2 de noviembre de 2026

Aguas no artificiales



Estoy finalizando este libro El Imperio de la Inteligencia Artificial de Karen Hao.

La semana pasada, al llevarlo a la biblioteca en mi maleta, la botella de agua, que estaba mal cerrada, se abrió y mojó la mitad del libro, y otras cosas más de poco valor. Lo puse a secar en la ventana para que le diera el sol, pues era un día soleado de otoño. Como habían pasado ya dos días sin llover, decidí ponerlo al otro lado para que más fácilmente le diera el viento y se secara más rápido. Con las ocupaciones de la vida, olvidé que ahí estaba y un día llovió lo suficiente para alcanzarlo y lo volvió a mojar. Me acordé muy tarde y se mojó aún más de lo que se había mojado inicialmente. Lo dejé entonces nuevamente del lado interior y lo dispuse para que nada lo mojara y solo recibiera rayos y un poco de brisa, si es que esta golpeaba la puerta de la manera correcta. Ya se secó.

Ahora tengo que terminarlo, que no me falta mucho, así esté en este estado, cual acordeón, porque viajar con él en este estado sería una inconveniencia logística y hasta siento que me sentiría juzgado en el exterior, usualmente lleno de humanos, por tener un libro en condiciones de tragedia y salir a mostrarlo al mundo en situación de víctima. Lo más seguro es que no porque al final todo el mundo está navegando las tragedias de su propio mundo y de ser sus propias víctimas, como para fijarse en las curvaturas húmedas de lo ajeno.

Esto, ciertamente, me parece un gran recordatorio entrópico, aleatorio, sabio, de cuán no artificial es la vida misma, la naturaleza misma, el agua misma, y de que la inteligencia escrita adentro, como aquella de la que habla el libro, la inteligencia artificial, está ahí, digamos, estática, sometida a la materialidad del mundo, a las fuerzas de la naturaleza y, en este caso, al prompt, activo él, de yo, su potencial lector, tener que abrir sus páginas para querer leerlo, para querer decodificarlo y para querer entenderlo. Incluso mejor, que lo no artificial y artificial están hechas de mundo, de este mundo. Que no son etéreas ni abstractas ni están sólo ancladas en el más-allá platónico de las ideas sino que arrastran el peso tangible de su existencia, dejando rastros y dejando memoria.

Al final, el universo enseña con su constante aparición nunca ida. Como en este momento de no inteligencia y de no artificialidad por un descuido no inteligente y definitivamente no artificial.

25 de octubre de 2026

Van dos de trenes

Tenía que tomar dos trenes, de los muy veloces, de Brandemburgo an der Havel, una ciudad vecina de Berlín, hacia Viena, para encontrarme con la otra patojeidad en Europa que conozco yo luego de pasar tiempo con la patoejidad en las alemanias.
Como prima no gastarse la prima, que no tengo porque soy independiente, pero pues urge el ahorro, compré un tiquete, barato-baratier, que salía a las 4:47 de la madrugada. Con aquello del otoño que se va acabando y con aquello de que las temperaturas rondan a esas horas los 3 grados, tuve que vestirme cual cebolla, capa sobre capa sobre capa, y quedar como un cuadradito (porque este tamaño mío no me da para ser rectangular). Tuve que levantarme aún cansado y despertarme aún dormido y la ansiedad de la hora del tren no me dejó dormir el dormir. Sin embargo, me alisté, todo en orden; terminé de empacar, todo en orden; mordí algo para el orden de las tripas; ahí todo en orden, y me fui arrastrando la maleta de ruedas que avisa a toda Europa, y a sus no sé cuántos países, con su chirrineo y estruendo de carnaval, que uno está de viaje y que ya se va.
Llegué a tiempo para que el tren dijera (el tablero, pues) que iba a llegar tarde. Veinte minutos más tarde. Mala cosa con el frío y la trasnochada. Y estaba yo solo en esa estación sola porque ¿cuántos toman un tren a las 4:47am un domingo en una ciudad minúscula alemana? Yo, por supuesto.
Me quedé ahí soplándome las manos esperando no ser la escultura de hielo de Hyoga en la casa de Libra (y sin Shun) cuando anunciaron la llegada del automotor-chorizo. Oh felicidad. Realmente era sólo un trencito corto, de los rápidos, para uno largo, también de los rápidos, y no más. Una excelente decisión a pesar de lo temprano, a pesar del frío, a pesar del domingo que bien pudo ser de guayabo.
Me paré exacto en donde estaba el vagón encomendado e impreso, y esperé a que se abriera la puerta: pues ene-o, no. No se abrió. Ni esa ni ninguna. Al momento se bajó por allá en un vagón lejano el señor trabajador de adentro que sale-afuera a pitar, y cuando lo escuché, me escuché gritando, y me di cuenta de que debía apretar el botón y cuando me lancé a hacerlo ya estaba en rojo y no en verde y yo estaba verde y rojo porque el rojo quería decir que ya la puerta estaba bloqueada. Y así, yo parado frente al vagón correcto del tren correcto a la hora correcta, se fue. Se fue el tren y me dejó. Roturas del corazón y del bolsillo.
Uno en esos momentos se bloquea como la puerta esa -la pinche puerta esa- que me dejó afuera y uno ya no piensa más y piensa con la cabeza afuera y por eso no piensa. Así que resolví lo que era lógico: llamar a molestar bien temprano en domingo a los tres amigues de la vida que me habían dado posada en el pasado inmediato. Su voz denotaba que estaban más allá que acá. Y los desperté (inserte sticker adecuado) como porque ¿por qué no un domingo en la madrugada? En su calma adormilada, me calmaron y me sugirieron coger camino hacia la estación principal a pedir cacao y presentar mi drama de ignorante. De experto ignorante. Sobre todo porque he tomado esos trenes rápidos un requetemontón de veces antes. No era mi primera vez pero sí lo era el estar solo, cosa que las anteriores veces me subía en la fila. Nunca yo de primero. O solito.
Ahora descubro que todas esas veces alguien sí había apretado el botón de la dichosa puerta. Es como saber bien, saber a medias y saber mal. Todo en conjunto. Mi vida en un botón de puerta.
Llegué efectivamente a la Oficina de tiquetes para perdidos y mensos, en donde me tocó el turno inmediato, pues ¿quién va a la Oficina de tiquetes para perdidos y mensos un domingo a las 7 de la mañana? Como era una señora ya grande, pensé que tenía más sentido hablarle en alemán que en inglés o que en colombiano diciéndole que la había cagado y que todo estaba repaila y que uy mk.
Flexioné mi alemán y le dije que me había pasado algo muy vergonzoso. Ella abrió los ojos con la sabiduría de quien ha escuchado ya todo en la Oficina de tiquetes para perdidos y mensos y ni esperó a que yo terminara. Apenas le dije que yo no sabía que debía apretar el botón aquél, soltó una carcajada de leona y, en el equivalente del alemán, me dijo: "Pues obvio, ¿y entonces?" Sólo faltó que buscara a los demás colegas para que conocieran la historia y a que le dijera a la cámara de seguridad que me grabara bien para la historia de la Oficina de tiquetes de perdidos y mensos.
La señora, alemana por todos los lados, me dijo que fresco, que todo bien, que no me azarara -eso. pero en alemán- y miró el tiquete y me dijo: "Ay tranqui, le busco otro que no le va a costar nada". -Eso, pero en alemán-
Y entonces me re-mandó por otra conexión menos maravillosa pero con la cual podía llegar. Inicialmente a Praga, capital de la República Checa -y yo con este checo tan "avanzado" que tengo- y de ahí a Viena.
Ya en Praga, en la estación central de trenes -y diferente a otras que conozco- sólo anuncian la plataforma de embarque hasta faltando 10 minutos para salir. Esto hace necesario pararse frente al tablero esperando el anuncio final. Un poquito de ansiedad colectiva no le hace daño a nadie.
Yo estaba ahí parado en plan Fabuloso -el limpiador de pisos- porque pasaban y pasaban los minutos acercándose el momento crucial y no salía el número de la plataforma. Yo, nervioso. ¿Por qué la demora si en los otros trenes sí salía?
En eso un señor, que lo tenía al lado, me mostró la pantalla del celular con una traducción de inglés a checo (supuso que yo era checo. Curioso porque la verdad es que más cerca estoy del Checo Acosta), pero la señora al lado del señor le habló en español, y entonces nos dimos cuenta que éramos hispanohablantes, ellos chilenos, yo colombiano, y nos abrazamos de miedo y ansiedad por no saber la plataforma (bueno, nos abrazamos en la mente pues nos acabábamos de conocer).
Ellos no hablaban ningún idioma excepto español: el señor tenía 82 años y viajaba con su hija, la otra señora, supervisados por los nietos e hijos vía WhatsApp.
De verlos tan nerviosos, yo estaba en las mismas, pero tenía-tengo, dícese, más experiencia, que los adopté para el ratico porque, por fortuna, les tocaba en el vagón de al lado. Así que yo me fui al frente, la señora después de mí, y el señor al final. De tanta corredera para llegar al vagón correcto -sólo teníamos 10 minutos para lograrlo en una cadena larga de vagones que se hace eterna con el afán y la urgencia- se nos perdió el señor.
Ella me dijo: "no veo a mi papá". Le dije que se quedara con mi maleta. A la señora que acababa de conocer y devolverme corriendo a buscar al señor y rogar encontrarlo en el momento correcto para no perder ni yo ni ellos el tren (el burro por delante). Me fui a tres puertas de vagón y alcancé a verlo. Venía corriendo tan rápido como podía y tanto como la maleta lo dejaba. Lo alcancé y le dije que me dejara llevar su maleta y que él me siguiera. Para avanzar más rápido.
Nos acabábamos de conocer. Era un riesgo para él yo teniendo su maleta y para mí la señora teniendo la mía. Pero hay momentos en que toca confiar sin información. Con un apenas, un casi, un poquito.
Corrimos, la alcanzamos a ella, les indiqué su vagón y en un salto me monté al mío.
Luego dio tiempo de indicarles cómo movilizarse en Viena, cómo comprar el tiquete semanal para que les saliera más barato y cuál tren usar para llegar al hotel una vez arribemos al destino final. No el de la película.
Pienso que ese botón del primer tren simplemente no quiso abrirse porque sabía que este par de chilenos hermosos que encontré, iban a necesitar un poquito de ayuda de este pechito. Y todo se encadenó en un bello encuentro, que también me ayudó a mí, a sentirme útil y a sentir que puedo retirar temporalmente mi pertenencia de la Oficina de tiquetes para perdidos y para mensos. Que lo soy, pero hoy es domingo, así que es necesario descansar.
Ahora voy en el tren escribiendo la experiencia, mirando por la ventana las montañas de la bella República Checa y respiro porque sé que llegaré y que ellos llegarán, juntos, cada quien a su vida pero a un destino común que nos unió gracias a un tren invisible que se fue sin llevarme. Yo me llevo finalmente, alguna cosa se habría hecho; y a veces me tropiezo, con alguna cosa hay que caerse; pero me voy andando entre la torpeza y la sonrisa.
Sólo resta esperar la esperanza y aspirar la vida, porque qué más.

16 de octubre de 2026

el bosque afuera de la ventana del tren

No sé si me siento solo o sólo estoy sin ti. Solo sin ti.
Si los trenes son más fríos e inabarcables.
Si las noches son más largas
Si las casas están más vacías
Si las calles ya no se caminan como antes
y estoy solo sin ti.
Sólo sin ti.

Parece que llega gente con sus conversaciones
con sus risas y sus cervezas
Parece que llegan las mañanas con sueños profundos a veces
con insomnios muchas veces
con vacíos todas las veces

Parece que si me enfermo, me enfermo y me cuido
y hablo y me hablo
Sabiendo que podré curarme el cuerpo:
la herida y la sangre

Pero estoy sin ti
y entonces la herida trasciende las paredes, los patios, los andenes
la tierra fértil y muerta
me trasciende a mí

Parece que busco con quién buscar esta búsqueda
lo intento o intento intentarlo
pero no quiero buscar a nadie
quiero buscar contigo
que me busques
encontrarte
y no me encuentras ya
no te encuentro ya

Tomo los aviones, los buses
Camino las montañas, las playas
Veo las ciudades, los cielos
las pieles, sus lenguas
y todo parece quieto
sin estruendo
ausente

Me siento solo en este amor ajeno
que me viene, que ya me viene
que no es el tuyo
que agradezco pero que no es el tuyo
y me voy solo
sabiéndome sin ti
moviéndome porque la vida me lleva
porque no me queda más que mover la vida
solo y sin ti

Moviéndome sin moverme
solo y sin mí

25 de septiembre de 2026

qué sola estás

La vida
tan llena de sí misma
tan en el vacío
tan en la nada

La vida sola
y sin nadie
empujándose a sí misma
cayéndose
hundiéndose
tan en el abismo
tan en la vida...

A dónde vas
si nadie te espera
a dónde vas
si nadie te mira

Tu vida
eres tú misma
sin ataduras
sin compañía

Qué sola estás
ahí a solas
andando inmóvil
qué sola estás

23 de septiembre de 2026

Inversiones

Cargo chaqueta todos los días porque parece que va a llover, no llueve.
Hoy parece que va a llover, pero decido no cargarla.
Llovió.
Momentos mágicos invertidos.

20 de septiembre de 2026

Hoy quiero llorar

Te escucho porque te pienso
y no te has ido y siempre estás
Hoy quiero pensar que me piensas
porque sé que me piensas
y que me hablas
porque sé que me hablas
y que vamos juntos en esta barca
que es la espera
en este abrazo que es el amar
Me veo soñarte y esperarte en mis sueños
Me veo besarte y esperarte en mis horizontes
Veo las montañas y el cielo
las estrellas y las nubes
los días y las noches
todos los segundos
que parecen eternos en espera
y eternos en compañía
Hoy te extraño porque siempre te extraño
Hoy duele la vida porque siempre te extraño
así camine y llene los pasos de la vida
así camine y llene los pasos del hacer
Hoy me siento sentirte
y en ese estar del no estar
aquí estás
Creo que irme de ti no será
Me habitas y me indicas en susurros mágicos
lo que viene y lo que se irá
Hoy quiero llorar
porque avanzo sin avanzar
Hoy quiero llorar
porque camino sin caminar
porque suspiro sin respirar
Hoy sólo quiero llorar

18 de septiembre de 2026

Lloraremos

El volcán
Sus cenizas
El terremoto
Sus temblores
El viento
tibio
fuerte
frío
que aúlla
Los árboles
que caen
Los cables que se mecen
pesados de angustia
(Los ojos que ven
más que lo que hay para ver)
El cuerpo que siente
más que lo que hay para sentir
Estamos sintiendo el porvenir
pero aún no llega
y lloramos
por las lágrimas que llegarán
y tirita la tierra
y sopla la boca del mundo
y vomita la sangre de las rocas
y lloramos
porque ya llegó el porvenir
y lloramos
porque un día llegará
Siempre lloramos
Lloraremos

16 de septiembre de 2026

¬

La vida, me parece, que más que vivirla, la suponemos.

15 de septiembre de 2026

Rompido

Hoy fui a hacer mercado con mis papás. Pudimos empacar todo en bolsas de tela, que tienen de bueno que no se rompen.
Una vez, por allá en la juventú juvenil, gasté todo lo que tenía en hacer mercado sin caer en cuenta de la reserva para el taxi. 
Ya estaban cerrando porque era de noche. 
Eran diez cuadras hasta mi casa. 
Y vivía solo. 
Apenas habiendo caminado media cuadra, se me rompieron todas las bolsas. 
Después de eso sólo recuerdo un suspiro profundo, cerrar los ojos y mirar al cielo... 
De alguna manera llegué, pero quién sabe cómo. 

10 de septiembre de 2026

cuerdas

el Todo se diluye en crisis
llora en filamentos
y no queda nada
nadie
sus sombras
su no-vida

6 de septiembre de 2026

Se agitan las formas

Se agitan las formas
Los corazones
y nada cesa

Polígonos
que se deshacen
en el rehacer
en donde naceremos
otros nos-otros
para sacudirnos
de tiempo en olvido
y vibrar: Oscilar

Eterno vaivén
que duerme al universo
A las rocas que flotan
A la sangre que hierve

¡Se agitan los aires!
Se agitan
las respiraciones sin aire

La vida, agitada ya,
siempre con la tierra se agita

Todo cede a lo pendular
como el agua en la grieta
del Todo
Lo-todo
Espiral colgante
Espiral cadena
Oscilamos asustados
pues no sabemos
cuándo nos llega...ya

28 de agosto de 2026

Quizás

Quizás
porque si no es tristeza,
entonces he olvidado,
se ha ido, ya no está.

Quizás
porque duele
por como abraza
por como se besa
por como se ama
y en la ausencia
la tristeza triste es la prueba
de los abrazos dados
de los besos compartidos
del amor amado

Habrá entonces
(sin quizás)
una tristeza feliz
donde el recuerdo alumbra
y no aprisiona
y es triste porque se añora
y es feliz porque un día fue
Muchos días donde fue

Haber existido y no existir duele
Haber existido es también feliz

26 de agosto de 2026

;

 no sé qué pensar de que mi algoritmo siempre me esté sugiriendo Betty, la fea

22 de agosto de 2026

Haber

Haber amado
o no amar
Haber sido amado
o no amar
Los cuerpos
Sus recuerdos.
Cuando están
porque estuvieron
Habernos amado
Amarnos
Amar con los tiempos
Ser los vientos
por siempre amar
porque la vida
a sí misma se vive
en su misma vida
y ya no está
o no estará
Amar
Haber amado
Ser amado
o nunca estar

17 de agosto de 2026

se desmorona el mundo

se desmorona el mundo
otra vez
se acaba el mundo
otra vez

se lloran lágrimas
se lloran tiempos
se ocultan
bajo los escombros
bajo el miedo
bajo el cuerpo
lloran llorando
lloran sin llorar

se desmorona la espera
la esperanza se va
otra vez
se va

yo que quiero llorar contigo
yo que quiero llorar por ti
solo puedo abrazarte en cielo
amarte en memoria
sentirte en viento
porque aunque estás
no estás

y tengo miedo
y me soy solo
y me camino inmóvil
siendo pared rota
ceniza volcánica
vía detenida

¿dónde estás si aquí estás?

se desmorona esta noche
y solo puedo dormir
para no dormir
avanzar para no avanzar
amarte a ti y amar la vida
y amar los vivos
para no amar

solo quiero tu regazo
la promesa de la felicidad
pero hoy duele la tierra
duele la ausencia
duele ser tan efímero
ser tan pequeño
tan poco poder hacer
pues amo para no amar
y olvido para no olvidar

8 de agosto de 2026

porque nos vamos

Porque nos vamos
porque te fuiste
porque un día me iré

Todo parece que parte
y me deja
y nos deja
para irnos y dejar
todo parece que se va

hoy se va
mañana
todos los días
cada infinito

todo solo...parece
pues yo qué sé
si solo lamento
que te fuiste sin mí
que deberé esperar aquí
en esta incesante quietud
del nunca estar
del nunca ir
del siempre volver...

porque te fuiste
porque me quedé esperando
un milagro que nunca llegó
la divinidad que no llegará

Hoy la noche es triste
nada canta
nada siente
y me acurruco
sin el abrazo eterno
(ahora mismo, ya perdido)

porque nos vamos
porque te fuiste
porque me quedo
hasta mi ir
en un día quién sabe qué día
cuando el quedar no sea suficiente
cuando el estar no pueda más estar

en un día quién sabe qué día
porque se van
los silencios, las músicas se van
y yo me quedo
preso del irme
preso del partir
y libre del estar

18 de julio de 2026

y aquí te tengo

Solo te hablo
siempre te hablo
te pido que hables por mí
que les hables a quien hablarles ya no puedo
te pido que me hables
que me indiques
en los sueños
o en nubes cuando la vigilia me vive
con los empujes del viento
con el agua en sus formas de caer

Solo te hablo
siempre te hablo
y siento que te escucho
en silbidos foráneos
en hojas que piso
en puertas que se abren
o cuando se cierran
y alguien pasa
y algo sonríe
y el silencio
también el silencio
todo me habla
y todo es silencio

Solo a ti te hablo
y siempre te escucho
tus palabras que no son sonido
tus abrazos que no son silencio
siempre te escucho
pequeño como soy en tu abrigo
pequeño como soy en este mundo sin ti
y que te contiene
y que nos contiene
a la espera cósmica
a tu encuentro

Solo te escribo
hoy solo te escribo
y te veo
ciego te veo
y no estás
y aquí te tengo

19 de junio de 2026

Me queda

Me queda
esta forma de silencio
Este relato
invisible de soledad

Me queda
esta forma de tenernos
Este puente invisible
sin soledad

Cómo fluímos...
Cómo fluímos
en el contenernos cuando estuvimos
en el atarnos ahora que no estamos
en el conectarnos...

Pero existimos:
cosmos o partícula
corpúsculo o lucero
tierra o cielo
Aquí existimos.

Y me quedo andando
nunca yendo
nunca quieto

y me queda
el buscarnos nuevamente
y ser la espera
la búsqueda
la paciencia
el lente

Ser quien se va y se queda
pues sólo me quedo,
nunca solo...

13 de junio de 2026

Nudos

Estábamos teniendo una conversación mística y poética, cuando de repente me escriben diciéndome "mándame nudes". Yo dije, bueno, este misticismo está en otra emisora y pues estábamos en los espíritus de la naturaleza. Cuando estaba a punto de enviar lo solicitado, me di cuenta que realmente decía "mándame nubes" y que yo andaba ya en una elevándome en pedazos de piel jamás expuestos tan a la ligera. Era yo el que siempre estuvo en una nube. Cosas del texto predictivo que yo mismito sin teclado predigo. 

Quedarse

Primero hay que aprender a ir
luego aprender a ir al ir
luego hay que aprender a irse
luego hay que aprender a irse del ir 
y finalmente 
hay que aprender a irse del irse. 
Quedarse es una forma del ir.