Tiempos

años 14.000.000.000
          3.800.000.000
                 4.000.000
                    250.000
                      10.000
                        1.000
                           522
                           194
                             45
                             31 Yo
                               4

Rama

Sienta bien el agua fría.
Llega apenas la cachetada.
Puñal que nadie espera.
Disparo que nadie llama.

Parece hora de la brujería.
Parece la fortuna atada.
Es la hora de la balacera.
La era-eterna del drama.

Jodidos, en eterna cacería.
Recibiendo golpe y patada.
Ahogados  en la pecera.
Perdidos en el crucigrama

Aveces, claro, hay alegrías.
Y lo malo resulta tontada.
Lo vemos cual zoncera.
Avivando así nuestra llama.

Pues si falla la puntería.
O se emborracha el hada.
A poner mecha en cera.
O reiniciar el programa.

Mientras tanto, la pijama
Mientras tanto, buscar cama.
(Previo: encender la rama)

Laralá

Mirando lo oscuro,
la noche que se agota,
el domingo que se va.
El lunes es duro,
la cuenta está rota
y el dinero que no da.
Hay que pasar el apuro,
hay que pagar la cuota,
debe ser hoy mismo, ya.
El mundo es inseguro.
Parece no haber futuro
y nos vamos gota a gota,
sin son, fuera de la nota
¡La vida: eterno muro!
El cuerpo: eterno impuro
Somos siempre ni fu ni fa.
¡Qué va!


Lo que llegará

La noche que le llega al amanecer.
La caída que le llega al agua.
Ir con el ritmo del asunto, dicen.
Vibrar con vibración fundamental, dicen.
Yo digo.
Entender que la palpitación primera
es la última.
Que el primer baile es una condena.
Que el primer latido carga su final.
Las sonrisas finalmente se apagan.
Las alegrías todas se desvanecen.
La nada llega a ese ser
al que la nada debe su nombre.
La noche que le llega al atardecer.
Las sombras que al último fin alumbran.
No hay ojo que no se cierre,
no hay boca que no quede en sed infinita.
Sin el suspiro de no ser.
Lo que sea que nos espera
al menos nos espera.
Pues lo que ya es
nos retira, nos empuja y nos asfixia.
Lo que sea que nos espera,
de hecho, no da espera.
Se comen los días
las comedias de cada día.

El lugar natural de la trucha.

Mi determinación es sobrenatural.
Las armas que haya a lugar,
cualquiera que sea la lucha.
Mi paciencia es la de un mural.

Sé que la batalla nos llega en plural
y que  nunca nadie se ha de fugar.
Sé que ese humano que me escucha
sabe que la vida no es coyuntural.

La desesperanza, claro, es mucha
y parece que ni de niños es ya jugar.
El amanecer es un lamento gutural
pues sabemos que la herida es cucha.

Eso creo saber.
Eso es lo que ha de haber.
Y todo lo que ha de caber.
¡Joder!
¡Poder!

Mi camino es este preciso lugar.
Mi camino no se me va a arrugar.
¡Cada vida es infinita y escultural!
¡Cada vida es mística y sobrenatural!







Rotundo

¿Cuál es el peor dolor del mundo?
¿La ausencia, la culpa, la enfermedad?
En la vida se anda siempre moribundo.
Se sea niño, viejo o de cualquier edad.
¿Qué es eso invisible y nauseabundo?
Ese grito de sangre  y carne en gravedad.
Nuestro océano: ¡finito pero profundo!
Nuestro grito sin voz y en soledad.
El peor dolor de al menos este mundo,
es quizás la autoinfligida impiedad.
O el disparo que llega de la falsedad.
Pues todo llega y se va en un segundo...
No existe del existir la propiedad.
Cada fin se acerca feroz, fiel, rotundo.

En vigilancia

Mire, nos queda sólo la perseverancia.
El Humano sólo es perseverancia
pues en ello se encuentra su lactancia
y por eso siempre está en eterna infancia.
Vulnerable y en la chistosa repugunancia,
sin embargo, es sólo pinche arrogancia.
Pretensión y actitud de dizque militancia.
¡He ahí el alimento de toda intolerancia!
De esa muy-mortal y dramática intolerancia.
Pregunta usted: ¿y de esto cuál es la importancia?
Le digo: de esto, de hecho, la importancia
es que en el acto de la perseverancia,
en la, ojalá, tangible y espiritual vagancia,
el cuerpo esté libre para luchar, en rimbombancia,
reescribiendo cada paso como en la quiromancia.
Ahí libre donde pueda percibir todas las fragancias
y no caiga menso en la burda vida y su redundancia.
¡Pero ya ve! Cae en completa flagrancia.
Y ya caído sólo le queda la perseverancia.
Sobrevivir y construir para sí una ambulancia.
Sobrevivir y construir para sí alguna prestancia.
Sí, la perseverancia...

De la vida, si lo ve, esas son las circunstancias.
Y ud va y ve y hay tanta abundancia...
Unos pocos con esa abundancia...
Muchos pobres y en petulancia.
¡En petulancia! ¡Qué tristeza! ¡Qué ignorancia!

Al final todo está en la irrelevancia.
En la nada y la sangre y su sustancia.
Hay que existir, sí, cual extravagancia
y crear de la vida propia la Resonancia.
Seguir y empujar y ser dura constancia.
Y un día morir, ajá, pero con elegancia.
Sólo nos queda el filo de la perseverancia...

Sin sueldo

Cada aliento es una patada en guerra,
todo paso es con sudor y martirio.
Y uno que al dinero se aferra,
como un loco enfermo en delirio
cual cachorro hambriento a la perra,
no hace sino prender cirio tras cirio,
para no comer del plato más tierra.

El dinero llega ya y luego vuela
con la duración minuta de un suspiro.
Quien va al cajero y hace el retiro,
ignora que su bolsillo todo lo cuela.

¡Ay del zapato la rota suela!
¡Ay de la tarjeta el sobregiro!

Soy yo quien comprando yerra.
Soy yo quien comprando,
al son del capitalismo y su mando,
al son de ponerse en ese bando,
monta a pedazos la cajuela,
pone el cerrojo a la escuela
y enterito cojeando se entierra.

La deuda a la esperanza destierra.
Vida triste, vida pobre, vida perra.

Sé que se

Se reconfiguran los vientos si es necesario.
Se arrancan las galaxias si hace falta.
Se apagan las luces del mundo en un aplauso.
Se hunden las armas todas en la arena de un vaso,
las guerras del pasado en apenas una lágrima,
las sombras que ya son en una mañana de jueves.
Recreo el universo una vez y todas las veces
por esta vez contigo,
por el tiempo que nos espera,
por la vida eterna que somos.
Y
déjame dormir todas tus pesadillas.
Y
también
déjame alumbrar todos tus sueños.


Postura

A lo lejos se escucha una serenata
de un bandido, gordo y en cabalgata,
de un político que miente en perorata.

Las formas del poder siempre en pieles oscuras.
Las frutas del poder siempre de envenenada frescura.
¿No hay acaso gobierno para los del hambre?
¿No hay acaso hospital para corazones en calambre?

Las gigantes mansiones a puerta cerrada
mientras la miseria se bebe a cucharadas.
Se regocijan de saberse únicos camaradas,
brindan, se dan las gracias y se dicen
"con gusto, como debe ser, de nada".

La serenata sin embargo no canta
una desgracia que aun a los muertos espanta:
Hay gritos de moribundo entre las latas,
hay hombres caídos entre las ratas.
El silencio la protesta ahuyenta,
la libertad a balazos se revienta.

Sentado está el poder que a todos mata.

Bocas de mentiras puras.
Bocas como canecas de basura.
¡A lo lejos alguien canta su candidatura!
Y afila el cuchillo
tocándose el lleno bolsillo
mientras alista la dentadura.


Garganta

Espacios de existencia que cada quien tiene.
Discursos de presencia que cada quien da.
Experiencia que no aplica
al desesperado rostro que suplica
en un consejo que nunca va...
Un perro encerrado en su propia soga.
Un hombre ahogado con su propia lengua
en iglesia o en mezquita
y hasta en sinagoga.
Vestido, tacón, corbata o toga
celebrando mañana, quien quita,
lo que hoy ya nadie logra.
Un caballo que no empuja,
ni acaso una burbuja.
ni acaso su yegua,
Voces sin espejo, rostro, ni lengua
Batallas perdidas de peleas sin tregua.
Juegos de cartas que nadie juega.
Espacios de existencia que cada quien tiene.
Espacios de duda que cada quien pierde.
Espacios de vida que cada quien da.

Bajo abajo

Adrede

Mi vida aveces me excede.
Mi sombra la carne oculta.
Y me voy yendo adrede
a pagar con sangre la multa
de ser ciudad  y cemento,
de llevar a rastras el peso
de la multitud y su excremento,
de las ratas y los sabuesos.
Somos casas de rotas ventanas
sin visiones de horizonte verde,
nos han cortado a gritos la lana,
se ha roto la vieja porcelana,
y la boca hambrienta ya no muerde.
La vida todo cuerpo muerto excede.
Mientras sigue el filo de la muerte
pues siempre todo está primero inerte.






Pese

Parece indicado que las sobras sobren.
Que la carne podrida esté en todos los platos vacíos entre gusanos
y yerbas viejas agotadas de tanto esperar que las fumasen.
Parece lo correcto agotar hasta las lágrimas
y patear las sonrisas con cada orín de cada humano
en un festín final de sangre y río y sombra y llanto.
Parece que nada aparece frente a las ventanas rotas
ni con las putas cansadas ni en los disfraces de corbata,
quizás en la sopa vomitada en el almuerzo de trabajo.
Ni hoy ni el Domingo.
No en los feriados de soledad y sin agua,
ni tampoco en los Lunes fríos de lluvia en el bus que no avanza.
Mucho menos en la axila con chucha del de al lado.
Parece que todo perece
pero sobre todo parece que no quiere morir ya.

Palíndro-meado

Son pero no existen. No hay ojo.
Por tanto tampoco el antojo.
Pues el que mira es quien ata el cerrojo.
Y lo hace para sí, fuera de sí. Hasta de su enojo.
Y sin embargo, es un ojo con anteojos.
Nada realmente ve o, mejor, lo que ve lo hace siempre de reojo.
De manera tal, que también va cojo.
Poniendo sus proyectos todos en aparente remojo.
Porque el río del tiempo agarra a cada todo débil de raíz, flojo.
Y se lo lleva, como a toda felicidad y como a cada uno de los abrojos.
Dígame si no. ¡Ojo pues! Póngale el ojo.


Invivible

Todo lo que se atasca.
La semilla envenenada que la boca masca.
Todo eso que lento atravieza la garganta.
Un animal muerto, un río sucio como sucia la muerta planta.
Todo ese miedo y esa desdicha que sólo el silencio propio escucha.
Poca la luz, poca el agua, mientras que la desdicha es siempre mucha.
¿Nos queda acaso sólo la ficción de la sonrisa?
¿La espera remota de un fin que viene sin prisa?
Nada hay en el silbido de la brisa.
Nadie hay en la certeza de la casa.
Supura entre tanto sangre invisible.
Y se apaga la única brasa.
Todo es finalmente imposible.
El Todo se hace trizas.
Porque la Nada todo lo pisa.



Tras la confinanza

Cuando uno materializa las ideas, por sobre todas las cosas deja de tener poder absoluto sobre ellas. Las circunstancias se vuelven entonces las enemigas máximas. Contra quienes luchamos para controlar las ideas que un día fueron nuestras. Y sin embargo, solamente es en las ideas materializadas en donde construimos eso aquello que llamamos vida y pasa eso aquello que hace que podamos pensar que algo somos y pensarnos-conciencia.

No de tres

Rehacer los colores, recuadrar los ladrillos. Amontonar de nuevo y notar que esa casa propia, era de hecho una ajena. Que la cama sigue vacía y que sólo un cuerpo cierto y verídico abunda. La lucha es la misma, la lucha es con nuevas armas. He de vigilar la entrada y he de resguardar tu partida.

Discurso de los dolores

Sigue, pasa, se da. La sombra nos persigue. Te persigue. Te mira con los ojos abiertos. Y parece que te quiere comer. Pero no quiere. Sólo está atada sin así quererlo. La luz nos huye. Pero es hacia a ella a quien siempre nos dirijimos. Quizás porque la vida es sobre todo un discurso de los dolores. Aveces, las menos de las veces, se es alguna vez feliz.

¿De cuándo?

Las lágrimas que se atascan. Las sonrisas débiles. Las miradas al piso. El cemento frío, la baldosa fría. Y entre esas sombras, entre esa niebla nocturna sin luna: hay un respiro. Universos flotantes que dicen que todo puede ser. Que hay un yo allá, más allá de mí, que soy yo y se hace y se construye nadando en un fluido tibio que sólo aguarda descanso y placer. Existe. Es aquello que creo que existe. Sólo existo, mientras en mí crea. Y mientras crea en el fondo de este abismo que es contexto, entorno, circunstancia toda de todos. De todo aquél que tiene ojos para mirarse a sí mismo.

La casa

Cualquier casa. Cualquier cuarto, la sala que sea, el baño que toque, ¿la cocina pequeña? ¿La puerta suena? Hay ruido o hace frío. La que caiga. La casa no es un sitio, es un hecho. Es esa piel tersa, es esa piel de arrugas, el pelo blanco y el liso negro. La sonrisa de quien aprende, los ojos de quien ya ha aprendido. La mesa pequeña, el óvalo grande, con los cuerpos de sus circunstancias, con los trapos de estas circunstancias. Si alguien ha de entender, que lo entiendan ellos que yo puedo dejar la vida irse en intentar aprender y vivir así lleno de todo y con todos hasta el aliento final: lleno de mí.

G



La soledad que se avecina será de más de cien años.
Su cuerpo, que se deshace, se rehace impreso.
No importa la entropía.
Queda el olvido en la infinita memoria.
Ese universo allá de chocolate volador.
Entre puertas e iglesias. Guerras y cartas.
Y yo, y yo...
Yo he de pagar de algún modo.
Que todo debo.
Nada tengo, y no me soy.
Empezó así, un día de niño.
Con un ahogado entre medusas, con un hombre corpulento.
Un hermoso.
Siguió inagotable: inabarcable.
Medicina ininteligible de infancia, remedios bellos de silencio.
Remedia, remanga, La Bella.
He de flotar, quizás, entre sábanas colgadas.
Despejando el tiempo atascado con la luz de mañana.
Ya veremos.
Esas letras tuyas ya veremos.

Disyuntiva


Por un lado las cortinas se abren y el polvo se sacude. Entra el aire fresco de la mañana o el viento tibio de mitad de tarde. Se ve la pradera, el mar en calma o la montañana alta y brillante. Se acomodan las repisas con nuevas flores y el libro lleno de moho afila sus hojas, blanquea sus páginas y renueva su índice. La cama se hace nuevamente. Las sábanas sin arrugas esperan la cabeza de un sueño húmedo feliz, de un sueño espacial, de una fiesta con viejos amigos. Las cosas se acomodan solas con el universo mirando y embriagado del presente que aminora la entropía y acaricia las futuras estrellas y las charlas a carcajadas de cerveza o vino y parqués o sólo las piernas reclinadas que indican un amor venidero, un amor de hoy, una familia que se ama, una pareja amándose, unos amigos en el amor de la lucha y la compañía.

Por otro lado, más frío que cobijas disponibles, más calor que agua cercana, más lágrimas que las del estornudo y la alergia. Se confabula un dolor infinito y la niebla arrecia. Los vidrios están rotos, la cama está mojada y libros sin hojas. Tierra quemada, una montaña derruida, las hojas no se mueven, los árboles se desconchinflan, acuscambados todos los animales resguardan su infamia en las guaridas malolientes.

¿Dónde cada cuerpo? ¿Dónde el tuyo? Ahí el mío.

Rota roto poco

No se dan los oídos para ningún dolor.
No llegan las manos para ninguna caída.
Se desmoronan los mañanas.
Se vierten en los ríos sucios los recuerdos.
Lamentos aquí.
Gritos aquí.
Allá, el hueco, el vacío.
Eso que eres y nada que soy.
Toda distancia es infinita.
Todo martirio es infinito.
Aveces, claro, alguien sonríe.
Mientras muere.
Mientras muere, todo sonríe.
Porque sonriendo vive la muerte.
No se dan las mareas sin ahogados.
No llegan las caricias sin factura.
El silencio, inconmensurable, afilado.
La vergüenza, siempre ahí.
La paranoia, siempre ahí.
Las ganas de no tener más ganas.
Todos pierden, nadie la nada gana.
Allá la pared ya rota.
Allá la silla rota. Ya.
Eso que eres, y yo, que a nada voy.

Aséptico

Parece venir, parece que ha llegado.
Lo siento en las noches de ausencia.
En las mañanas frías, en las cálidas.
Me empuja a cada bocado.
Me sopla, me habla, me mira.
Invisible desarmonía que rechina.
Diáfana lágrima vestida de negro.
¿Cuál es el nombre?
¿Qué lo distingue?
Este lamento que hunde las tardes.
La garganta que arde y vomita.
El cuerpo que no levanta.
La piel que se rasga.
La sangre que corre.
¿Qué es cuando no es?
Quema el futuro.
Ahoga el pasado feliz.
Si hubo uno...
La llama que hierve la vida
se extingue.
Quedan las cenizas que hablan,
estas mismas que escriben.
Pero estás...
Esa voz que me rescata.
Esa risa que me alimenta.
Esas palabras que son la vida.
Ayúdame, que me roban.
Ayúdame, que se me va la vida.

De la estructura abandonada.

No hubo rima para el treina y uno.
No la poesía ni susurro alguno.
Hubo tu cuerpo siempre oportuno
y de tu mano pan, café y desayuno.

De mañana acurrucada tu espalda,
en el abrazo tierno de la sábana.
Tus ojos profundos de esmeralda,
en la mirada tierna que emana

de saberte cerca, de tocarte cerca.
¿O hubo rima para el treina y uno?
Y mar en distancia a mí te acerca.
Siempre tu voz, siempre oportuno.

La fiesta es licor si es de tu boca,
la boca es esa fiesta tuya de miel,
se levantan al aire todas mis rocas,
en cada tacto tuyo, piel con piel.

Quizás sí hubo la acordada rima.
Quizás reposa ya cubierta esa cima.

Pero hecha o incompleta tú eres de acá la luz.
El cálido clima.
Conmigo. Sin cruz.








Ni pera ni manzana ni fríjol

Se repite. Todo se repite. El agua fría vuelve y cae entre las cobijas. El viento fuerte regresa y empuja sobre los resbaloso. Las sombras se hacen más oscuras, el aire más afilado y nadie puede respirar. Todo parecía caminar cogido de la mano de un noviazgo feliz, de un principio de final feliz de hermanos Grim con bailarín de casa solitaria que baila su música en audífonos y se canta a sí en escenario de semáforo en rojo y sin voz se canta también en el bus y es feliz como feliz quien sonríe mirando por la ventana sin mirar el andén que nadie mira y nos mira siempre. Cemento que todo lo cubre y todo lo embalsama. Cemento que penetra las pupilas y los futuros grises y tristes y desabridos y sobre todo aburridos. Ha regresado. Parecía que se fue con el 31 y hubo festín de nunca jamás, borrachera de la media vuelta y 'ta lueguito pero del otro ladito. Era la sonrisa más feliz, el aguardiente más sonado con chuleta al final, silla de parque mirando al cielo y las iglesias pensando que ya era, que ya fue, que pretérito, que pasado, que finalmente, que ahora es ahora y no hay más que lo que queda y se ve brillante, con moño bonito de papel regalo caro del almacén de adentro y no del vendedor de afuera que vende lo mismo pero afuera entre el sol y la salpicadera a toda hora, las 2pm, sin baño y sentado ahí, sin más, esperando y soñando adentro, el papel que venderá adentro con esmaltes baratos pero no tan baratos como los de la otra esquina. Regresa. Todo regresa en óxido y desorden. Descachalambrado, desconchinflado, desarmado, en-brutecido, vomitado, pero regresa sabiendo que es aún lo que fue y así la ropa le quede rota y pequeña y aún así se le salgan los gordos y se le hundan las costillas, se te sienta al lado y se me sienta al lado, al otro lado, a conversar infinito y acostarse cual ocho sobre las piernas mías mientras yo me quiero sordo y me pido muerto y me sueño sin cuerpo soñante sin cerebro soñador o memoria vacía de memorias ajenas y propias y todas y el universo que se abre y se deshace allá muy lejos en donde yo no soy y me sigo acá entre muchos y entre nadie y ellos que son nadie entre muchos son todos y nos somos todos sin ser nada ni nadie ni universo pero sí, pero requete sí, requete recontra sí, dolor. Hiper mega maldita sea. Hiper mega maldito dolor.

Ni siquiera


Las lágrimas que todos los días se forman. Aveces brotan, aveces se mantienen hirviendo adentro. Todas las imágenes de aquello que fue y todos los sueños de aquello que pudo ser y no será. Porque la vida sólo empuja cuerpos muertos. Vidas muertas. Dolores que envenenan toda la sangre, dolores de siempre, dolores de todos. En la edad que sea, en el sitio que sea. Miedo a no poder cumplir lo propio, miedo a incumplir lo dicho al ajeno, miedo a ignorar y saber que el olvido llega despacio a todas las promesas y cada sueño feliz. Una niebla que cubre los caminos y se posa y hunde y no deja respirar. Las gargantas gritan asolas. Perdidas. No saben quiénes son, no saben en dónde están, no saben de sus mañanas ni del sol ni del mar tibio. Sólo saben de lamentos, de hordas de asesinos, de árboles sin hojas. La incertidumbre. No poseer siquiera el retrato de la daga que llegará sin duda. No ser dueños siquiera de la pesadumbre porque llega temprano, mira a los ojos y se instala para siempre con la existencia hueca, vacía de todo, la nada que llega al ser a ser eso: nada. Un nada, una nada. Yo, tú, las madres, los hijos. En la roca que se ata al tobillo, en la herida que se pisa al ir a trabajar, en la puerta que rompe la llave una noche fría, en el cuerpo viejo abandonado en la sala. El mundo que sólo pide y chupa y nosotros que sólo  pedimos y chupamos. Somos ese dolor, esa pesadumbre, el veneno de nuestra sangre, las lágrimas afiladas, las vidas muertas y cada uno de los muertos. Somos nuestra desgracia y aveces, borrachos de vida, en la mentira sonreímos. Nos somos perdidos y al encontrarnos moribundos jóvenes y bellos nos perdemos en el óxido y la fealdad.

De amores

"De todos modos lo que toca es regresar" Fue su frase innagural un miércoles de lluvia al caer la tarde. No podía moverse. Era tal la profundidad de su reflexión que el agua, estando él de pie, le bajaba a chorros por entre el cuerpo a medio vestir. Él apenas si entreveía el sol de fondo entre tanta nube y tanto gris. De todos modos, sí, lo que debía hacer era regresar. Había empezado con Juliana, la vecina cándida de 18 años de la casa de enfrente. Ella, claro, no lo merecía. Quizás por no merecerlo lo merecía. En las mañanas, cuando Juliana salía al colegio, él sólo podía irle detrás, pues iban en la misma dirección, inventando mundos en donde se tropezaban y ella sonreía amablemente y él la escupía en la cara sin decir nada, dejándola muda con su risita mediocre a media tinta. Otras veces se imaginaba hacer la misma fila con ella en la panadería. Mil de rollito, mil de blandito. Ofrecerle pasar primero y apenas ella lo hiciese empujarla para ser él primero. La amaba profundamente. Era de esos amores basados en el odio y el maltrato y la violencia. De esos amores que asustan a todas las partes. A mí me asustaba. Sabía de sus sueños con ella y sus fijaciones con esa delgada figura de casi niña llamada Juliana. Hablaba poco de eso pero pues con las cervezas y la botella toda a 2 mil pesos, surgía esa verdad molesta, esa verdad que me dejaba pensando: ¿le digo a la familia? ¿Deberia denunciar esto? ¿Debería contarle, avisarle, reportarle a alguien? Nunca lo hice. Sólo me quedé ahí de pie mirándolo cómo se bañaba de agua de lluvia ambas pieles. La de Juliana que yacía ahí entre húmeda y aún con el rostro de pánico profundo de quien no entiende nada y sabe que todo se acaba en ese instante. La otra piel, la que mojado él había arrancado de sí mismo a pedazos para proteger de la lluvia al cuerpo mojado y muerto. Él se desangraba entre tanto, ella ya no necesitaba desangrarse. El tijeretazo había sido tan efectivo que con en un sólo movimiento había acabado vida, amor y Juliana. Yo apenas podía respirar. Regresaría a mi casa, a mi cama, a mí. Me amaba igual que a ella. Yo le temía. Sin parecer parpadear giró su cabeza hacia donde yo me encontraba y con la claridad de quien se sabe dueño y de quien sabe que le habla a quien se asume perdido y desangrado me dijo: "De todos modos lo que toca es regresar". Cerré mi mano y agarré la de él. Serían apenas unas cuadras antes de llegar a casa e inundar mi propia muerte de mi propia sangre.

Un viaje y el viaje.


Se dijo que sí, que había que invertir cada centavo, cada último suspiro en conseguir el dinero a punta de empeñar de todo, de vender todo, de aceptar cualquier trabajo, de dejar pedazos de cuerpo por ahí, pedazos de vida, de cargar niños, acompañar ancianos, cuidar edificios, cocinarle al mundo y sus perros, de lo que fuera, como sea, en donde sea y lo que tocara. Acá ya el punto no era en donde le sonara la flauta sino sacarle música a los huecos del delantal a punta de soplo, suspiro y cansancio. Pero se dijo que todo por irse, todo por ese viaje que no importaba nada de nada, ni la experiencia del primer avión, ni del primer país, ni siquiera un idioma raro gutural pronunciado quién sabe cómo para decir quién sabe qué, ni no tener dónde llegar, mejor dicho, acá, en esta constelación de partes desgraciadas y deudas y toda la mierda propia de la vida y sus circustancias que son peores, lo que importaba, lo que estaba diáfano y espiritual era el pequeño rayo de luz. Esa liniecita delgada, fínisima como un cabello de ángel. Ese aire tibio, ese vaso de agua, esa cerveza a punto, ese aguardiente de 31 de Diciembre. La sonrisa que sólo puede salir de quien se embadurna de la luz de aquello que verá, del futuro que aguarda como uno lo quiere y lo planea y se hace cierto en ladrillos y cemento. Ese ser que un día estuvo y que con o sin el Todo, va estar ahí en compañía perpetua. Lo vale todo. Todos los mares de la dicha, todas las lágrimas en roca. El mundo que una vez tuvo. Diga, no más. Y trabajó y trabajó y gastó el grosor de su piel y una vida entera y dejo grietas hasta en su propia sombra. Años que se fueron como días, días que entre la bruma y la niebla de la siempre aparecida y usual desesperanza y desesperación y frustración con puños en las puertas y en la tierra y gritos apretujando las manos, días que parecieron años. Y un día como esos, una mañana, en un segundo infinito, le entrelazó nuevamente las manos. No hubo pasado y dolor. En una explosión el tiempo reprogamó sus piñones y le dio sólo rienda a un destino manifiesto para sí: a la eternindad de verse y saberse juntos nuevamente y en el ocaso de lo tangible, ser para siempre en el amanecer de lo intocable.

Entangled


Decía para sí en una voz apenas audible:

'Se ve un cielo a mitad de ventana. La cortina verde que cubre aún retazos de cielo y algunos apartes de edificios allá en donde otros también miran. Hay nubes que cruzan el infinito cielo y el aire que, aun si descompuesto por el smog y la carga pesada de partículas ajenas y gases tóxicos, sopla. Sopla tenue. Sopla ya una sonrisa y la forma de tu voz. El cansancio se apacigua y se vuelve cosmos. Energía que renace del interior intangible, del abstracto de la esencia. En donde todo puede ser y estamos ahí retozando el desayuno y creyendo en universos infinitos que burbujean el Todo final. Se ve tu cuerpo invisible entrelazado. Bajo estas sábanas, con este café mañanero. La puerta cerrada que sigue abierta a ti. A los pasos que un día volverán. La piel a la que un día nuevamente llegaré. Nos separa la distancia que nada es. Nos une la trascendencia que todo espacio llena y sacude. Se ve el día de hoy y la forma de tu horizonte feliz".

Uno de esos domingos en que él se supo. De luz diáfana y con apenas unos pocos carros de fondo. Con lágrimas confusas entre la ausencia y la dicha de la existencia. Con un dolor que retorna ocasionalmente en alegría.

Le quedaba un suspiro y la más pura ilusión. Fe de lo plausible.

I found you there


There is something behind every door, behind any single particle of dust.
And I found you there.

There is light hidden under the nails.
I found you there.

All the time contained in one breathe, in each phoneme you blow.

The universe, as infinite it seems, the finiteness of its own word. All and all.
Multiple universes surrounding so unapproachable.
With mass-less matter in the sand of our deepest imagination, with the evidence of its existence just by default.
They are there. And all around me lacks color and sound if I can someway feel the fact of your existence.

Does it matter? With you no more distance. Around you no more passing. Entangled such corpuscles across the distance and way beyond the Horizon.

It is your body, your very warm aura, reason enough to intangible buildings of faith and hope.
I swim in the river of your voice, I walk now in each print of your entropy.
With no edges nor boundaries.
Transmutable walls like bricks in-between the day and the night.

We both in an eternal dawn, we as the perpetual dawn fusing the contrasts together, giving meaning, creating opposing party for each being, filling out in fundamental contents.

Chained in the need of no chains. Tied in the need of no strings.

Simply the perception and conviction of myself into you converged.
Hay un sol con voz, hay un universo que habla. Tus labios que configuran el viento y el polvo. La maravilla de saberte acá sin distancias. Atados a pesar de todo. Conectados a través del horizonte. Hay una sonrisa tras las aguas. Hay un milagro entre los dedos. La luz de lo imposible construyéndose. Tiempo.
Se fue volando la casa, se me fue volando mi hogar. El dolor de ahora no es sino el del espacio vacío, el del alma incompleta. La mañana feliz de cada mañana está en tu sonrisa, en tus pasos adelante, en tus palabras de lucha. Ya estaremos palma con palma. Tiempo.
Pido disculpas por la ausencia. Ahora el corazón y las letras me duelen. Mi alma duele. Prefiero un silencio. MV.