Tu sangre


¿Qué es el dolor ajeno?
Sombras que negamos.
¡Manchas que olvidamos!
Los zapatos del otro
y no sus pies heridos.
La casa del otro
y no su frío nocturno.
El mundo externo
que se diluye
cuando el grito nos hunde
en lo que creímos eterno.
El mundo que calla
que los ojos cierra
ante la herida que aqueja
de rodillas la carne propia
que sufre y yerra.
La ilusión mayor
es el recuerdo.
Engaño, mentira.
Manifiesta estafa.
¡El espejo mayor
es el olvido!






Noctante


Lo propio, tan eterno.
Lo ajeno, tan fugaz.
Un abismo: el mundo entero.
¡Un parpadeo: la paz!
Adentro todo duele.
Adentro todo llora.
¡A todos les llega la hora!
A todos les llega sin mora
el silencio que suele
ser el último,
ser el íntimo,
ser el ínfimo.
Todos  mueren,
y sus próximos, ya o mañana,
desaparecen.
Enteros los mundos,
de historia moribundos,
se desvanecen.
El dolor sólo se calma
reconociendo la finitud del alma.
El dolor sólo se apaga
hundiendo con fuerza la daga.
El dolor te grita con clamor:
¡no al ardor, no a la llama, no al amor!




1016


La persecución,
un monstruo etéreo que supervisa
-entre mares y tierras-
Vigila, tasa, señala, juzga.
Sombra tenebrosa tras mi espalda,
espada invisible que rechina
(Sobre mi hombro)
(Sobre mi cuello)
El filo apuntando, el grito aguardando,
el reclamo en esa lengua.
Culpable, escupe.
Culpable de un amor que yerra.
Pero
Condena es no saberse muerto
Cárcel: ser ya, ser yo, no saber no ser.
Y
Ella no duerme.
Apunta y espera,
ella apunta y sentada espera.
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