ya acabada,
quizás muerta después de nacida.
Empieza un ciclo que nunca termina,
y miramos al frente sin ver nada,
y vemos solo noche y neblina,
eterna oscuridad del día
o la cueva profunda de la noche.
Empieza una jornada que es la ida,
la fiesta después de la fiesta,
desordenada, pasada y perdida
pues el tiempo nuevo es viejo,
y no existe felicidad o alegría,
sino la incertidumbre, el miedo
la duda y la nula compañía,
pues vamos solos,
y así llegaremos
al sitio-abismo
del que nunca nos fuimos.
Empieza aquello que no finaliza:
la pesada carga,
de subida por la afilada colina
para llegar y caer
como caen las piedras
para llegar y mirar
y repetir y empujar
un universo vacío
lejano de olvido
sin estrellas.
quizás muerta después de nacida.
Empieza un ciclo que nunca termina,
y miramos al frente sin ver nada,
y vemos solo noche y neblina,
eterna oscuridad del día
o la cueva profunda de la noche.
Empieza una jornada que es la ida,
la fiesta después de la fiesta,
desordenada, pasada y perdida
pues el tiempo nuevo es viejo,
y no existe felicidad o alegría,
sino la incertidumbre, el miedo
la duda y la nula compañía,
pues vamos solos,
y así llegaremos
al sitio-abismo
del que nunca nos fuimos.
Empieza aquello que no finaliza:
la pesada carga,
de subida por la afilada colina
para llegar y caer
como caen las piedras
para llegar y mirar
y repetir y empujar
un universo vacío
lejano de olvido
sin estrellas.
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Luego de tomarme un tinto, de ir al baño y volver, de sacar la basura, de peinar al gato -¿se peinan los gatos?-, arreglar la gotera, de llamar a cobrar, quitarle los pelos a la alfombra y comprar debajo del puente lo que encima de él huele y que tiene nombre y apodo y hasta castigo, yo diría que...