Las siete y diez y un ocho.
Las horas de ayer, de anoche.Cuando la noche era ayer.
Y ayer era la camisa a rayas
y la luna un zapato café.
Es la noche silenciosa.
Las gotas caen
y se despedazan
y acosan
y suenan.
El cielo quizás llora
o un lucero está nostálgico.
A lo lejos la lluvia arrecia
y "tiritan, azules, los astros...a lo lejos".
Me despierto no dormido de este sueño no soñado,
de esta sopa,
de esta masa,
de esta pasta,
de este profundo sonido.
Las siete y veinte y ahí va un uno.
Nada cae ya.
La selva es clara y claro el mundo.
La tormeta se hizo calma
y la puerta suena.
Los pies arrastran el agua
y el tapete aguarda.
Y ahí va el dos.
Ahora juntos, los dos.
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