ojos y otro espejo.
Y con ellos un yo que elude los sonidos y las carnes que sostengo.
He visto cómo ver en otro rostro
y me he visto sentir en otras manos.
Toqué mi labios con otros labios
y me sentí besado por mí.
Converge en cada yo dos mundos
que se diluyen en un sistema.
En una estructura de sensaciones
a las que yo llamo yo.
Hubo un instante
en el que el reflejo de mí mismo
era alguien más.
Y la conciencia de mí ser no existía.
Hay un ahora que cree decidir el disparo
cuando eso otro que también me abarca
ya ha optado por disparar y a qué
y el porqué.
Eras tú quien poseía en ese entonces.
Eras tú quien sostenía el arma.
¿Fueron justo ahora tus labios?
1 de abril de 2012
96
Soy este murmullo que grita.
Este río que se apaga.
La sangre que fluye de la herida.
La cabeza rota y la fruta amarga
Hay dolores ajenos que me pisan.
Mientras tanto,
me callo atrapándome en una sonrisa.
Todas las noches mientras dormir intento
aparece la penumbra afilada
y me escondo bajo el peso de la piel
y el párpado.
Y ahí te escucho, que llegas y arrancas mis nervios.
Y los estiras.
Porque no me queda sino este adentro
en donde el cuchillo y el diente habitan.
Hay dolores.
22 de marzo de 2012
Memoria sistemática.
12 de marzo de 2012
Durmiente.
De esos rostros que veré. De esos espacios sin sonido y paredes huecas y corredores sin fin. De sombras en donde todo es borroso y complementan huecos y pinturas a medio hacer. Superpuestas siguen las sensaciones en mi piel. Allá aún te siento.
Anoche me saludaste y es ya tu cuerpo y voz el globo perdido en el horizonte que alumbra con gasolina las estrellas en el fondo. Me hablaste y me dijiste que volviera a las tres. Quizás porque aún creo que tu humanidad existe en este ahora. Quizás porque no hay otra manera de existir sino creyéndote. Y ahí, en ese bar en donde hablamos y en donde no se me explicó cómo debió montarse esa realidad, tus amigos eran otros. Luego fui conciente. Un mundo lúcido se me vino en un chispaso y me dijo que todo esto bien no podría ser y era momento de retirarse sin despedirse. Te quedaste trabajando y yo vi de civil, mientras salía por el ascensor, al vigilante de mi edificio.
Cuánto temo de las imprecisiones. Y ahora es el pánico de dormir el que asfixia.
26 de febrero de 2012
Quien se preocupa.
10 de febrero de 2012
Del azar.
Con el pedregoso camino nublado y perdido que parece de oro o podredumbre.
Empuja empero el miedo al vacío de toda esta desconocida muchedumbre.
Que sin saberlo es presa inevitable del afán del futuro. Inocua servidumbre.
Dejándonos así el cansancio, el hambre y la lejanísima visión de la cumbre.
Es que son todos los destinos hijos expulsados de un padre impreciso y aleatorio.
Pues la tarea es ya vivir y nada saber y nunca adivinar en un mandato obligatorio.
Dormir y despertar en la sensación perpetua de reposar en un reformatorio.
Pidiendo, a quien creemos nos escucha, heridos de rodillas en el reclinatorio.
Todo ondula, es ambulatorio. Sólo resta la única verdad: y es el crematorio.
Cierto es que es esa sola la única llamada de sonido claro y la única final certeza.
Y nos resumiremos un día en la memoria de pocas alegrías y de muchas tristezas.
Quitando de nosotros, con uñas cortas, rostros caídos y resistentes cortezas.
Así pues no hay pobre que a la nada no tema ni sirve ser de púrpura Alteza.
Todo puede cambiar de repente y la zeta no va más aquí y viene la sorpresa.
Es mi amigo invisible: el azar
el que callado todo llega a tazar.
1 de febrero de 2012
9.
Es ahora la mitad del día y afuera el sol en Bogotá ya alumbra.
No hay lágrima que caiga ni la luz del alma se ha hecho penumbra.
El río es claro y es el tiempo, que corre a toda, un suspiro breve.
Ah veo de reojo un pelo menos en esta cabeza de poco relieve,
una arruga invisible que entre cortinas pronto hará su entrada.
Ahora quieren aflorar barrigas derretidas por tanta cucharada,
porque casi llegan los tiempos de la fiesta corta y el licor leve.
Habrá que correr un poco más. Sudar bajo el cielo mientras llueve.
O quizás entre hierros suspirar y aspirar y hacer de todo un vegetal.
Que ya la sombra de la queja constante y la llamada final y letal,
viene fría y cercana a mi encuentro como una tormenta de nieve.
Pero me queda la alegría y soy feliz en esta barca que me mueve.
He aprendido un poco a mejor caminar liberando algo de la carga.
Y con lo que amo y me ama jamás habrá adelante agua amarga
pues no hay número infeliz ni nada duele en este mi año veintinueve.
He aprendido un poco a mejor caminar liberando algo de la carga.
Y con lo que amo y me ama jamás habrá adelante agua amarga
pues no hay número infeliz ni nada duele en este mi año veintinueve.
19 de enero de 2012
Bus 491
10 de enero de 2012
El último.
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