Luego de tomarme un tinto, de ir al baño y volver, de sacar la basura, de peinar al gato -¿se peinan los gatos?-, arreglar la gotera, de llamar a cobrar, quitarle los pelos a la alfombra y comprar debajo del puente lo que encima de él huele y que tiene nombre y apodo y hasta castigo, yo diría que...
Tal vez habría que decirles que una bala en la cabeza es la cura contra la ignorancia.
ResponderBorrarY ver qué sale de todo eso.
Saludos,
J.
Como cigarrillos en la oreja que no es menos cabeza.
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