2 de julio de 2009

La gota con una copa llena de vino tinto.

Se me han raspado las rodillas de la indignación.
Se tropezó mi esqueleto con la pregunta.
Y me caí con el grito.
Ahora el silencio intenta limpiarme.
Y yo no se lo permito.

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Luego de tomarme un tinto, de ir al baño y volver, de sacar la basura, de peinar al gato -¿se peinan los gatos?-, arreglar la gotera, de llamar a cobrar, quitarle los pelos a la alfombra y comprar debajo del puente lo que encima de él huele y que tiene nombre y apodo y hasta castigo, yo diría que...