Allá va: llegando.


Y es ahora el ahora del que tanto hablamos. Aun cuando la discusión versa sobre el ahora en revistas. En la página cuarenta y 8 mientras que en la 40 y nueve se publicita un mp3. O cuatro, ó 5, o quién sabe hasta dónde llegue la serie de la serie.

Como la serie que mide el fin del entendido Todo. Lo que está allá es Todo menos 1. Es decir, uno. Yo, para mi caso. Y es que, si me fijo, yo y mi y mí tienen todo que ver. Son lo mismo.

Pero bueno, dicho así, me hablo a mí, hablo conmigo. Lo quiere decir que no me comunico.

Pero lo hago, arduamente. Lo que tampoco quiere decir que lo logre.

¿Será acaso que todo lleva al infinito?

Si. La parte es la que lo hace.

Y es que ahora que sólo sentir-me, ser mi sensación y sentimiento soy. No soy. Me oigo. Me veo. Me toco. Me respiro. ¿Pero me escucho?

Aveces. Cuando aspiro, suspiro y respiro mi vida, lo que se me quedó, lo que al parecer está pero que se está yendo y lo que se sentará, se acostará, se echará y raíces hará, cogido, agarrado, de la mano, de los dedos, del puño con la soga de la que cuelga o con la rama atrapada, una mano tensa de esfuerzo y por la fuerza que da el Valiente o el Miedoso. De infinito. Para ser dejando de ser. Y para ya haber sido.

Me-soy es quizás más preciso que soy.

Que la vida se me va...
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