Miércoles dos y 7

Sumergiendo los cuellos. Ahogando cada guiño y cada ojo. Son las tardes de sol en la noche, es un mediodía de cortinas abajo. La suciedad se levanta en las manos que ya rompieron los cuellos de vidrio, en las manos que hundieron sin piedad los ojos de papel. Se ve un cuerpo hambriento abrazando proyecciones de sueños en la pared. El cinematógrafo narra acaso que sólo en las esquinas vacías el dolor es tangible.
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