Adrede

Mi vida aveces me excede.
Mi sombra la carne oculta.
Y me voy yendo adrede
a pagar con sangre la multa
de ser ciudad  y cemento,
de llevar a rastras el peso
de la multitud y su excremento,
de las ratas y los sabuesos.
Somos casas de rotas ventanas
sin visiones de horizonte verde,
nos han cortado a gritos la lana,
se ha roto la vieja porcelana,
y la boca hambrienta ya no muerde.
La vida todo cuerpo muerto excede.
Mientras sigue el filo de la muerte
pues siempre todo está primero inerte.






Esto de subir de repente al bus gritando ¡Esto es un atraco! para empezar el rap, captó no sólo toda mi atención sino que detuvo mi circulación por un segundo.

Pese

Parece indicado que las sobras sobren.
Que la carne podrida esté en todos los platos vacíos entre gusanos
y yerbas viejas agotadas de tanto esperar que las fumasen.
Parece lo correcto agotar hasta las lágrimas
y patear las sonrisas con cada orín de cada humano
en un festín final de sangre y río y sombra y llanto.
Parece que nada aparece frente a las ventanas rotas
ni con las putas cansadas ni en los disfraces de corbata,
quizás en la sopa vomitada en el almuerzo de trabajo.
Ni hoy ni el Domingo.
No en los feriados de soledad y sin agua,
ni tampoco en los Lunes fríos de lluvia en el bus que no avanza.
Mucho menos en la axila con chucha del de al lado.
Parece que todo perece
pero sobre todo parece que no quiere morir ya.
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