Viernes cero con siete

Sólo soplas. Árboles que caen en las noches mientras las calles protegen borrachos dormidos y piernas desnudas. Horas que se filtran por entre ventanas sin ojos y aquellos cuerpos despiertos que cuentan y recuentan las manchas en las paredes. A medio andar saben que no andarán. Se harán una cobija de suspiros por esa noche sin sueño, por ese rato de insomnio.
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