Aséptico

Parece venir, parece que ha llegado.
Lo siento en las noches de ausencia.
En las mañanas frías, en las cálidas.
Me empuja a cada bocado.
Me sopla, me habla, me mira.
Invisible desarmonía que rechina.
Diáfana lágrima vestida de negro.
¿Cuál es el nombre?
¿Qué lo distingue?
Este lamento que hunde las tardes.
La garganta que arde y vomita.
El cuerpo que no levanta.
La piel que se rasga.
La sangre que corre.
¿Qué es cuando no es?
Quema el futuro.
Ahoga el pasado feliz.
Si hubo uno...
La llama que hierve la vida
se extingue.
Quedan las cenizas que hablan,
estas mismas que escriben.
Pero estás...
Esa voz que me rescata.
Esa risa que me alimenta.
Esas palabras que son la vida.
Ayúdame, que me roban.
Ayúdame, que se me va la vida.

De la estructura abandonada.

No hubo rima para el treina y uno.
No la poesía ni susurro alguno.
Hubo tu cuerpo siempre oportuno
y de tu mano pan, café y desayuno.

De mañana acurrucada tu espalda,
en el abrazo tierno de la sábana.
Tus ojos profundos de esmeralda,
en la mirada tierna que emana

de saberte cerca, de tocarte cerca.
¿O hubo rima para el treina y uno?
Y mar en distancia a mí te acerca.
Siempre tu voz, siempre oportuno.

La fiesta es licor si es de tu boca,
la boca es esa fiesta tuya de miel,
se levantan al aire todas mis rocas,
en cada tacto tuyo, piel con piel.

Quizás sí hubo la acordada rima.
Quizás reposa ya cubierta esa cima.

Pero hecha o incompleta tú eres de acá la luz.
El cálido clima.
Conmigo. Sin cruz.








Ni pera ni manzana ni fríjol

Se repite. Todo se repite. El agua fría vuelve y cae entre las cobijas. El viento fuerte regresa y empuja sobre los resbaloso. Las sombras se hacen más oscuras, el aire más afilado y nadie puede respirar. Todo parecía caminar cogido de la mano de un noviazgo feliz, de un principio de final feliz de hermanos Grim con bailarín de casa solitaria que baila su música en audífonos y se canta a sí en escenario de semáforo en rojo y sin voz se canta también en el bus y es feliz como feliz quien sonríe mirando por la ventana sin mirar el andén que nadie mira y nos mira siempre. Cemento que todo lo cubre y todo lo embalsama. Cemento que penetra las pupilas y los futuros grises y tristes y desabridos y sobre todo aburridos. Ha regresado. Parecía que se fue con el 31 y hubo festín de nunca jamás, borrachera de la media vuelta y 'ta lueguito pero del otro ladito. Era la sonrisa más feliz, el aguardiente más sonado con chuleta al final, silla de parque mirando al cielo y las iglesias pensando que ya era, que ya fue, que pretérito, que pasado, que finalmente, que ahora es ahora y no hay más que lo que queda y se ve brillante, con moño bonito de papel regalo caro del almacén de adentro y no del vendedor de afuera que vende lo mismo pero afuera entre el sol y la salpicadera a toda hora, las 2pm, sin baño y sentado ahí, sin más, esperando y soñando adentro, el papel que venderá adentro con esmaltes baratos pero no tan baratos como los de la otra esquina. Regresa. Todo regresa en óxido y desorden. Descachalambrado, desconchinflado, desarmado, en-brutecido, vomitado, pero regresa sabiendo que es aún lo que fue y así la ropa le quede rota y pequeña y aún así se le salgan los gordos y se le hundan las costillas, se te sienta al lado y se me sienta al lado, al otro lado, a conversar infinito y acostarse cual ocho sobre las piernas mías mientras yo me quiero sordo y me pido muerto y me sueño sin cuerpo soñante sin cerebro soñador o memoria vacía de memorias ajenas y propias y todas y el universo que se abre y se deshace allá muy lejos en donde yo no soy y me sigo acá entre muchos y entre nadie y ellos que son nadie entre muchos son todos y nos somos todos sin ser nada ni nadie ni universo pero sí, pero requete sí, requete recontra sí, dolor. Hiper mega maldita sea. Hiper mega maldito dolor.