Yo, todo metiche chismoso, gritaba pensando (o pensaba gritando): ¡arroz, papa, plátano, yuca, fríjoles, lentejas, garbanzos, quínoa, aguacate, un trillón de verduras, otro trillón de frutas, maní, otros frutos secos, champiñones, otras setas, y todas las combinaciones y formas de preparar lo inmediatamente anterior! ¿Qué sólo comen pechuga asada acompañada de costillas y chicharrón todo el día, todos los días? ¿Todos esos colores en las plazas de mercado acaso son animales muertos en la marcha del orgullo? ¿Qué se imaginan que cultivan en el campo: chuletas apanadas que sacan de la tierra o que arrancan de los árboles?
Me tomé mi café mordiendo el vaso y me fui.
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