Sueñas muertos y sombras. Mentiras. Basura en espera de tu boca y ansiosa del filo gastado de tus dientes. Sueñas tu cuerpo en un pueblo sin escenografía. Y estás ahí: partiéndote, evaporándote, sumergiéndote, dejándome. Un sol que sin mañana apagado está.
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Luego de tomarme un tinto, de ir al baño y volver, de sacar la basura, de peinar al gato -¿se peinan los gatos?-, arreglar la gotera, de llamar a cobrar, quitarle los pelos a la alfombra y comprar debajo del puente lo que encima de él huele y que tiene nombre y apodo y hasta castigo, yo diría que...