Siempre que me preguntan que si sé algo de música cuento que estudié piano (era una organeta pequeñita de las de regalo de Navidad para niños) y que también estudié instrumentos de viento (la flautica dulce de toda la vida que costaba lo que un portaretrato cualquiera).
Que me pongan a bailar...
y ahí si verán cómo me tropiezo con mi propio pie.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Luego de tomarme un tinto, de ir al baño y volver, de sacar la basura, de peinar al gato -¿se peinan los gatos?-, arreglar la gotera, de llamar a cobrar, quitarle los pelos a la alfombra y comprar debajo del puente lo que encima de él huele y que tiene nombre y apodo y hasta castigo, yo diría que...