8 de abril de 2021

skdnv7

De su murmullo, su aurora
Del olor de su piel, 
el recuerdo de su aroma 
que anda por los tiempos 
y los lugares 
como la luz 
que el futuro alumbra 
y sobre quien el pasado descansa

Qué ríos que somos, qué silencios 

De callarme cada lágrima
de sumergirme en cada risa
de cuando reíamos
de cuando el camino estaba afuera
entre los matorrales
y no sobre una alfombra invisible
pesada con el polvo 
del encierro de las horas

De su memoria, sus miradas
La callada espera que esperamos
en el ahogo de los días desviados
por las cortinas

Se sumerge la vida en las distancias
de su propial piel 

1 comentario:

  1. En su contorno está la armonía
    sobrevive en esa superficie
    de terciopelo y carmín furioso
    en su transparencia monacal
    estaba el tremendo fulgor
    que erizaba y aún lo hace, mi temor.

    Qué de carne que somos, qué débiles.

    De no saber escuchar a la cordura
    de no prestar atención a esas señales
    más contundentes que una paliza
    de orcos trasnochados por algún estimulador,
    más visibles que la cola de un cometa
    tropecé y mordí la dimisión
    me hice débil, dependiente otra vez.

    En la memoria no guardo nada más que una foto
    que registra su pícara sonrisa
    bajando por una escalera de color sangre
    todo lo demás quedó enterrado
    indefectiblemente.
    bajo un manto de cotidianeidad.

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Luego de tomarme un tinto, de ir al baño y volver, de sacar la basura, de peinar al gato -¿se peinan los gatos?-, arreglar la gotera, de llamar a cobrar, quitarle los pelos a la alfombra y comprar debajo del puente lo que encima de él huele y que tiene nombre y apodo y hasta castigo, yo diría que...