Entre el té y las delicias de un cabello castaño que se escurría como el agua bendita por cristales del intelecto. Luces empujando los pasos a un camino de sombras y calles pavimentadas de besos fortuitos en silencio. Ahí, apretujados en la noche y en el frío, hubo también aquellas gradas y aquellos intentos y un sueño y tu aliento. El agua que sumergió los cuerpos en un sueño que apenas si fue. Como el olvido que nunca parte. Como el recuerdo que siempre llega. Entre reflejos y deseos. Así: eterno, fugaz, en el vapor de la vida misma, fresco y pretérito, inolvidable.
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