Una vez, por allá en la juventú juvenil, gasté todo lo que tenía en hacer mercado sin caer en cuenta de la reserva para el taxi.
Ya estaban cerrando porque era de noche.
Eran diez cuadras hasta mi casa.
Y vivía solo.
Apenas habiendo caminado media cuadra, se me rompieron todas las bolsas.
Después de eso sólo recuerdo un suspiro profundo, cerrar los ojos y mirar al cielo...
De alguna manera llegué, pero quién sabe cómo.
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