En las mañanas.


En donde me ahogo ahora. Los mares ardientes no se han secado aún en mi garganta. Creí nadar, creí sobrevivir pero la tierra parece tan lejana...

El cuerpo se niega ya. Estoy cansado de impulsarlo y me dejo flotar. Miro el cielo sin una sola estrella donde parece que flota el mundo. Y renuncio a querer acabar los ríos en las noches.

Renuncio, otra vez.

Ahora que los tengo abiertos.


Cuando cierro los ojos, me veo mirándome. Veo la oscuridad que rodea mi cuerpo sin luz. Me sé sin verme. Hoy he visto que las esquinas de ese cubo en el que me adentro cuando cierro los ojos, se han alejado. He vuelto a dar con un temor que había olvidado. Las paredes de esta caverna parecen hacerse gruesas. Cada línea, cada palmo, cada pedazo se ha hinchado. Siento miedo cuando cierro los ojos.

Ayer.


Desde hoy, creo un poco menos.
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