In jedem Traum.

In jedem Bild.

Ich sehe dich in jedem Bild...
ich sehe dich, wenn ich nicht sehe.
Ich sehe dich, wenn ich schlafe, wenn ich gehe...

Ich sehe dich, wenn es kein Licht gibt.
Du bist meine Sonne, du bist mein Stern,
Ausen. Draußen vor dem Fenster.
Hier in meinem Herz.
Gestern. Der nächste Tag. Jetzt.

Du bist mein Licht.
Ich liebe dich...

(Todas las disculpas por todos los errores anteriores, presentes y seguramente futuros. Hay un gran acierto feliz: aquello que intento decir.)

Role.

Less than nothing is still something.

It's the sense of something,
the sense of nothing but anything.

The intuition of whatever thing may be
and it is
when it is not.
Silent in its nowhere point.
But and behind the reflex of the whole.

Where is this ungrabable handle?
How to find it? Where should I put the flushed candle?

We certainly live in the very bottom of the deepest and darkest hole.

And I have been chosen (I have been given) a random role...

That's my sense of myself. That's all!

Una noche de lunes.

Es saber que vienes y que pronto te vas. Es saber que llegaste y que no te quedarás. Es saber que la vida te ha puesto en mis días y te sueña en mis noches. Es saber que te miro, aunque pronto no estarás.

Es saber que la vida juega conmigo. Que el puente se deshace con el agua del tiempo. Que la fortuna y las sonrisas se han de cancelar.

Que desde ya te veo partir. Que desde ya te extraño. Que has venido con el agua, que eres una ola del mar.

Tren de domingo.

¡Cómo llegas! Como la brisa.
Llegas como vienes, llegas como llegas.
Llevando contigo la felicidad que también me dejas,
cargando en tus brazos mi sonrisa.

Te llevó hace apenas una hora un tren en la noche
y solitario mi cuerpo vio cómo la noche se hizo noche.
Pues contigo fue siempre soleado día.

Y me quedo acá, en el silencio de tu ausencia.
En la grata memoria de la piel que ya llama tu presencia.
En la melancolía.

Cómo se fueron las horas en mirarte.
Cómo se fue el tiempo en verte mirarme.
Se fueron, se van: como se evaporan los mares.
Mientras callados se desdibujan todos los pesares.

Es tu nombre en mi boca: es Alegría.
Es mi nombre en tu lenguaje.
Es mi cuerpo que es mi más sincero personaje.
Es de tu aparición: la epifanía.
Y quizás sea un soplido mágico en un escondido mensaje.
Pero yo por un momento más, toda la arena soplaría.

Mañana de jazz.

Llueve. Se filtran gotas por la ventana. El viento, que empuja el vidrio, acaricia las hojas verdes que crecen entre el cuadrado cemento. Son horas de tambores viejos, horas de trompetas nocturnas, horas de piano. El café está hecho. Los aplausos retumban. Las campanas de alguna iglesia cercana anuncian la mañana. Y alguien canta.

Dormidos los rincones, se amontonan las melancolías. Las mariposas amarillas vuelven al cuerpo que creímos perdido. El ahogado es aún más hermoso. Y el viento de la desgracia ya no empuja la vela. La apaga.

Alarde.

Se han perdido todos los días, todo el oro, todo el vino y sus luces.
Estrellas que apenas si titilan mudas parecen. Muertas cual lejanas cruces.

Me veo mirándote, me veo mirando a través de la ventana del carro.
Desesperado, cansado. Sobrellevando esta caminata, este camino, este barro.
No existe verdad más allá del infinito silencio.
No existe un sueño más y, de esta lucha, renuncio.

He descubierto los espejos. He visto mis ojos mirándome. He visto sus sombras.
Caminando entre mujeres y vidrios, entre humo ardiente y cervezas, entre mis penumbras.

Me descubrí ya tarde.

Soy valiente mientras duermo. En el día me sé cobarde.
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