Aparece.

Qué silencioso este cuarto.
Qué obscuro.
El viento, que apenas si pasa, se filtra un poco por entra las ranuras.
Miro la cortina cerrada por el afán. Los platos a medio limpiar.
Los libros.
Acostado susurro tu nombre.
Y espero tu regreso.

Cuántas calles que no comprendo.
Cuántas lenguas que no distingo.
Cuántos rumores de un futuro incierto.
Cuántos soles.

¿Dónde estás, qué haces, en qué sueñas, a quién hablas?

Yo hago de este domingo un sonido con el último punto.
El martillo sella en el tiempo este diáfano clavo.

A través de los túneles remotos, corro y te alcanzo.
Cruzo distancias erróneas.
Y me recuesto en ti y sonríes y mis ojos encuentran finalmente descanso.

Háblame.
Cuéntame historias de universos y poetas. De canciones y diademas.
Cuéntame tristezas calladas.
Cuéntame el pasado de todos los números.
Cuéntame todos los destinos y todas las mareas.

Sé este silencio.
Sé hoy en estas palabras.
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