En las mañanas.


En donde me ahogo ahora. Los mares ardientes no se han secado aún en mi garganta. Creí nadar, creí sobrevivir pero la tierra parece tan lejana...

El cuerpo se niega ya. Estoy cansado de impulsarlo y me dejo flotar. Miro el cielo sin una sola estrella donde parece que flota el mundo. Y renuncio a querer acabar los ríos en las noches.

Renuncio, otra vez.
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