Eternos e infinitos los cuerpos de la memoria que marcan el paso de lenguas ininteligibles y sabias. Surgen en la arena fría los clavos de la historia que convergen y se cocinan en el ahora. Lienzo invisible también cuadriculado de estos ojos que desde dentro confabulan el trino último de sus palabras ciegas.
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Luego de tomarme un tinto, de ir al baño y volver, de sacar la basura, de peinar al gato -¿se peinan los gatos?-, arreglar la gotera, de llamar a cobrar, quitarle los pelos a la alfombra y comprar debajo del puente lo que encima de él huele y que tiene nombre y apodo y hasta castigo, yo diría que...