Te veo
con los ojos del universo.
Te hablo
con los sonidos del tiempo.
Eres el agua,
la lluvia,
el río,
el cosmos.
Y te pienso.
Cuánto te pienso
con este corazón
que aún pesa,
que se inunda en las memorias
y que te espera
aquel día,
un día,
cuando nada será
y todo seremos,
donde caminarán los caminos
que ya hemos recorrido,
abrazados, eternos,
siempre contigo.
Y miro mis amores:
mi familia,
los amigos
que sonríen conmigo
y me acompañan
en esta noche
sin luz
y sin olvido,
una noche de piano
y destino.
Pues un día estaremos todos:
todos los cuerpos,
todos los espíritus,
mirando el vacío
de lo ido,
la felicidad intangible,
la felicidad imperdible
de lo jamás perdido.
Te veo sin verte.
Me veo verte.
Sentirte.
Hablarte
en el silencio tibio
de la espera,
en la paz
de las estrellas,
allá a lo lejos,
acá con su luz-lenguaje,
en todas partes,
en todo surco,
en la casa,
todas las casas,
en el país,
todos los países,
en mí,
que eres tú y son todos.
Somos todos:
arena de todas las tierras,
partícula de todos los átomos.
Eres este cuerpo mío,
todos los cuerpos,
todas las historias.
Soy yo.
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