Hoy, con una Bogotá de azul infinito que no tuvo ni una nubecita, con más de 22 grados, algo que es cada vez más común y más normal en semejante anormalidad, pienso que en 2024 tuvimos enormes incendios forestales que inundaron la ciudad de humo y de un olor a quemado con el que nos despertábamos y nos acostábamos, y que también comenzamos el racionamiento de agua por 24 horas para toda la ciudad, en un esquema por ciclos, y ya llevamos no sé cuántos meses. Siento miedo por el 2025, por mañana, por el mañana y por lo que va a pasar a esta ciudad y a este mundo, en este ya eterno hoy de catástrofe, en este ahora de ansiedad y preocupación.
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