1 de julio de 2009

Stiqui.

Se me va a veces. O bueno, también se me pega. Se me sale cuando se me queda. La confusión certera coge sola su camino y también se sienta en mi boca.

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Luego de tomarme un tinto, de ir al baño y volver, de sacar la basura, de peinar al gato -¿se peinan los gatos?-, arreglar la gotera, de llamar a cobrar, quitarle los pelos a la alfombra y comprar debajo del puente lo que encima de él huele y que tiene nombre y apodo y hasta castigo, yo diría que...