Lo que señala.

Un clásico error.
Un futuro ya conocido.
Volvemos al camino ya caminado
y sufrido.
Volvemos al triste pasado.
De cara frente al terror.

De corales.

De repente, lees.
De repente, a mí vienes.
De repente, vas y vienes y un día finalmente te quedes.

Todo llega como llegan las lluvias de mayo: de repente.

Sonrío y te espero y mi sed se sacia de la ansiedad de verte.

Bebo la calidez de tu recuerdo mientras tu reflejo en mi tiempo se hace más fuerte.

Me sumerjo entre burbujas y tambaleando te cuento sobre cascadas y humedales y prístinas islas verdes, sobre flores silvestres entre las que he de perderme.

Nado y surco esos mares, de repente.

De repente, hay sales y playa. Perlas y espumas.

Un cielo estrellado. La brisa sabia y la infinita luna.

Que ya me caigo, que me fui.

Me sueño que me sueñas soñándote. Me sueño soñarte que me sueñas. Por ahí, entre brumas, nos encontraremos.

No es cierto, ¿cierto?

Es cierto entonces que pretendemos aveces lo incierto. Si bien es cierto, la incertidumbre es cierta y si cierta es la incertidumbre e incierta la certeza, entonces incierta es la incertidumbre. Es incierto entonces que pretendemos aveces lo incierto.

Cierto es que todo es incierto. Cierto todo es.

Incierto que es.

El día que ya será.

Se me acercan estos mares. Me sumerjo entre las aguas de las noches y floto. Miro el cielo oscuro y eterno mientras duermo. Te veo. Te espero. ¿Qué es todo esto mas que las garras que rompen el muro del silencio? ¿Mas que el camino hacia tu cuerpo? Te espero con las hojas derrumbándose a mi espalda. Te espero como quien espera la roca que ya cae. Mientras de mí mismo huyo, te quiero.

Escampa.

Se calla esta noche, se va.
La corona ardiente se apaga.
Se van las llamas a las piedras de la montaña verde.
El musgo nace y cubre la historia.
Mientras llueve.

Sangras a cada grito.
Lloras con cada suspiro.
Has visto que puedes verte.
Has visto que te han visto.

Que puede algo dolerte.

Se hace sombra la noche, te vas.

Aparece.

Qué silencioso este cuarto.
Qué obscuro.
El viento, que apenas si pasa, se filtra un poco por entra las ranuras.
Miro la cortina cerrada por el afán. Los platos a medio limpiar.
Los libros.
Acostado susurro tu nombre.
Y espero tu regreso.

Cuántas calles que no comprendo.
Cuántas lenguas que no distingo.
Cuántos rumores de un futuro incierto.
Cuántos soles.

¿Dónde estás, qué haces, en qué sueñas, a quién hablas?

Yo hago de este domingo un sonido con el último punto.
El martillo sella en el tiempo este diáfano clavo.

A través de los túneles remotos, corro y te alcanzo.
Cruzo distancias erróneas.
Y me recuesto en ti y sonríes y mis ojos encuentran finalmente descanso.

Háblame.
Cuéntame historias de universos y poetas. De canciones y diademas.
Cuéntame tristezas calladas.
Cuéntame el pasado de todos los números.
Cuéntame todos los destinos y todas las mareas.

Sé este silencio.
Sé hoy en estas palabras.

De mensajes.

Entra en silencio, sal en silencio.
Sé invisible primero. Vete invisible.
Que escondidos están los ojos.
Atentos a mirarte.

En la luz del agua.

El agua es la respuesta. El agua fue siempre la pregunta. Y el agua nos habla, y nos dice agua.
Viene con el agua.
Flotará.
Haré parte de las rémoras en algún barco hundido en los canales de Rotterdam, hará eco entre los vientos y las gaviotas que aspiran el agua, antes plancton y luego ballena. Llegará hasta donde llegan todas las miradas del alma. Y darán cuenta que en el agua que surca el tiempo, no hay más que una sola agua.
Que nos deshacemos como la harina en el agua.
Que la bebemos.
Para saciar su propia llamada, su llamada a sí misma.
Que desaparecemos.
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