Hoy, que le estuve cocinando a un par de invitadxs, en algún momento les dije "no me vayan a dejar la ensalada". Apenas acabé la frase quedé mudo. Me he convertido en mis papás. Ya soy todo un adulto.
No importa si los hemos amado con todas nuestras tripas, nos hayan arruinado la vida con sus pretensiones y presiones de padres mediocres, nos hayan abandonado porque no nos podían alimentar o nos hayan dado una existencia sin sobresaltos o lo que sea... Tenemos mucho de nuestros padres, lo bueno y lo malo. Lo que se expresa en palabras y lo que se actúa con el cuerpo. Lo que queres reconocer (la ensalada) y lo que no (vaya usted a saber). Somos ellos.
Luego de tomarme un tinto, de ir al baño y volver, de sacar la basura, de peinar al gato -¿se peinan los gatos?-, arreglar la gotera, de llamar a cobrar, quitarle los pelos a la alfombra y comprar debajo del puente lo que encima de él huele y que tiene nombre y apodo y hasta castigo, yo diría que...
No importa si los hemos amado con todas nuestras tripas, nos hayan arruinado la vida con sus pretensiones y presiones de padres mediocres, nos hayan abandonado porque no nos podían alimentar o nos hayan dado una existencia sin sobresaltos o lo que sea...
ResponderBorrarTenemos mucho de nuestros padres, lo bueno y lo malo. Lo que se expresa en palabras y lo que se actúa con el cuerpo. Lo que queres reconocer (la ensalada) y lo que no (vaya usted a saber).
Somos ellos.
Y al mismo tiempo no. Una los lleva y los cambia. Los es y los deviene. En esas se hace la variedad y todo se difumina.
BorrarAl menos los conociste.
ResponderBorrarSaludos,
J.
Los sigo conociendo. ¡Un abrazo!
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