Lo que sí cambia como lo que no.

La economía, al parecer, cambia como cambia el ánimo de las personas en un año de vida.
No sabiendo cuándo es malo y trae algo bueno o bueno y que traiga algo malo o quizás bueno pero pecaminoso o bueno pero no, gracias; no tanto.
Pues no sabemos cuándo lo bueno es realmente bueno fuera de ese pudo-ser-mejor.
Ni cuándo lo malo es malo porque siempre pareciera que hay algo peor.
No se nos pida, así, saber cómo un bueno puede ser malo o, mucho menos, un malo resulte siendo un bueno.
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