Tren de domingo.

¡Cómo llegas! Como la brisa.
Llegas como vienes, llegas como llegas.
Llevando contigo la felicidad que también me dejas,
cargando en tus brazos mi sonrisa.

Te llevó hace apenas una hora un tren en la noche
y solitario mi cuerpo vio cómo la noche se hizo noche.
Pues contigo fue siempre soleado día.

Y me quedo acá, en el silencio de tu ausencia.
En la grata memoria de la piel que ya llama tu presencia.
En la melancolía.

Cómo se fueron las horas en mirarte.
Cómo se fue el tiempo en verte mirarme.
Se fueron, se van: como se evaporan los mares.
Mientras callados se desdibujan todos los pesares.

Es tu nombre en mi boca: es Alegría.
Es mi nombre en tu lenguaje.
Es mi cuerpo que es mi más sincero personaje.
Es de tu aparición: la epifanía.
Y quizás sea un soplido mágico en un escondido mensaje.
Pero yo por un momento más, toda la arena soplaría.
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