Acordándome de aquella noche de estudio para el examen del otro día en las épocas de la universidad, cuando una compañera nos dijo que ella había escuchado que el vino ayudaba a concentrarse. Qué buena fiesta fue.
Luego de tomarme un tinto, de ir al baño y volver, de sacar la basura, de peinar al gato -¿se peinan los gatos?-, arreglar la gotera, de llamar a cobrar, quitarle los pelos a la alfombra y comprar debajo del puente lo que encima de él huele y que tiene nombre y apodo y hasta castigo, yo diría que...
Je, de la nota resultante del examen, ni recuerdo no?
ResponderBorrarEs un gran punto. Desde ahora en adelante recordaré siempre que me fue muy bien. Como para que la felicidad empate.
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