2 de noviembre de 2012
Excusa de comunicación
¿Se lo dijiste así nada más? Esas excusas que te inventás vos.
Bueno, hombre, es que no sé cómo decirle lo que le quiero decir.
¿Cómo así? Pero si la has llamado como un cuatrillón de veces en unas borracheras con el ombligo para el otro lado.
Pues sí, en eso tenés razón. Maldito aguardiente. Pero ve, dejame te lo leo. Pero eso sí, ese día se lo canté.
¿Lo cantaste? ¿Vos cantás? Digo, ¿no sonás a gato bañándose?
Pues no sé, pero cuando canto me llaman de la portería al citófono con 'recomendaciones' de los vecinos.
Te creo. De amigo me bastás pero de vecino...ufff me pido no.
¿Me vas a dejar leértelo?
Sí, dale. Pero esperate mientras sirvo agua que ¡ay mi madre!
Listo pues. ¡Y dice!
'El tiempo ajusta sus medidas, la noche aguarda la mañana; el sol, su salida.
Está cerca y ya viene. Llega callada, furtiva.
Trae consigo una sonrisa y guarda en sus brazos una añoranza.
Confirma en mis pasos una esperanza.
Viajo por estas letras y a través de tus ojos doy forma a mi presencia.
Te abrazo, sonrío por los años que hemos compartido
y dejo en la distancia un suspiro por aquello que juntos hemos vivido.
Somos amigos. Lo hemos sido siempre. Siempre lo seremos.
Celebrarás un año más de andanzas
y experiencias en este camino que desconocido creemos
y junto al viento que nos abriga en la jornada
o el agua que aminora el cansancio,
junto al cielo que nos guía o la compañía de una luna amada;
más allá están mis manos abiertas que se extienden entre la arena,
frente a ti ha estado, sigue mi voz entre la niebla: febril, serena.
Seguirán con las estrellas de este viernes un ciclo más que la vida nos ofrece
y que finaliza para ti con el próximo amanecer.
Un ciclo nuevo que inicia, uno que crece,
uno que empieza a crecer.
Hoy es ocho, mañana es nueve.
Entrarán las luces por mi ventana
y sabré que son las mismas que se filtran por la tuya.
Ellas despertarán tus ojos y los míos,
despertarán tu vida más allá del sueño
y celebrarán contigo y conmigo que cumples años
y que los festejas ahí, en tu cuarto, junto a mí, a mi lado.'
¿Y entonces?
No jodás. Casate conmigo.
16 de octubre de 2012
En sobras
Who can this night save me from all what I see inside?
From what I can create, who can provide me shelter?
There’s someone who’s not me but me and who I can’t hide.
Hidden from the light it was and now I can read it as a letter.
No symbols written or any code has been on its paper applied.
I read with him and we knew each other while reading together.
Vanishing all that is myself so do my hands while getting tied.
There is just no more me (or one me and I) who is him forever.
I've tried.
I've died.
For the better.
26 de septiembre de 2012
¡Miércoles!
En mí alumbra la sombra de un engaño.
La sombra de ya jamás una mentira.
Dejando las tristes sombras de la ira
en el reflejo de quien es un extraño.
Tantos sueños que prometiste antaño.
Dijiste ‘un paraíso que suspira
músicas suaves al son de tu lira.
Tierra sin armas, heridos ni daño’.
Fue sino dejar en mí fluir tu río
para que zarpando apenas el barco,
la pura agua fuera moco de crío.
¿Me dices ahora que fue por parco
que me metiste en tu intangible trío,
un agua sucia de tu sucio charco?
No sé si quererte es ya suficiente,
no sé si perdonarte acaso basta,
no sé si te mantienes cineasta,
o si es todo esto fatal ingrediente
del veneno mortal de la serpiente
que atesoran todos los de tu casta,
esperando embadurnarlo en una asta
y clavarla un día así suavemente.
¿Acaso me miras y te arrepientes
o es todo esto un actor y su charada
y soy yo un ingenuo cliente sin dientes?
¿Acaso te sufro a ti a cucharadas
y tú por mí quizás ya nada sientes
ni es finalmente tu hogar mi morada?
10 de septiembre de 2012
Era sólo un vino.
'La fiesta que si no es de madrugada no fue de noche.
Que sin trago que encienda, no hay en el cielo un coche.
Que hace del vómito en la mesa el dorado broche.
Ay quejarse siempre.
Ay siempre quejarse.
Y aparentar que un día estamos contentos.
Y decir sin embargo que de la desgracia nadie está exento.
Que mierda es todo. Y hasta la mierda es un invento.
Ay quejarse siempre.
Ay siempre quejarse.
¿Qué me queda? La distancia.
¿Qué dejo? La vagancia.
La ignorancia y la arrogancia y la abundancia de todo y que nada funcione de verdad sino todo a medias en esta tragedia barata de enciclopedia de bus y un cantante de Jesús y como para que rime, de ese, humm 'virús' y que canto y que lloro de tanto en tanto a ese voltea'o santo en medio del llanto y el quebranto de mis sombras y la noche fría sin manto y ¡el camposanto!'
'Ya pues, matate pedazo de idiota. ¿Qué es lo que hablás? No pues, ahora de payaso a poeta. Ve, no me jodás, pasate otro guaro que estoy que me bailo. Mejor dicho, ponete alguna de esas que sonaban en los colectivos cuando llegamos a Bogotá. De las de 'viejitas pero sabrosas'. Una salsita que va o un merengue de esos de 'cachete con cachete, pechito con pechito'. Hoy amanecí o, bueno, se nos hizo la noche con ganas del pasito tuntún y de beber hasta que el ombligo se pase para el otro lado y dejar la güevonada de estar tratando de arreglar este mundo de mierda que mejor se arregla bailándolo, o se desarregla emborrachándolo. Se me quedó esa frase vieja de que 'el trago no te da la respuesta sino que te hace olvidar la pregunta'. Y ya estoy mama'o de hacerme preguntas pendejas y tener que madrugar todas las mañanas con la puta preocupación que quizás sea la última levantada y que debo salir a meterme en ese tráfico de sardinas empacadas, de canguro con trillizos a respirar a medias y cansarme subiendo porque no hago un culo de ejercicio y duermo y hago pereza y como mal y fumo. No, es que hay algo equivocado con vivir, ¿no te parece? Upa, no. Dije que no más preguntas culas. Mejor dicho, caminá hacemos lo de 'a la derecha, a la izquierda' mientras me contás qué pasó con es nena que se fue a los Niuyores, ¿o era a los Mayamis?, no sé, esa vieja con la que te metiste y que era casada pero putamente infelizmente casada con ese man, que bien feo si era, pero ya, es que cuando se tiene plata, la belleza se diluye, ¿no? Como ahora que te veo a vos hasta chusco. ¿Por qué era lo de grillero? Ya ni me acuerdo de eso. Esa vaina no tenía sentido. ¿No? ¿Y es que acaso con ella no te manoseabas en el carro mientras la llevabas a verse con el ahora marido entonces prometido? Ay qué ver cuan imbécil se puede ser. Y no él. Sino vos que te metiste en un paseo tan jodido para que luego te dejaran montado en la burra sin más y ella se fuera en plan chévere a viajar el mundo y vos acá chillándola y yo mamándome tu quejadera. Cambiá eso que suena mal. ¿Eso no era antes una balada de las de pop? Qué manía tan desesperante que le cambien el ritmo a las vainas. Si era para llorarla, ¿cómo puede ser que ahora sea para zandunguearla? ¿Para sacarle brillo a la ebilla? ¿Hebilla es con hache? ¿Para azotar baldosa? ¿De dónde se crean esas frases que todos repetimos constantemente? Me pasa ahora cuando voy a comprar comida que escucho a los del colegio de aquí a la vuelta hablar y ¡no entiendo! Maldita sea, antes no entendía a los viejos con lo que me parecían palabras rebuscadas y ahora no entiendo a los pela'os de 15 con palabras que parecen sacadas del culo. ¿Es que se trata todo de eso? ¿De no entender? ¿De permanecer confundidos? Como medio ebrios creyéndonos felices porque se nos antoja que es mejor o porque ya nos aburre la quejadera a toda hora del que amanece con nosotros y se acuesta con otro. Ay no sé. Hasta los desesperanzados me parecen salidos de un rialiti de la televisión y los optimistas de algún culto de los que tienen avisos pegados en los postes de la luz eléctrica. Pillá todo lo que podemos hacer mientras bailamos. ¿Bailamos? Ah este hp se durmió.'
24 de agosto de 2012
Tangente.
Al mismo tiempo y en el mismo lugar. La ubicuidad. El pertenecer. El desaparecer. En un mundo que creemos determinista, en donde no dudamos que el tiempo es apenas una línea en donde lo que viene ha sido predispuesto por lo que ya pasó, en ese entorno en el que armamos reglas y reglamentos, políticas y estrategias, cuadros de entradas y salidas, indicadores de impacto y herramientas de monitoreo, evaluación y análisis, en esa misma casa en donde nos miramos frente al espejo olvidando que ese ahí no soy yo sino una representación de mí y que yo soy una representación de mí mismo, de la forma en que he configurado la participación en mi realidad y en las realidades en las que participo cuando de mí se habla o, mejor, cuando soy el percibido. No puedo sino escuchar mis pensamientos y no sé si los demás escuchan los suyos (quizás algunos los míos) y ¿en qué tono? ¿en qué idioma? ¿cómo bailan tus palabras, de qué forma pronuncias las frases y argumentas tus miedos cuando te hablas? El universo está en soledad perpetua minutos antes de tú dormir. ¿Un cuerpo abrazado a ti? Abrazas un cuerpo en donde la dureza de la piel es apenas una imagen fugaz de algo que no está. No puedo no estar aislado y huir de mi existencia y al mismo tiempo existir. Soy vacío de materia, soy una energía condensada que se deshace entrópicamente degradada en una ciudad que identifico propia y de la que casi todo desconozco. A nadie conozco. A unos cuantos. Es inexorable el paso de este río. Se evaporarán las estrellas y consigo un Todo de formas definidas. Me evaporo y me miro y me miro y no puedo aceptar que deba lo inevitable ser aceptado. No puedo tomar como propio lo que no puedo negar como extraño. No es la infelicidad, es la extraña certeza de tener esa certeza. Y la incertidumbre. Y el miedo. Los códigos y todas las metáforas. Tus analogías de señora vieja, de hombre que camina, de niño que juega, de mamá, de papá, de hermano, sobrina, cuñada, amigo, vecina, extraños seres fuera de este cuarto y más allá de los límites ciertos y hasta de los inciertos. Tus fantasmas y representaciones de creer que puedes opinar y tener razón. Que vale y es necesario aveces escucharte, quizás amarte. Yo invalido toda existencia y le echo el lodo de la condena de hielo a toda presencia. Nada me saca de mí: ni siquiera la ausencia. ¿Paciencia? No. El futuro es uno y es un no futuro.
6 de agosto de 2012
De tu música
Y dejar así que las notas suban y bajen y tracen los senos con todas su curvas distantes de radio viajando por el espacio y todos los valles verdes y cadenas de montañas cubiertas de nieve y vida en la sombra de un planeta lejano allá en donde rojos son los caminantes que esperan ser filmados para las sombras de la posteridad humana perdidos en el miserio infinito del barrio inmenso que se avecina lleno de galaxias y nebulosas y perfumes y un cuello redondo que baja por tu cuerpo y por cada racimo que de ti pende en la llamada de una lengua sedienta o de un cascada tibia en la que puedan sumergirse y enumerarse todas las fotos de piscina de una mañana de domingo de una niñez ya perdida y sumida en una vejez de retratos fortuitos de gente ya olvidada de puertas y decoraciones y mesas de centro.
Dejar así que sea la música que escupen las ranas y que soplan las tubas por los túneles de gusanos de seda confeccionando vestidos eternos de redes y torturas e historias de guerras y espadas y una ánfora de agua contenida en la mitología cayendo en la cabeza del dios del futuro y dando en el golpe de un gople el pie al sonido que empujará a la muerte a todas las miradas de noche y nostalgias de todos aquellos que un día se perdieron en su propias ropas y se encontraron así sin más como escrito en la sangre que de todo nada quedará y que sólo hay esa mirada tierna de alguien a quien llamaron 'tú' y que tiene en infinitivo cuando no ve y que sólo hace el presagio funesto de un vacío lleno de preguntas vibrando en el silencio y purismo del secreto infinito que callan todas las bocas y que no saben lo que callan y que soplando abren el camino paralelo a un Todo de corpúsculos y átomos arreglados en fórmulas distintas y leyes de vida que conformen un 'yo' que no exista o un 'tú' que ya existió.
Porque existes. Si existo yo.
Y nada debe tener sentido en estas letras. Excepto tú.
Me cargo confuso. Excepto tú.
16 de julio de 2012
El verbo caos
Y vio cuanto porno pudo. Drogado, borracho, en las mañanas pero sobretodo en las noches facilitando el proceso (by) al traer el pael higiénico, todo él, el rollo completo al lado de la mesita de noche con retazos previamente cortados optimizados con el uso y la experiencia a la cantidad precisa y necesaria. Particularmente le gustaban los videos muy ficticios en donde eran marcianos o marcianas o híbridos y abducciones azarosas con una nueva modalidad de placer y dolor, o dioses del Olimpo y Asgard y Baal o el que cayera, o zombies. Éstas últimas eran claramente sus favoritas: las de zombies y su movimiento lento pero constante, su persistencia sin sentido, su afán parsimonioso de movimiento sin razón y sin objetivo. Las había visto todas y se dijo, ¿por qué no mezclar esas dos pasiones? Ahora con la moda de los mash-up en los que suena la voz de la una con el piano del otro, ¿por qué no el gemido del uno con la sangre sin vida del otro? Sonaba apenas natural. Así, se dedicó horas eternas, suspendido en escenas y posiciones casi imposibles, en eventos virtuales orgiásticos entre tantas y tantos al mismo tiempo, en cámaras baratas y grandes producciones. Hubo una en 3D, sólo que la falta de gafas y el portátil barato, no dejaron entrever más profundidad que la ya muy evidente propia del sudor y que era como del -o del algún otro- mundo. Como de esa tierra caliente de cristales de donde viene Súperman o Linterna Verde mientras se dan un vueltón jugando Escondite Inglés con la Mujer Maravilla o hasta entre ellos con besos franceses y chupadas en donde el sol no quema. Amontonando días de video descargado de la red, memorias de las chiquitas con megas y megas de piernas y culos, revistas, cuentos que ni el trópico de un cangrejo ni Saló en el salón, se le ocurrió que era momento de coser. De hilar alas de mariposa en alambres de ganchos de ropa uno tras otro como esqueleto de la cometa y cubierto en colchas de retazos con las fotos y revistas y portadas e imágenes impresas de todos los videos vistos. Quería desnudar todas esas pieles en los cielos y nubes grises y días soleados. Con la paciencia y frustración de quien se enseña lo que hace y califica lo que se enseña, destinó más días para configurar el objeto volador que los se gastó grabando sus propios gritos con el celular en cada escrutinio pornográfico. 'El objeto volador'. Esas palabras se le deslizaban de la boca cada tanto sin darse cuenta con el mismo reflejo innato que lo hacen los ojos al cerrarse o los dedos al moverse mientras se habla. 'El objeto volador'. O el que él llamaba volador, realmente no sabía si funcionaría para volar, qué volaría o si lo pondría a volar siquiera. Lo importante era acercar la adicción a la herramienta ésta para la cual la presión inferior sería al final más grande que la contraria soplándola arriba, derecha, arriba, izquierda, al horizonte estelar sin direcciones ni cartesianos. Tras los dedos con ampollas, las lágrimas de tanto enfocar, el alambre enterrado en las palmas, el hilo que le cortaba las encías (no tenía tijeras efectivas), tras casi morirse de tanto pujar con la cabeza las ideas, un buen día de Julio al finalizar la mañana, acabó el transformer. Se vio en una epifanía vestido con él, ya no para el perro ni para el vigilante ni doña Margarita la de la tienda, ni para nadie más sino para él. Decidido se metió en medio ubicando los brazos en las dos primeras alas de la mariposa multicolor agitado en un acceso de tos por lo que ya veía venir. Se dirigió tambaleando en dirección del balcón del piso 15 del edificio 4 del conjunto B, su apartamento, su cárcel de llave en billetera y empezó a agitarse, primero despacio para entender el mecansimo en que el viento, como fluido turbulento, se deslizaba entre las formas y los materiales y su fricción y su temperatura. Fue aumentando la fuerza cambiando conforme lo hacía el véctor celeste. Las dos alas iban moviéndose empujando, por un mecanismo de poleas y piñones, las otras 4 que hacían a la capa invisible romper el hechizo gravitacional despegando sus pies descalzos de las baldosas. Suspiró pensando en Dédalo e Ícaro, suspiró pensando en las estrellas del porno que se habían sacrificado ingnorantes por él, por los zombies y los virus, por la epidemiología y esos humanos de bocas hambrientas que habían mordido alguna vez sus nalgas, pero sobretodo suspiró -gritando seguido- por Poincaré, se dijo que era momento de él empujar desde sus entrañas la tormenta que estallaría en Japón o en las Filipinas, que era momento de ser él el dueño de la llama inicial del orden y los patrones, de las formas inusitadas de las bandadas de pájaros y de los videos retroalimentados, del caos acumulado en lo improbable, en las variables definidas y pintadas de resultado impredescible. Empujaría su ser tangible la última revolución sexual. Sólo necesitaba todo el tiempo del mundo, o al menos el tiempo suficiente para poder reducir a apenas un cubo pequeñito de realidad somática, el evento casi imposible. Supiraba rogando pues con la verdad entrópica tatuada en las pupilas se decía en susurros que: 'de ese tiempo me resta apenas una vida mía por vivir'.
27 de junio de 2012
La barcaza y la Colombia de a 20
Tu sangre es hoy toda la roja sangre viva del ancestro africano.
Hija en todos los tiempos del tambor, la flauta, la noche y el desierto,
del ardiente trópico húmedo como de su primer verdoso grano.
Llevada con hierro forjado fue tu historia a la mar y a todo puerto,
embarcada así por oro y fuerza en la caravana de la colonia.
Lo supiste como lo sabes. Con los españoles se fue encubierto
el desfile austero y fatal de quien llora toda última ceremonia.
¿Qué sientes tú que fuiste y eres en el amasijo de esta amalgama?
¿Hay para todos un mismo cobertizo con una misma coraza?
El fuego del pasado arde contigo y conmigo está tu ardiente llama.
Ah mi Nueva Granada que aquél día te vio llegar así desnudo
a sacar de los campos y de la tierra la azúcar que no era tuya,
a querer hacer de tus signos y tu madre lengua apenas un nudo,
forzándote con puño y cadenas a entonar el primer aleluya.
¡Fuiste pies y planta del ritmo de todo aquello que me soy y canto!
En las alturas con tus alpargatas de algodón, de fique y cabuya
lavaste el tosco ladrillo, la dura piedra y untaste el calicanto.
¿Qué sientes tú que fuiste y eres en el amasijo de esta amalgama?
¿Hay para todos un mismo cobertizo con una misma coraza?
El fuego del pasado arde contigo y conmigo está tu ardiente llama.
Soportaste como esclavo creando de la desdicha un cimarrón,
orgullo del viejo Espartaco que no vio los cimientos del palenque.
Pusiste ahí con la cumbia y con la marimba en tu cabeza un jarrón
y que ahogaba en lo más hondo la falta de ritmo del criollo enclenque.
No llegó a las Américas con la espada y ocaso de Napoleón
mas que otra palpable forma evidente del miedo ciego y su rebenque,
mas que otra forma de engullirte vivo en el invisible Panteón.
¿Qué sientes tú que fuiste y eres en el amasijo de esta amalgama?
¿Hay para todos un mismo cobertizo con una misma coraza?
El fuego del pasado arde contigo y conmigo está tu ardiente llama.
Estabas entonces en un conflicto esencial con todo dueño blanco,
estabas entonces del lado callado de todo cuerpo oprimido.
Mientras Haití en el norte se bebía su libertad en el barranco,
tú creabas mágicos códigos secretos con llamas y silbidos.
Entretanto se escribió en el diecinueve la aparente Independencia
que al final no te trajo sino un apaciguamiento ya conocido
y quizás también el sueño de que Yanga compartiera su cadencia.
¿Qué sientes tú que fuiste y eres en el amasijo de esta amalgama?
¿Hay para todos un mismo cobertizo con una misma coraza?
El fuego del pasado arde contigo y conmigo está tu ardiente llama.
Ese mismo siglo vio nacer empapada la palabra mestizo,
contenedor de todas las aguas históricas en la misma taza.
Ese mismo siglo vio a Martí hallar en las pieles espejo postizo
al escribir que “no hay ningún odio de razas porque aquí no hay razas”.
La Gran Norma de Núñez se abrió camino con la rojiza alborada
y que no desató al ciudadano ni te aflojó mucho las tenazas,
empezando nuevamente el estribillo de la añosa mascarada.
¿Qué sientes tú que fuiste y eres en el amasijo de esta amalgama?
¿Hay para todos un mismo cobertizo con una misma coraza?
El fuego del pasado arde contigo y conmigo está tu ardiente llama.
Los Mil Días con su Guerra expulsaron a tu cuerpo de los terrajes
levantando en el Cauca la resistencia de Cinecio, El Empautado,
para encaminar con Córdoba el Chocó al estrado de corbata y traje.
En la perdida aldea se alzaban en lucha los tuyos enlutados;
por todas las promesas de cal y arena y todas las nubes errantes.
Llega con la reciente norma de normas un nuevo juego de dados
que se ha mostrado hasta este sol andino cojo, sordo e inoperante.
¿Qué sientes tú que fuiste y eres en el amasijo de esta amalgama?
¿Hay para todos un mismo cobertizo con una misma coraza?
El fuego del pasado arde contigo y conmigo está tu ardiente llama.
Recuerda señor mío hoy el horizonte y tú el mañana bella dama.
Que la ventisca seca la lágrima turbia y afloja la mordaza,
filtrando luz de esperanza, aclarando el más venturoso panorama.
Navegarás de vuelta hacia tus sueños nostálgicos en la barcaza.
¿Qué sientes tú que fuiste y eres en el amasijo de esta amalgama?
¿Hay para todos un mismo cobertizo con una misma coraza?
El
fuego del pasado arde contigo y conmigo está tu ardiente llama.21 de junio de 2012
Un plan
"No solo importa cuan efectivo es el resultado sino el conocimiento sistemático de cómo está hecho" se repetía a sí mismo.
'El punto finalmente es que todo experimento valioso pueda ser replicado en multitud de ocasiones y oportunidades guardando el contexto de cómo se hizo y para qué y que la comunidad científica -y hasta la no científica- pueda modelarlo nuevamente y para siempre hasta el final de los tiempos. Que ese mismo resultado les permita a varios hacer esas caras de ajá, sí, claro, mano que estrecha otra mano de satisfacción y hasta orgullo porque sí, en efecto, la cosa funcionó, y abrazos de fraternidad intelectual porque sí, no cabe duda, la joda esta da si se le mira por abajo y por debajo, por arriba, de medio lado, en diagonal, con pendiente de 45. ¡Funciona! Le funcionó a un sinfín de los muy-muy, estrellas faranduleras de la ciencia y la matemática, aunque, bueno, la matemática es otro parche, de verdad es que es otro maní, mejor dicho, es otro cantar porque ahí no se trata de amontonar datos y datos ni hecharle número a bases de información puesta gota a gota en espera de que la conclusión estadística sea la esperada, al contrario, el 'cuy' del trabajo es montar teoremas en caballo y que se demuestren infaliblemente. Pregúntenle al Fermat que le jodió la vida por décadas a una fila de güevas hasta que pin, salió el que con papel y lapiz, como todos, encontré el arito rojo. Chistoso, por ejemplo, andar con lanza mental y con ojímetro a la caza de esos neutrinos de mierda que como divas sólo sacan un dedo de cuando en cuando -una única vez cada miles de años- entre cúmulos enormes de hielo en donde fácilmente podrían caber todas las ballenas azules del mundo. Pufff el suicidio, la inutilidad y la paciencia infinita de sentarse a ver el pasto crecer, y digamos, verlo crecer en cámara lenta. Pero como hay gente pa'to'o pues yo también'.
En esas, con las manos aún rodeando el cuello ya rojizo por el estrangulamiento en esta noche de jueves y grillos, en la soledad varias horas río arriba de un terreno inmenso como Alemania cubierto de árboles y matas y maleza, habitado por no más de un centenar de personas de otra lengua y otro origen, se dio cuenta, como en un chispazo de Eureka con bola de fuego 1604, que su plan minucioso en este caso en particular tenía un pequeñísimo incoveniente: el resultado no podría ser practicado nuevamente, no habría nunca una oportunidad más de poder analizar el objeto de su interés ni de seguirle sus pasos. Nunca en lo sucesivo habría cómo nuevamente medirle cada uno de sus encuentros y formas, cada una de sus expresiones. Su voz, sus maneras, las redes de su aleatoriedad. Descubrió en la fiebre y en el mar de su pesadilla de carne y hueso que esa apretujada carne sólo pertenecía a ese hueso roto y que sólo se podía, como aún sólo se puede, 'perseguir, diagramar y matar un cuerpo amado una única vez'.
4 de junio de 2012
Siguiente.
Y es que no va a ver un sitio disponible para él sino el sitio ocupado que nunca va a ocupar. Se quedará observando todo ese círculo cerrado al que no va a pertenecer. Rosca y anillo de alianza, club secreto que ignorará para siempre. Rasgando la puerta de entrada. Intentando mirar por entre las rendijas y los matorrales. Perdido en un cúmulo de frases y códigos ininteligibles. Armado de diccionarios en línea, en físico, en rombos verdes y azules. No le queda de otra que aceptar que ya no está. Que acaso si estuvo, es hora de dar la media vuelta y retornar a ese campo de luces en donde pelean caballeros dorados y las armaduras se enlazan en un sueño de comedia y de divinidad. Le queda por destino un aro de arena ardiente que tiene su nombre solo para él, para gente como él, para quienes ya fueron tasados tal cual como él. Habrá de sumergir sus penas y dolores y lamentarse hasta que el Todo supremo de burbujas universales se encoja entre un Kelvin infinito y se expanda con el frío absoluto separando átomos y corpúsculos. Sin más, la silla vacía de él siempre ocupada de ti.
23 de mayo de 2012
Famosos hocicos
No, hombre, no. No te podés sólo quedar viendo por la ventana esperando que alguien venga y te salude. Menos si te escondés detrás de la cortina y apenas dejás ver un ojito café, de noche y cuando llueve. Está bien, ya estoy exagerando. Pero apuesto este hueso carnudo mío a que tan lejos de lo que te pasa no estoy. La verdad es que entiendo que sos tímido y que te afana que te hablen y no tener qué decir pero no cabe duda que más allá de esa sala debe estar quién quiera acompañarte a dar un paseo saltando líneas en los andenes del cemento. Un personaje por ahí de esos que lanzan cosas y te conversan como si te importara el tema o como si acaso pudieras entenderlo. ¿No te han dicho alguna vez bebé? ¿Niño? Claramente ninguna de las dos. A mí, debo decir, me molesta que me confundan o me quieran hacer parecer uno de ellos. No es cierto. Nosotros somos lo que somos. ¿Qué se creen tan interesantes como para quitarnos nuestra descripción milenaria para adaptarnos a la de ellos? Me pido 'no'. Voy por el 'gracias pero no, gracias'. Pero bueno, me fui por entre las ramas. Hablábamos de tu dizque tristeza. Ok, ok. Hablamos. En presente y aún no en pretérito. Pues bien, la verdad es que yo pasé por cosas similares cuando descubrí que además de patio existía en ante-jardín lleno de flores y un camino cual atajo a la calle cuarta en dirección al centro de la ciudad. Deberías ver esos museos casi llegando al Morro. Llenos de árboles para recostarse y darles vuelta y dejarles una marca. Uno piensa, ¿de tanto territorio marcado, aún queda territorio por marcar? Yo creo que sí. Yo creo que en ese entrecruzamiento de amoníaco queda visto que hasta para nosotros la globalización es un hecho. Pero vos, que te la mantenés de la cocina al patio, del cuarto y la cama al baño y el sanitario, vos que no hacés sino jugar a onomatopeyas humanas debajo de las sábanas, vos que sólo se te ocurre aparecerte cuando te dan pan y te lanzan un pedazo de carne como a una foca. ¿Es que te creés una foca? Habrese visto tal absurdo. Vos que no hacés sino mirar poniendo tus dos patas en ese vidrio esperando un no sé qué para no sé quién y nunca sabemos cuándo, vos, este vos al que veo oler la rendija inferior de la puerta para sentir el día y sus vientos, que no te has pillado que las redes sociales nos pertenecen a nosotros también, mejor dicho, ¿ vos me venís a decir a mí que lo único que te enseñaron para manifestar inconformidad y pereza y modorra y furia fue a ladrar?
14 de mayo de 2012
El Acomodador y la Nueva
Luego de tan larga perorata que se decía a sí mismo mientras acomodaba uno de los detergentes para ropa de color en el pasillo tres de la sección de aseo, se decidió a continuar con las cajas de cereal. Era un día feriado en el que tuvo que reemplazar a la Nueva. La tonta hermosa que, por más hermosa y nada tonta, seguro estaba durmiendo justo en ese momento con un alguien que él quisiera ser. Se decidió a hacerlo en espera de que su sacrificio al menos le diera la oportunidad de decirle a ella: "de nada, cuando quieras". De mirarla a los ojos. De permitirle gastar en ella por lo menos la mitad del salario mínimo que recibía mensualmente y que no le alcanzaba ni para olerlo. Eran ya las cinco de la tarde. Sentado en un banquito diminuto para su gordura, miró por una de las ventanas enormes del súper mercado hacia la calle 53: el cielo estaba gris y las calles, o esa calle, estaba solitaria. El cemento estaba quieto y no temblaba siquiera por la proximidad de un bus articulado. Empezaba a llover. De sus ojos, que le picaban por el polvo de los cartones, se deshidrataba un mundo solitario. Se evaporaba de arriba hacia abajo una laguna azul en la que flotaba un futuro ahogado.
7 de mayo de 2012
La última
27 de abril de 2012
Cuántas
22 de abril de 2012
Aislar
De una luz que quemara mi rostro.
De un sonido que invadiera el aire que respiro.
De un espacio finito que pudiesa palpar.
Me dejaste en un cuarto cuyas paredes son mi propia piel.
En donde estoy conmigo y a nadie puedo hablar.
Me desaparezco sin saber si sigo vivo.
¿Cómo doy cuenta de mi existencia?
¿Qué podría indicar el punto de mi yo en un aquí y en un ahora?
El encierro y el olvido.
Una noche infinita sin estrellas en el infinito temporal es ahora mi universo.
Pequeña área sin registro que navega inúltimente mi conciencia
intentando dar un mapa físico a esta cama en la que me recuesto.
A este piso y esto que parece una puerta sellada.
Siento que me encuentro entre la intersección de vivir y de estar ya muerto.
Y retorno a mi memoria y alguno de mis sueños
buscando el reto del oasis inasible
que aparece en este desierto de penumbra absoluta y silencios.
Me atacan mis nostalgias.
Suena un piano y una flauta.
Las orquestas todas retumban dentro de mi cabeza
acosándome por renacer más allá de mi cuerpo.
Un pitido constante,
ruido acumulado de todo aquello que pudo sonar en mi pasado.
Me acosa y me persigue y no puedo sino golpearme
contra las paredes rogando por orden sonoro o de nuevo filoso mutismo.
Mi mente busca manifestar a sí misma el mundo.
Crear un saco de señales en el cual pueda introducirme y asfixiarme.
Y se detiene y vuelve. Me despierta cuando estoy despierto.
No sé cuánto tiempo ha pasado ni cuanto habrá de pasar.
Ahora puedo ver luces en esta ceguera inducida.
11 de abril de 2012
En segunda persona.
Ahí en dónde está mi yo cuando soy los ojos de un ser que mira mi cuerpo.
Separado de mi carne, juzgo el acero filoso sobre mis venas en un brazo que no me pertenece.
Ausente de esta escenografía en la que he estado siempre inmerso.
Acaricio a dos palmas mi espalda.
Pues es este yo el que toca mi piel y esta piel ajena que toco.
Me he puesto otros ojos y otro espejo.
Y con ellos un yo que elude los sonidos y las carnes que sostengo.
He visto cómo ver en otro rostro
y me he visto sentir en otras manos.
Toqué mi labios con otros labios
y me sentí besado por mí.
Converge en cada yo dos mundos
que se diluyen en un sistema.
En una estructura de sensaciones
a las que yo llamo yo.
Hubo un instante
en el que el reflejo de mí mismo
era alguien más.
Y la conciencia de mí ser no existía.
Hay un ahora que cree decidir el disparo
cuando eso otro que también me abarca
ya ha optado por disparar y a qué
y el porqué.
Eras tú quien poseía en ese entonces.
Eras tú quien sostenía el arma.
¿Fueron justo ahora tus labios?
1 de abril de 2012
96
Soy este murmullo que grita.
Este río que se apaga.
La sangre que fluye de la herida.
La cabeza rota y la fruta amarga
Hay dolores ajenos que me pisan.
Mientras tanto,
me callo atrapándome en una sonrisa.
Todas las noches mientras dormir intento
aparece la penumbra afilada
y me escondo bajo el peso de la piel
y el párpado.
Y ahí te escucho, que llegas y arrancas mis nervios.
Y los estiras.
Porque no me queda sino este adentro
en donde el cuchillo y el diente habitan.
Hay dolores.
22 de marzo de 2012
Memoria sistemática.
12 de marzo de 2012
Durmiente.
De esos rostros que veré. De esos espacios sin sonido y paredes huecas y corredores sin fin. De sombras en donde todo es borroso y complementan huecos y pinturas a medio hacer. Superpuestas siguen las sensaciones en mi piel. Allá aún te siento.
Anoche me saludaste y es ya tu cuerpo y voz el globo perdido en el horizonte que alumbra con gasolina las estrellas en el fondo. Me hablaste y me dijiste que volviera a las tres. Quizás porque aún creo que tu humanidad existe en este ahora. Quizás porque no hay otra manera de existir sino creyéndote. Y ahí, en ese bar en donde hablamos y en donde no se me explicó cómo debió montarse esa realidad, tus amigos eran otros. Luego fui conciente. Un mundo lúcido se me vino en un chispaso y me dijo que todo esto bien no podría ser y era momento de retirarse sin despedirse. Te quedaste trabajando y yo vi de civil, mientras salía por el ascensor, al vigilante de mi edificio.
Cuánto temo de las imprecisiones. Y ahora es el pánico de dormir el que asfixia.
26 de febrero de 2012
Quien se preocupa.
10 de febrero de 2012
Del azar.
Con el pedregoso camino nublado y perdido que parece de oro o podredumbre.
Empuja empero el miedo al vacío de toda esta desconocida muchedumbre.
Que sin saberlo es presa inevitable del afán del futuro. Inocua servidumbre.
Dejándonos así el cansancio, el hambre y la lejanísima visión de la cumbre.
Es que son todos los destinos hijos expulsados de un padre impreciso y aleatorio.
Pues la tarea es ya vivir y nada saber y nunca adivinar en un mandato obligatorio.
Dormir y despertar en la sensación perpetua de reposar en un reformatorio.
Pidiendo, a quien creemos nos escucha, heridos de rodillas en el reclinatorio.
Todo ondula, es ambulatorio. Sólo resta la única verdad: y es el crematorio.
Cierto es que es esa sola la única llamada de sonido claro y la única final certeza.
Y nos resumiremos un día en la memoria de pocas alegrías y de muchas tristezas.
Quitando de nosotros, con uñas cortas, rostros caídos y resistentes cortezas.
Así pues no hay pobre que a la nada no tema ni sirve ser de púrpura Alteza.
Todo puede cambiar de repente y la zeta no va más aquí y viene la sorpresa.
Es mi amigo invisible: el azar
el que callado todo llega a tazar.
1 de febrero de 2012
9.
Es ahora la mitad del día y afuera el sol en Bogotá ya alumbra.
No hay lágrima que caiga ni la luz del alma se ha hecho penumbra.
El río es claro y es el tiempo, que corre a toda, un suspiro breve.
Ah veo de reojo un pelo menos en esta cabeza de poco relieve,
una arruga invisible que entre cortinas pronto hará su entrada.
Ahora quieren aflorar barrigas derretidas por tanta cucharada,
porque casi llegan los tiempos de la fiesta corta y el licor leve.
Habrá que correr un poco más. Sudar bajo el cielo mientras llueve.
O quizás entre hierros suspirar y aspirar y hacer de todo un vegetal.
Que ya la sombra de la queja constante y la llamada final y letal,
viene fría y cercana a mi encuentro como una tormenta de nieve.
Pero me queda la alegría y soy feliz en esta barca que me mueve.
He aprendido un poco a mejor caminar liberando algo de la carga.
Y con lo que amo y me ama jamás habrá adelante agua amarga
pues no hay número infeliz ni nada duele en este mi año veintinueve.
He aprendido un poco a mejor caminar liberando algo de la carga.
Y con lo que amo y me ama jamás habrá adelante agua amarga
pues no hay número infeliz ni nada duele en este mi año veintinueve.
19 de enero de 2012
Bus 491
10 de enero de 2012
El último.
4 de enero de 2012
Data
¿Qué será de todo esto? De estos niños que suben a las mesas en los segundos pisos y gritan y juegan con muñecos de Mario Bros. ¿Qué de las siluetas que entreveo? De ese don que conversaba y me explicaba sobre dos hermanos menores y una historia en un pueblo perdido de donde lo sacaron corriendo hacía ya veinte años con sus días y horas. La doña que siempre saluda y pregunta por el don que me llama fijo mensualmente a echar chisme y acompañarse de sí mismo y sus espejos. Se desvanece por cada baldosa que continúa y cada saludo que se pierde en la memoria, en la mía. Cuántas camas he tocado, en cuántos colchones de sábanas y comidas que vienen en bandejas y servilleta de tela. Ella, la última vez, estaba incómoda al ingresar y verme en pijama. Pertenecíamos, parecía tan evidente, a tantas diferencias y tantas humanas casualidades que apenas la sonrisa desdibujó la pereza y esa incomodidad y se perdió en el corredor de alfombra roja en donde nunca he de verla nuevamente o conscientemente nuevamente. Hubo una que en el primer piso de esa mole de cemento que me recordaba al Minotauro y su desgracia y que se río de alguna bobada mía colgado en el mueble y que no pretendía sino manifestar una queja al aire y el vapor colado. Cuántos que llegan sin dejar marca y se van. Cuántos sonidos de fondo e imágenes y palabras y juegos de palabras y canciones y risas y espacios vacíos que con miedo caminé y que se iluminan y se oscurecen y quizás se llenan vaciándose para asustar a alguien que nunca supo que yo estuve ahí sintiendo ese temor inexplicable que nos empuja a caminar rápido y mirar de lado a lado. Cuánta memoria tiene el universo que acumula todos los sucesos. Yo apenas puedo con unos pocos míos y quiero dormir sin sueño ni pesadilla en un eterno por siempre para siempre en donde todo esté presente y perceptible y no haya que preguntar porque las respuestas nunca se fueron para volver con moño rojo escondidas, esperando ser llamadas, encontrandas, violadas. Un punto entrópico en que todo converge a una voz que me habla sin sonido dentro de mí y me indica qué escribir mientras mis dedos pulsan y construyen códigos que brotan de las entrañas de mi infancia y mi primera lengua. Ahora acostado con un aparatejo sobre mis piernas. Hace poco usaba esferos. Ahora, sólo me sirven para firmar y unas pequeñas notas.
27 de diciembre de 2011
En los míos.
No es lo que yo haría si estuviera en tu misma situación. Es lo que deberías decirme cuando lo esté. Por eso te lo digo.
12 de diciembre de 2011
El cuarto de al fondo.
Cuan callada suena al fondo la noche. Cómo se va el ruido de las motos y el bus verde que siempre espera vacío en la esquina. Mojada su superfice en el reflejo del poste de luz que a medias traza su sombra. Pasa esta hora como pasa la huella de un mañana en silencio. Y salpican, saltan. Corren las brumas y la espuma entre los dedos de quienes pagan con billetes los cigarrillos y los dulces. Se desparraman los racimos de los árboles ficticios, de entre tiendas y señoras gordas en chanclas y sillas rojas de plástico y frío y bufandas. El silbido que sale de una boca incierta llama a un suspiro mío y a un beso tuyo.
20 de noviembre de 2011
El número por 2.
La verdad estaba en ese archivo. Todas las personas que bajo su yugo habían caído, todas las historias inventadas, todas esas pantominas y esas cortinas de humo, que eran de hierro. Sabía que sólo debía encontrarse ese pequeño dispositivo que acumulaba un historial macabro de gritos y opresiones.
Se hizo un matemático primerizo para sobrellevar la carga de no encontrar una clave perfecta que sólo él pudiese saber y conocer. A través de una serie de mecanismos intentaba obtener una distribución adecuada de letras, números y símbolos que le permitieran sólo a él acceder al contenido.
Había sido sistemático y decidió armarse de toda la academia que pudo.
Carpetas de fotografías y videos acumulados de ya varias décadas de actividad constante y apasionada. De estudios formales y estadísticas. Entrevistas de tantas bocas rojas. Tantos cuerpos desnudos. Tantos suspiros y gritos. Imágenes de centenas de algoritmos e intentos tangibles, a ensayo y error, hechos a mano entre la desesperación y la convicción de quien sólo cree cierta su propia visión del mundo que le contiene.
Amontonada estaba la prueba, en ese ícono símbolo visible titilando en la pantalla de su computador y cuyo nombre era una cifra de errores sistemáticos, de almas. Él sólo necesitaba una clave perfecta.
Se hizo un matemático primerizo para sobrellevar la carga de no encontrar una clave perfecta que sólo él pudiese saber y conocer. A través de una serie de mecanismos intentaba obtener una distribución adecuada de letras, números y símbolos que le permitieran sólo a él acceder al contenido.
Había sido sistemático y decidió armarse de toda la academia que pudo.
Carpetas de fotografías y videos acumulados de ya varias décadas de actividad constante y apasionada. De estudios formales y estadísticas. Entrevistas de tantas bocas rojas. Tantos cuerpos desnudos. Tantos suspiros y gritos. Imágenes de centenas de algoritmos e intentos tangibles, a ensayo y error, hechos a mano entre la desesperación y la convicción de quien sólo cree cierta su propia visión del mundo que le contiene.
Amontonada estaba la prueba, en ese ícono símbolo visible titilando en la pantalla de su computador y cuyo nombre era una cifra de errores sistemáticos, de almas. Él sólo necesitaba una clave perfecta.
25 de octubre de 2011
Un cuarto de media mitad.
No supo qué decirle. Le temblaban los labios ante su mirada que parecía evaluarla y juzgarla. Sin saber que ella, al frente, de frente esperaba ser empujada y desgarrada. Él tenía el control parcial de la situación. Era ella quien con su mirada, le indicaba avanzar o retroceder.
La noche se hacía cada vez más negra. De fondo apenas si escuchaban personas caminando (o corriendo) de escape de ese aguacero diminuto que llevaba apenas unos minutos cayendo. Ellos tomaron el bus a tiempo y se bajaron a tiempo. La primera gota cayó justo en el momento en que cruzaron la puerta del edificio y saludaron en casi un suspiro al vigilante. "Ricardo, buenas noches. Una compañera de trabajo". Ricardo, cubierto de cuatro metros de bufanda, musitó algunas palabras de saludo y feliz noche casi incomprensibles y los ojos, que se escondían en ese mar apretujado de lana, cerraban por la modorra y el tedio de doce horas de espera y de apretar el botón de entrada y salida. Subieron cuatro pisos en silencio. Llevaban más o menos dos meses de conocerse, un mes de gustarse, quince días de hablarse con confianza, diez de invitarse en grupo a algo más tarde, cinco de tropezarse, tres de encontrarse las rodillas cuando las sillas pegadas en las reuniones no daban espacio para más, dos de tocarse las manos, uno de invitarse a coger el bus juntos un día de estos ya que eran más o menos vecinos. (O eso les gustaba creer. Más menos que más pero cada quién elige la distancia que le resulta conveniente. De hecho, vivían a media hora en taxi el uno del otro). Él la hizo entrar tocándole quedito la espalda como quien quiere presionar con elegancia el ingreso a un espacio común y muy esperado. Ella sintió ese corrientazo de pedazo de tela peluda que pasa por el omoplato desnudo. Le ofreció la silla de enfrente y el sillón y el tapete y la silla del comedor. Realmente no dijo nada. O sí, fue con la cabeza que le indicaba en dónde sentarse. Mejor dicho, le dijo con un trío de gestos siéntese donde usted quiera, bien pueda, pero siéntese, ya. Déjeme tocarla, déjeme sacar todas estas palabras que me obstruyen la manzana de Adán y no me dejan respirar. Déjeme decirle cuántas ganas le tengo. Cuánto quiero abrazarme en cucharita con usted. Ella, que no entendía ese vaivén perdido de la cabeza de él, atintó a poner media nalga en el cojín de la mitad. Lo miró nerviosa invitándola a acompañarla. No supo qué decirle. Le temblaban los labios ante su mirada que parecía evaluarla y juzgarla. Sin saber que ella, al frente, de frente esperaba ser empujada y desgarrada. Él le quiso quitar una pelusa en el hombro. Primero la sopló y luego pensó que era la oportunidad para posar un par de dedos sobre ella. Luego se dijo, listo, aquí fue, y le acomodó un racimo de cabellos no desacomodados para ponérselos detrás de la oreja en donde ya estaban previamente. Empezó a rozarle la frente con la yema de los dedos índice y pulgar, luego la parte superior de la nariz, luego la comisura derecha. Ella, que entraba casi en un estado de taquicardia, se dejaba palpar de a pedazos imaginando a futuro lo que él palparía esa noche. Lo que le dejaría palpar y morder. Se escuchaba la noche por ahí, filtrándose, deslizándose por entre las ventanas y los pinos sembrados en el patio del conjunto. Alguien sonreía en otra ventana ajeno a lo que pasaba en esta mientras veía la televisión. A ellos les quedan las horas y las cucharas artificiales. Poses clásicas y número y letras y cuatros y sesenta y nueves. En la mañana, a la hora de volver a trabajar y de mirarse a los ojos rapidito simulando una dizque frialdad y un aquí no ha pasado nada, se tocarían las rodillas para confirmarse que habría sin duda otra media nalga para sentar.
La noche se hacía cada vez más negra. De fondo apenas si escuchaban personas caminando (o corriendo) de escape de ese aguacero diminuto que llevaba apenas unos minutos cayendo. Ellos tomaron el bus a tiempo y se bajaron a tiempo. La primera gota cayó justo en el momento en que cruzaron la puerta del edificio y saludaron en casi un suspiro al vigilante. "Ricardo, buenas noches. Una compañera de trabajo". Ricardo, cubierto de cuatro metros de bufanda, musitó algunas palabras de saludo y feliz noche casi incomprensibles y los ojos, que se escondían en ese mar apretujado de lana, cerraban por la modorra y el tedio de doce horas de espera y de apretar el botón de entrada y salida. Subieron cuatro pisos en silencio. Llevaban más o menos dos meses de conocerse, un mes de gustarse, quince días de hablarse con confianza, diez de invitarse en grupo a algo más tarde, cinco de tropezarse, tres de encontrarse las rodillas cuando las sillas pegadas en las reuniones no daban espacio para más, dos de tocarse las manos, uno de invitarse a coger el bus juntos un día de estos ya que eran más o menos vecinos. (O eso les gustaba creer. Más menos que más pero cada quién elige la distancia que le resulta conveniente. De hecho, vivían a media hora en taxi el uno del otro). Él la hizo entrar tocándole quedito la espalda como quien quiere presionar con elegancia el ingreso a un espacio común y muy esperado. Ella sintió ese corrientazo de pedazo de tela peluda que pasa por el omoplato desnudo. Le ofreció la silla de enfrente y el sillón y el tapete y la silla del comedor. Realmente no dijo nada. O sí, fue con la cabeza que le indicaba en dónde sentarse. Mejor dicho, le dijo con un trío de gestos siéntese donde usted quiera, bien pueda, pero siéntese, ya. Déjeme tocarla, déjeme sacar todas estas palabras que me obstruyen la manzana de Adán y no me dejan respirar. Déjeme decirle cuántas ganas le tengo. Cuánto quiero abrazarme en cucharita con usted. Ella, que no entendía ese vaivén perdido de la cabeza de él, atintó a poner media nalga en el cojín de la mitad. Lo miró nerviosa invitándola a acompañarla. No supo qué decirle. Le temblaban los labios ante su mirada que parecía evaluarla y juzgarla. Sin saber que ella, al frente, de frente esperaba ser empujada y desgarrada. Él le quiso quitar una pelusa en el hombro. Primero la sopló y luego pensó que era la oportunidad para posar un par de dedos sobre ella. Luego se dijo, listo, aquí fue, y le acomodó un racimo de cabellos no desacomodados para ponérselos detrás de la oreja en donde ya estaban previamente. Empezó a rozarle la frente con la yema de los dedos índice y pulgar, luego la parte superior de la nariz, luego la comisura derecha. Ella, que entraba casi en un estado de taquicardia, se dejaba palpar de a pedazos imaginando a futuro lo que él palparía esa noche. Lo que le dejaría palpar y morder. Se escuchaba la noche por ahí, filtrándose, deslizándose por entre las ventanas y los pinos sembrados en el patio del conjunto. Alguien sonreía en otra ventana ajeno a lo que pasaba en esta mientras veía la televisión. A ellos les quedan las horas y las cucharas artificiales. Poses clásicas y número y letras y cuatros y sesenta y nueves. En la mañana, a la hora de volver a trabajar y de mirarse a los ojos rapidito simulando una dizque frialdad y un aquí no ha pasado nada, se tocarían las rodillas para confirmarse que habría sin duda otra media nalga para sentar.
7 de octubre de 2011
Pupila
Se unen con este cuerpo todas tus sombras, toda la magia de las pestañas que se quedaron a rastras en las lágrimas que nos bañaron. Ese día cuando volviste otra vez a mí.
30 de septiembre de 2011
Para Tefa, con puño y letra, sin puño ni cachetada.
Esto prentendía ser un comentario de halago y admiración en un blog que me gustó mucho pero como hablo por contrato y básicamente porque hasta las flores se cansan de mi discurso, me tocó, figuró, me vi en la obligación de escribirlo como entrada en mi blog particular. ¿Propósitos publicitarios? Todos. Hay que aprovechar. Ahí va:
"Hola señorita, ¿señora? Yo queriendo ser educado -querido- y ya empecé mal, creo.
En primer lugar (primero que todo) me gustaría decirte que elegiste muy bien tu sobrenombre. O al menos a mí me encanta. Qué nick corto, efectivo y curioso. Así pues, felicitaciones. ¿Cómo llegaste a él?
Oye, hay que decirlo empujando, me gusta el tono en que escribes. Debe ser difícil, no me cabe duda, mantener un tono amable y controlado cuando intentan sacarte la piedra y poner el dedo en la herida luego del latigazo mientras, seguro, el rancho propio les está ardiendo. Van dos felicitaciones. Mejor dicho, ya me da miedo redactar acá, para ser precisos, que no exactos, dos veces que digo felicitaciones. Pfiuuu...¿Por qué se escribe siempre esa palabra en plural?
He disfrutado mucho leyendo los comentarios de apoyo. Pero disfruté más, y qué pena la sinceridad, leyendo los que te critican. Son muy divertidos la mayoría, alzados, busca-broncas y, en general, ingenuos.
Me quedé con un par inquietudes: uno, ¿la gramática desde cuándo es una ciencia? La filología quizás sí lo es; pero me late-chocolate que tampoco. ¡Mi reino de dos pesos a que no! Dos, se me hace que cometes
un error estadístico o, lo que llamaríamos, un problema de selección de grupo de control cuando dices ¿qué culpan tienen los mexicanos?
Ninguna, quizás la única culpa que tienen es que me piquen mucho sus chiles aunque me gusta el picante. Al final es mi culpa por pretencioso...pero bueno, luego dices que "a Colombia se la está carcomiendo una enfermedad llamada odio..," y "he aquí otro ejemplo de lo que es Colombia". Hay que decir que toda muestra representativa es una muestra pero no toda muestra es una muestra representativa. Ese problema de las generalizaciones sí que es un problema. Mi abuela, claro, decía: “es que uno se la puede pasar conociendo a todo el mundo”. Como cuando, de vuelta por las Europas, me decían, por supuesto, es que usted como es latino seguro baila y muy bien, y yo decía, pues no sé qué tan bien bailo pero me bailo hasta el sonido de una gotera y no sólo porque sea latino. Los hay que tienen el ritmo de un aguacero o de una balacera (en medio de un aguacero).
Por demás, muy bonito lo que escribes, me gusta el tema de la ortografía e intento con cierto esfuerzo perezoso escribir siguiendo las reglas que conozco y aprender las que desconozco. También obviar
las que sinceramente no me interesan. Por ejemplo, undécimo, decimo primero, onceavo, me tiene sin cuidado. Al final no hay desviación ninguna frente a lo que se quiere decir y lo que se dice.
Eso me quedó experimentando otros idiomas en mis estudios profesionales. Me desgastaba mucho intentando ser correcto en la gramática inglesa o alemana cuando lo que a mis interlocutores les importaba era que fuera efectivo y eficiente y pudiera expresar lo que me interesaba y que ellos me lo entendieran. Así que de “make an effort” o “put an effort”, “make the bed”, “do the bed” hay tanta distancia como de “con base en” a “en base a”. (Como escribir dos veces “y” a cambio de una “coma”). Al final, diría una excompañera de trabajo, "es la misma gata sólo que revolcada”.
Pero pues, al final, cada cual a lo que le guste. Y a lo que le disguste. Para este pechito no hay un argumento totalmente válido que no esté sesgado por el capricho en estas materias de la comunicación y los lenguajes. Las redes cuando sociales traen el velo de la incompresión. Paila game over insert coin push start.
Y ya, mi queridísima, qué bueno poder escribirte. Me siento en un estado de comodidad que lo único que me haría falta sería una cerveza, o dos, o tres…para luego derivar en un slang incomprensible y, por lo
mismo, entretenido y chistín.
Es decir, lo importante no es la verdad sino el placer de pretender discutirla. Luego a dormir pa’ siempre que la entropía le echa agua a todas las fiestas. Muchos saludos. Todos.
(Yo acá escribiéndote desde el trabajo con mi jefe acosándome cual dedo de telégrafo sólo que en mi hombro derecho)
¡Abrazos!"
"Hola señorita, ¿señora? Yo queriendo ser educado -querido- y ya empecé mal, creo.
En primer lugar (primero que todo) me gustaría decirte que elegiste muy bien tu sobrenombre. O al menos a mí me encanta. Qué nick corto, efectivo y curioso. Así pues, felicitaciones. ¿Cómo llegaste a él?
Oye, hay que decirlo empujando, me gusta el tono en que escribes. Debe ser difícil, no me cabe duda, mantener un tono amable y controlado cuando intentan sacarte la piedra y poner el dedo en la herida luego del latigazo mientras, seguro, el rancho propio les está ardiendo. Van dos felicitaciones. Mejor dicho, ya me da miedo redactar acá, para ser precisos, que no exactos, dos veces que digo felicitaciones. Pfiuuu...¿Por qué se escribe siempre esa palabra en plural?
He disfrutado mucho leyendo los comentarios de apoyo. Pero disfruté más, y qué pena la sinceridad, leyendo los que te critican. Son muy divertidos la mayoría, alzados, busca-broncas y, en general, ingenuos.
Me quedé con un par inquietudes: uno, ¿la gramática desde cuándo es una ciencia? La filología quizás sí lo es; pero me late-chocolate que tampoco. ¡Mi reino de dos pesos a que no! Dos, se me hace que cometes
un error estadístico o, lo que llamaríamos, un problema de selección de grupo de control cuando dices ¿qué culpan tienen los mexicanos?
Ninguna, quizás la única culpa que tienen es que me piquen mucho sus chiles aunque me gusta el picante. Al final es mi culpa por pretencioso...pero bueno, luego dices que "a Colombia se la está carcomiendo una enfermedad llamada odio..," y "he aquí otro ejemplo de lo que es Colombia". Hay que decir que toda muestra representativa es una muestra pero no toda muestra es una muestra representativa. Ese problema de las generalizaciones sí que es un problema. Mi abuela, claro, decía: “es que uno se la puede pasar conociendo a todo el mundo”. Como cuando, de vuelta por las Europas, me decían, por supuesto, es que usted como es latino seguro baila y muy bien, y yo decía, pues no sé qué tan bien bailo pero me bailo hasta el sonido de una gotera y no sólo porque sea latino. Los hay que tienen el ritmo de un aguacero o de una balacera (en medio de un aguacero).
Por demás, muy bonito lo que escribes, me gusta el tema de la ortografía e intento con cierto esfuerzo perezoso escribir siguiendo las reglas que conozco y aprender las que desconozco. También obviar
las que sinceramente no me interesan. Por ejemplo, undécimo, decimo primero, onceavo, me tiene sin cuidado. Al final no hay desviación ninguna frente a lo que se quiere decir y lo que se dice.
Eso me quedó experimentando otros idiomas en mis estudios profesionales. Me desgastaba mucho intentando ser correcto en la gramática inglesa o alemana cuando lo que a mis interlocutores les importaba era que fuera efectivo y eficiente y pudiera expresar lo que me interesaba y que ellos me lo entendieran. Así que de “make an effort” o “put an effort”, “make the bed”, “do the bed” hay tanta distancia como de “con base en” a “en base a”. (Como escribir dos veces “y” a cambio de una “coma”). Al final, diría una excompañera de trabajo, "es la misma gata sólo que revolcada”.
Pero pues, al final, cada cual a lo que le guste. Y a lo que le disguste. Para este pechito no hay un argumento totalmente válido que no esté sesgado por el capricho en estas materias de la comunicación y los lenguajes. Las redes cuando sociales traen el velo de la incompresión. Paila game over insert coin push start.
Y ya, mi queridísima, qué bueno poder escribirte. Me siento en un estado de comodidad que lo único que me haría falta sería una cerveza, o dos, o tres…para luego derivar en un slang incomprensible y, por lo
mismo, entretenido y chistín.
Es decir, lo importante no es la verdad sino el placer de pretender discutirla. Luego a dormir pa’ siempre que la entropía le echa agua a todas las fiestas. Muchos saludos. Todos.
(Yo acá escribiéndote desde el trabajo con mi jefe acosándome cual dedo de telégrafo sólo que en mi hombro derecho)
¡Abrazos!"
18 de septiembre de 2011
Yo think dass.
No se trata de que sea como fue sino que se trata de que sea como nosotros creemos que fue.
5 de septiembre de 2011
WeBquity
WeBquidad.
Que no nos quedemos atrás.
Que atrás están los cables y la bruma.
Que la bruma no me deja agarrarte la mano.
Que necesito de tu mano para existir.
Pues sólo soy mientras fluya entre nosotros el éter invisible.
Y las palabras.
Y los silencios.
Los papeles inundan las calles y yo me ahogo entre los árboles que se mecen en las últimas.
Que no nos quedemos atrás.
Que atrás están los cables y la bruma.
Que la bruma no me deja agarrarte la mano.
Que necesito de tu mano para existir.
Pues sólo soy mientras fluya entre nosotros el éter invisible.
Y las palabras.
Y los silencios.
Los papeles inundan las calles y yo me ahogo entre los árboles que se mecen en las últimas.
26 de agosto de 2011
Al otro lado del charco
Era de noche.
Se levantó.
"No. No es la ciudad. Soy yo. Por mí es por el cual corre el frío y el humo negro. Es este yo el que sacia su sed con poca agua. Es la garganta que duele luego de salir a caminar. Es simplemente que no estás tú."
6 de agosto de 2011
Paila.
"¡Pero, claro, lo sabías!. Nada llega de él sin un costo para vos y para mí. ¡Para todos! A costa de algo. Lo que te perdás, lo que te pierda: ¡pues te jodiste!"
Ella sólo pudo inclinar con vergüenza la cabeza. Le pesaba no haber notado que se le iba de a pocos. Que entre tantas aparentes charlas y fiestas se le deslizaba de a gotas frías por las yemas de los dedos. Él sólo podía mirar hacia el frente, en dirección a su oreja izquierda. Sin mirar a los ojos. Como en foto de graduandos. Era incapaz de siquiera tocarla.
"Perdoname, mañana lo hago mejor".
"Tenés que. El ayer retorna sólo en nostalgias".
Ella sólo pudo inclinar con vergüenza la cabeza. Le pesaba no haber notado que se le iba de a pocos. Que entre tantas aparentes charlas y fiestas se le deslizaba de a gotas frías por las yemas de los dedos. Él sólo podía mirar hacia el frente, en dirección a su oreja izquierda. Sin mirar a los ojos. Como en foto de graduandos. Era incapaz de siquiera tocarla.
"Perdoname, mañana lo hago mejor".
"Tenés que. El ayer retorna sólo en nostalgias".
24 de julio de 2011
Me ahogo.
Se hundía. El agua a pocos centímetros de su cuello subía lentamente. Un minuto necesario para avanzar una uña meñique de distancia. Pudo pensar en su pasado. Tuvo tiempo para recapitular viejos recuerdos. Algunos perdidos entre la maleza de la nostalgia. Algunos sin embargo maravillosos: besos, sonidos, olores a mango en la mesa. Todo se iba en una cubeta a medias. Los que amaba. Esos rostros que dejaría y quienes se disolvían como la sal en la desesperación y la taquicardia. Respiraba agitadamente. No podía concentrarse más. El agua lo alejaba en este punto de pensamientos particulares o largos o concisos y se encaramaba a él como una babosa cubriéndolo todo. Sentía cómo la nada y la muerte expresadas en líquido diáfano le abrazaba inesperados recovecos enredándole las piernas y el torso en una tela de seda que apunta a encerrar al gusano. Finalmente se conectaron todos los hilos y tejidos poniendo llave y candado para siempre en ese cascarón. El manantial de vida lo mató.
13 de julio de 2011
Yas.
¿Entiendes? Le dijo
Bueno, entiendo con una claridad de miedo, diría yo, en una aproximación asintótica a la iluminación académica, mejor dicho, entiendo que el asunto es considerablemente bien complicado. ¿Cierto? Le respondió. –ella 1-
El tema, la verdad, es que en este preciso caso lo menos esperado es lo que, de hecho, pasó. En esa medida, tú vislumbramiento -que ni de la espada del Augurio-, es, claramente, posible, pero es sobre todo, y esto sí que viene al caso, plausible. Le enfatizó. – ella 2-
Entonces creo que debiste preguntarme si te explicabas tú correctamente. Porque asumiste que tu modelo estructural de lenguaje debía ser apenas el mismo o un poco menos que eso. ¿Me explico? Le preguntó. –ella 1-
Es cierto, me explico no dándome a entender cuando infiero que tus axiomas son los mismos. ¿Te explico? Le respondió una pregunta con otra pregunta. –ella 2-
Bueno, entiendo con una claridad de miedo, diría yo, en una aproximación asintótica a la iluminación académica, mejor dicho, entiendo que el asunto es considerablemente bien complicado. ¿Cierto? Le respondió. –ella 1-
El tema, la verdad, es que en este preciso caso lo menos esperado es lo que, de hecho, pasó. En esa medida, tú vislumbramiento -que ni de la espada del Augurio-, es, claramente, posible, pero es sobre todo, y esto sí que viene al caso, plausible. Le enfatizó. – ella 2-
Entonces creo que debiste preguntarme si te explicabas tú correctamente. Porque asumiste que tu modelo estructural de lenguaje debía ser apenas el mismo o un poco menos que eso. ¿Me explico? Le preguntó. –ella 1-
Es cierto, me explico no dándome a entender cuando infiero que tus axiomas son los mismos. ¿Te explico? Le respondió una pregunta con otra pregunta. –ella 2-
7 de julio de 2011
En la ubicación.
"¿Qué me voy a poner a hacer? ¿Queda acaso algo más para este silencio y este frío y esta ausencia?" No supo qué decirle. Sentía que había sido todo un error, un malentendido. Que no era simplemente lo que él creía. Una historia increíble. Una excusa. "¿Qué?" Apenas murmulló: "no sé".
5 de julio de 2011
48
¿Cuándo pasa el tiempo? era lo que a oscuras en el corredor del edificio ella se preguntaba el día 48.
3 de julio de 2011
En 4.
"¿Qué será de las sombras cuando yo me vaya?" Se preguntaba enredada entre rocas de azúcar, escondida en una grieta de dos centímetros, detrás de la cómoda, a cuatro patas, mirando a todos lados, en la negra noche, una cucaracha.
27 de junio de 2011
Me la bailo.
Le decía a su hijo de cuatro años mientras sonaba un merengue en el carro. Justo en la parada del semáforo y a mitad del camino de la casa al colegio. "Cómo me gusta el Merengue. Es necesario aquí aclarar que no te estoy hablando del merengue musical. Tampoco, del merengue como postre sino del merengue que se baila, del que se escucha. El de caderas. Sus maneras y formas. Sus golpes lentos no carentes de gracia sino llenos de fiesta y cuerpos sudados. No es una marcha puntual y cuadriculada como, aunque no te lo creas, lo dijo alguien por ahí. Qué cosa tan absurda, ¿no? Pero bueno, ¿no crees tú que la agitadera viene claramente de una tierra gigante de músicas y bailes, de cumbias, de salsas sabrosas, de samba. Un mundo de pájaros y bananos, de un lugar con gentes múltiples para quienes a pesar de la marcha que les resulta vivir, siempre bailan?". Se quedó callado mirando el cielo a través de la ventana. Su hijo un poco distraído pensaba en qué comería y a qué horas. Ya tenía hambre. "Stimmt". Le dijo, pues aprobaba esa sentencia y estaba totalmente de acuerdo."
"Fíjate. Me da la impresión que va a llover". Dejó en claro nuevamente a su hijo.
18 de junio de 2011
Olla en el fogón.
No quedaban en la bolsa más marañones. ¿Qué hacer? ¿En dónde podría y a esa hora conseguir nueces para el pesto? Ella llegaría en media hora y él estaba aún intentando sacar con un tenedor los pedazos que estaban atrapados en la licuadora. El horno a punto, la paila sobre el fuego a punto, el vino blanco ya en la nevera tomando tono y frescura. Condones en el lugar adecuado, lubricante en el rincón justo. Una lista de música pensada con detalle para avivar el sí. Ropa elegante, un poco holgada para disimular la incipiente barriga y sobretodo fácil de quitar.
Decidió entonces ir a la tienda que quedaba a la vuelta. Eran dos cuadras y media. Cuatro minutos más o menos. ¿Y el fuego que ardía en las ollas? Todo cuadraba al parecer. Había el tiempo justo Se puso el saco de domingo, los primeros zapatos que encontró y salió del apartamento. Eran tres llaves, claro. Una para la puerta, otra para la reja de la puerta y otra para la reja del patio que tenía, como protección, un candado. En par voliones hizo todo, llegó al pequeño mercado y consiguió, menos mal, las tres bolsitas que necesitaba. Pagó, dio las gracias a Doña Mery -la de la tienda- y se devolvió casi corriendo, del mismo modo en que lo haría trotando en la mañana mientras le daba vueltas al parque. Finalmente, en frente de su casa, respirando a medias (la falta de ejercicio, ustedes saben), buscó azarado y afandísimo cómo abrir el dichoso y oxidado candado. Primero, una mano en el bolsillo derecho en donde usualmente guardaba las llaves. Nada. Segunda opción: en el otro bolsillo podría ser ya que no había llevado en ese afán el celular y siempre lo ponía en el izquierdo. Nada. ¿En el buso? No tenía espacio ninguno, hueco ninguno, sólo vejez, sólo dejadez. Sólo mugre. No había nada qué hacer. Miró al cielo suspirando levemente. Había olvidado dentro las llaves.
Decidió entonces ir a la tienda que quedaba a la vuelta. Eran dos cuadras y media. Cuatro minutos más o menos. ¿Y el fuego que ardía en las ollas? Todo cuadraba al parecer. Había el tiempo justo Se puso el saco de domingo, los primeros zapatos que encontró y salió del apartamento. Eran tres llaves, claro. Una para la puerta, otra para la reja de la puerta y otra para la reja del patio que tenía, como protección, un candado. En par voliones hizo todo, llegó al pequeño mercado y consiguió, menos mal, las tres bolsitas que necesitaba. Pagó, dio las gracias a Doña Mery -la de la tienda- y se devolvió casi corriendo, del mismo modo en que lo haría trotando en la mañana mientras le daba vueltas al parque. Finalmente, en frente de su casa, respirando a medias (la falta de ejercicio, ustedes saben), buscó azarado y afandísimo cómo abrir el dichoso y oxidado candado. Primero, una mano en el bolsillo derecho en donde usualmente guardaba las llaves. Nada. Segunda opción: en el otro bolsillo podría ser ya que no había llevado en ese afán el celular y siempre lo ponía en el izquierdo. Nada. ¿En el buso? No tenía espacio ninguno, hueco ninguno, sólo vejez, sólo dejadez. Sólo mugre. No había nada qué hacer. Miró al cielo suspirando levemente. Había olvidado dentro las llaves.
9 de junio de 2011
Mecha.
Miraba el techo blanco con detenimiento. Poco a poco se fue cobijando pues el frío glacial se entraba por entre la puerta que nunca cerraba bien. Siempre llevándose a rastras el tapete para abrirse. Intentaba concentrarse en dormir y se decía a sí mismo una y otra vez "Es hora. Apágate". Sin embargo, apagarse le recreaba cables y botones. Luces rojas que como vampiros estaba ahí entre enchufes escondidos detrás del sofá y de los sillones malgastando el flujo que algún día, destino cruel termodinámico, dejaría de suplir semejante consumo. Podía casi, pero es que mejor dicho, como si estuviera ahí, decía, podía prácticamente ver la extinción de todas las estrellas. Primero restarían miles de millones de millones, luego miles de millones, luego millones, luego cien miles, luego miles, luego cientas, luego unas cuantas decenas, seguido apenas unas ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos y finalmente quedaría una estrella en un infinito universo solo y vacío y aburridísimo como el que más, apenas alumbrando la nada en donde seguramente nadie vive ni hay quien cuente la historia. Como una vela en el viento que el Día de las Velitas está a punto de desaparecer, ya sea por el viento y la lluvia que nunca falta para esa conmemoración o porque no hay ni mecha ni cera para sostenerla. Como una llama de la estufa que le cae agua. Así veía esa moribunda estrella perderse en la lejanía de un pasado brillante y de carácter fuerte, de novela de medio día, con explosiones y arcoiris, ondas que arrastraban todo, flores que chupaban, pieles que se bronceaban, aguas que se evaporaban. "Apágate". E intentaba apretar con los dedos diferentes partes de la piel. En el culo, en las piernas, en la cabeza, en un ojo pensando que quizás sí había un interruptor para largarse de ese momento pragmático y poder ir de parche con Morfeo y Baco y hasta Jesús. ¿Quién dice que no son parranderos? A todos les gusta la pachanga, fijo. Pero no le funcionaba. Sabía que con planetas, luceros y cometas, al otro día tenía que levantarse a cumplir con el requisito, siempre aburrido, de existir y trabajar y hacer charlas y lobby y política y volver y, mejor dicho, hacer todo eso que todos hacen y que él hacía y llevaba haciendo por años. Seguramente en la vida que ya pasó, si es que lo de las reencarnaciones es verdad, le tocó la misma vaina. En la siguiente sería igual. Y en la que le sigue a esa. "Mejor que se apague esa vela" se dijo poniendo énfasis y deteniéndose en todas las sílabas. "No la prendas, apágala". De repente, abrió los ojos y ya eran las seis de la mañana. Con él una estrella en lo profundo.
1 de junio de 2011
Compás.
Era innecesario que lo intentara. No había realmente qué contorsionarse de esa manera. La cabeza bajaba con el tono de la cuerda del violín y se inclinaba en dirección a su pie derecho. La espalda recta. Las puntas de los pies en el ángulo correcto para sostener en equilibrio el cuerpo. Iba al son de cada golpe, de cada sonido del tambor, del cuero, de las palmas. Perfectamente sincronizada en piso y frente al auditorio. A todos esos ojos que miraban.
No hacía falta, sin embargo, demostrar tanta técnica ni gracia. Bastaba con que lo mirara a los ojos a la salida del teatro. Era lo único que él, sentado viéndola danzar, le pedía para sacarla a caminar.
No hacía falta, sin embargo, demostrar tanta técnica ni gracia. Bastaba con que lo mirara a los ojos a la salida del teatro. Era lo único que él, sentado viéndola danzar, le pedía para sacarla a caminar.
26 de mayo de 2011
22 de mayo de 2011
Tocando la manija.
Era dolor. Al mirarla, supo que era dolor. La gesticulación, todo el grupo de músculos trabajando conjuntamente para crear en ella una imagen fiel y clara ante sus ojos de cuánto la hacía sufrir. Le corrían ya algunas lágrimas entre los ojos. Arrugaba la frente intentando sin éxito no llorar, no mostrar que acababan de pisotearla y que se sentía humillada, apartada y olvidada. Apenas pudo bajar un poco la cabeza y posar la línea de su pupila con las baldosas a cuadros. Pasaban los segundos. Mortales. El cuarto empezó a llenarse de sentimientos empujando por entre los espacios disponibles los gases inertes. Sólo se escuchaba el sollozar de la garganta de esa mujer quien, sabía claramente, había amado. Se preguntaba qué había pasado entre esos días, ahora pasados, estando juntos, con comidas en medio y planes y familia y amigos. Promesas de paraisos perdidos, viajes y sonrisas. De cuando se comían hasta la saciedad y la gula. De cuando se comían todos sus mutuos recovecos. Qué había pasado para que simplemente la rama que comunicaba sus mundos se hubiese roto para jamás rehacerse. Él configuró una máscara de vergüenza y de impotencia, supo que no podía hacer nada más que caminar por ese rincón oscuro de la mentira y la traición en donde él debía ser el culpable y ella quien sufría las consecuencias del delito. Se acercó apenas un pequeño paso en dirección a ella que parecía desmoronarse lentamente dejando caer de entre sus dedos el papel con la anotación a esfero negro que evidenciaba todo. Miraba solamente sus zapatos que él creía estaban temblando. No era capaz de enderezarse y decirle que debía irse, que no le quedaba más tiempo con ella y que la puerta siempre para él, desde el día uno hasta ese justo instante, había estado abierta. Era un hueco entre las paredes para siempre partir. Pusos sus ojos en dirección a la ventana y a la misma altura en que estaba la cabeza de ella. Afuera sólo se escuchaba el vacío. Algunos carros pasaban. Comenzó a pasarse la lengua por entre los labios como si quisiera lubricar la guillotina que resultaba su boca. Quería desangrarse y era él quien filtraba la vida de ella. Suspiró sin hacer mucho ruido pero profundamente. Mañana muero, ahora ya lo sabes de mi boca. Intentó pronunciar algo más. Añadir explicaciones de por qué había tomado una decisión semejante olvidando tanto pasado y tanta agua bebida y por beber. Ella no pudo siquiera repetir lo que acababa de escuchar. Sólo le quedaba entre las nostalgias el sonido de los zapatos que casi arrastrándose se iban cruzando la puerta.
17 de mayo de 2011
El peso.
Por supuesto no valía la pena. No tenía sentido discutir semejante cosa con quien ignoraba todo cuanto había pasado. Todas las largas caminatas. Todos los bultos que sus hombros habían resistido. Todo el peso del sol y el sudor y la piel descalza que se deshacía por el maltrato constante de un camino sin delinear. Era simplemente imposible pensar que esos ojos de vidrio de muñeco pudiesen tan siquiera compadecerse por el nivel de agitación, por el sonido fibrilante de su garganta, por sus cayos ni por la piel que ya parecía forrar los huesos. Iba hasta el pico de la colina a rellenar de tierra cada uno de las decenas de sacos dispuestos a sus pies. Le tomaba más de tres horas completar uno solo. La caminata era ardua y desgastante. Le daba tiempo para pesar su desgracia y este castigo infame por el pecado de otro. Pero no había más. Es lo que hay. Era lo que había. Dedicó horas y horas, de varios días y de un par de semanas para completar la labor. Siempre al volver miraba de reojo a su carcelero, al muro blanco de su rostro esperando al menos una comisura que se moviera en alas de conmiseración, una mirada de cariño, una palabra de aliento.
Cuando terminó, sediento, se acercó finalmente casi de rodillas -y no por la falta de dignidad ni orgullo sino por falta de energía- al puesto de mando y dirección de semejante hombre pugnaz: "he terminado, trescientos cuarenta y tres sacos. ¿Puedo retirarme?"
El hombrecillo aquél, de estatura mediana, con una cuanta de barriga, sentado por días eternos de años inmemoriales en esa misma silla viendo a reos y desgraciados cumplir sus condenas forzadas y forzosas arrastrando cadenas, alzando ladrillos y cementos, golpeando la piedra dura, cargando miserias y nostalgias, le dedicó apenas un parpadeo y mientras alistaba el siguiente cigarrillo le aclaró con un sable el panorama: "son tres colinas. LLevas una".
Cuando terminó, sediento, se acercó finalmente casi de rodillas -y no por la falta de dignidad ni orgullo sino por falta de energía- al puesto de mando y dirección de semejante hombre pugnaz: "he terminado, trescientos cuarenta y tres sacos. ¿Puedo retirarme?"
El hombrecillo aquél, de estatura mediana, con una cuanta de barriga, sentado por días eternos de años inmemoriales en esa misma silla viendo a reos y desgraciados cumplir sus condenas forzadas y forzosas arrastrando cadenas, alzando ladrillos y cementos, golpeando la piedra dura, cargando miserias y nostalgias, le dedicó apenas un parpadeo y mientras alistaba el siguiente cigarrillo le aclaró con un sable el panorama: "son tres colinas. LLevas una".
9 de mayo de 2011
¿Qué dice? ¿Que me pise?
Uno siempre quiere eso pero, al final, no es eso realmente lo que uno quiere. Es lo que uno dice que quiere lo que, precisamente, uno no quiere. Pero sin embargo, lo dice.
Adjet-drez.
¿Por qué aveces se dice "en todo el sentido de la palabra" si, aunque teniendo muchos sentidos una palabra, sólo puede tener el sentido que tiene?
5 de mayo de 2011
Mannheim.
Cruzo el Atlántico para estar en tu regazo.
Miro azulado tus ojos y te abrazo.
Estoy contigo.
En tu sueño y tu cansancio.
En el año que para ti llega.
En cada uno de tus pasos.
Miro azulado tus ojos y te abrazo.
Estoy contigo.
En tu sueño y tu cansancio.
En el año que para ti llega.
En cada uno de tus pasos.
2 de mayo de 2011
Presueño.
Eran las tres de la mañana. La luz de la cocina del apartamento contiguo alumbraba una de las paredes y permitía apenas esbozar las pocas cosas que habían en su habitación. No podía dormir. El colchón viejo y ya tan usado había sido empujado a un rincón junto con la única maleta que tenía. La ropa del día estaba a medio doblar sobre la baldosa roja cuarteada por los años y la humedad. No había música. Sólo el sonido de una gotera en el patio del primer piso en donde se bañaban los niños más pequeños. Un ritmo lento, aveces rápido. El sonido del agua que caía, le recordaba a la ducha de su abuela. Su niñez secándose las manos en toallas perfumadas que era intocables pero que él usaba y con todos esos pequeños jabones aún envueltos en plástico. Esa cortina de olor a plástico madurado. Todos los huecos taponados por el óxido ancestral, le dejaron entonces filtrar apenas un hilito mojado que era suficiente para bañar la piel tersa de los primeros años y los pliegues de los últimos. Tenía los pies fríos. La noche estaba estrellada o parecía estarlo. Hacía frío. Entraba un viento afilado y constante por la única rendija dañada de la ventana que más temprano había tapado con el periódico de la mañana y, que la lluvia reciente, había tirado al traste. La ingeniería de la cinta pegante había cedido a la fuerza natural. En ocasiones, el vidrio silbaba a fantasma y a augurio de augustos porvenires. Sentía como si la salmuera del mundo entrase vaporosa por ese pequeño ducto y se desparramase justo entre la comida que guardaba y llevaba guardando por semanas anticipando su partida. Pero, ¿se iría? Esa era su pregunta. Llevaba yéndose constantemente, escapando de un vacío que no lograba entender o hallar, de una especie de velo invisible que aparecía de repente en los lugares que visitaba después de algunos días y que lo asfixiaba como la máscara al que está próximo a ser decapitado. Aveces sucedía en horas, otras en semanas. Pocas en años. Sentía inicialmente una angustia profunda, un temor callado de ser reconocido y aceptado en un espacio del que desconfiaba pues desconfiaba de todos los espacios llenos. Al final la desesperación se abría paso y la claustrofobia adquiría siempre un matiz absoluto pintando todas los ladrillos y todos los cementos. Cuántos años de climas diversos, de comidas con sabores distintos. Cuántas introducciones, cuántos mucho gusto, mi nombre es y estudié en y trabajo en y vengo de. Cuántos borradores de charlas. Pesadillas de cubos sin aristas y mares sin contenedores.
Intentó despejarse los ojos para arrancar con las manos los pensamientos y las preguntas. Miró a la puerta a medio cerrar y pensó en que quizás, si la cerrara completamente, no tendría ese frío glacial en los pies que lo mantenían recapitulando frases perdidas en bocas de recuerdos borrosos. Suspiró. La puerta seguiría así hasta que el sol alumbrara. Se iría. Intentó enrollarse entre las capas y capas de cobijas repitiéndose a sí mismo que mañana era otro día y que cada mañana es otro día. Que había mucho por hacer, zapatos por embetunar, cargadores por recoger. Había que enviar una carta a su familia informando sobre su nuevo paradero, reservar los tiquetes y el hotel o finalmente llamar a algún conocido. Debía dormir inmediatamente. Dejó una nota mental para recordar esas horas desveladas a través de la sombra de su mano sobre la almohada. Se dio la orden de apagar el cerebro y limitarse a cumplir con el reposo nocturno mientras seguían deslizándose las gotas por el sifón del patio. El viento por la rendija mantenía su curso. La gotera escupía. Su respiración tranquila, su estómago estremeciéndose, el deslizar de sus piernas por las cobijas, seguía escuchando el grito de sus tripas, la saliva por su garganta y todas las manías de la sangre empujada por su corazón.
Intentó despejarse los ojos para arrancar con las manos los pensamientos y las preguntas. Miró a la puerta a medio cerrar y pensó en que quizás, si la cerrara completamente, no tendría ese frío glacial en los pies que lo mantenían recapitulando frases perdidas en bocas de recuerdos borrosos. Suspiró. La puerta seguiría así hasta que el sol alumbrara. Se iría. Intentó enrollarse entre las capas y capas de cobijas repitiéndose a sí mismo que mañana era otro día y que cada mañana es otro día. Que había mucho por hacer, zapatos por embetunar, cargadores por recoger. Había que enviar una carta a su familia informando sobre su nuevo paradero, reservar los tiquetes y el hotel o finalmente llamar a algún conocido. Debía dormir inmediatamente. Dejó una nota mental para recordar esas horas desveladas a través de la sombra de su mano sobre la almohada. Se dio la orden de apagar el cerebro y limitarse a cumplir con el reposo nocturno mientras seguían deslizándose las gotas por el sifón del patio. El viento por la rendija mantenía su curso. La gotera escupía. Su respiración tranquila, su estómago estremeciéndose, el deslizar de sus piernas por las cobijas, seguía escuchando el grito de sus tripas, la saliva por su garganta y todas las manías de la sangre empujada por su corazón.
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