Camina por la noche sobre el andén de las caídas un hombre que nadie ha visto, un rostro que nadie conoce. Pálido como la luz de las lápidas, ya nada carga, sino el peso de la nostalgia perdida. Camina por la vida, sobre el vaivén de la amargura, una mujer que nadie ha visto, unos ojos que nadie conoce. Negra viste, como una ausencia, entre el cementerio vivo y ya nada lleva, sino sus tristezas. Camina cada quien rasguñando sus destinos, arrastrando entre sangres invisibles la locura de sus silencios. Porque hoy llorar no pueden. Porque hoy cantar no quieren. Porque nadie hay al final de su caída ni al principio de sus caminos. De andar y andar sin destino regresan así, sin piel ni abrigo, a la grieta de sus sueños. Y callan ¡cuánto callan! entre cada temor y entre cada grito. Regresan yéndose siempre. Y lento se ahogan en la saliva de su olvido. Caminan así, flotando incorpóreos, con la bondad que aún les queda, entre los recuerdos tristes de lo siempre escrito, condena eterna de lo padecido.
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