Las lágrimas que se atascan. Las sonrisas débiles. Las miradas al piso. El cemento frío, la baldosa fría. Y entre esas sombras, entre esa niebla nocturna sin luna: hay un respiro. Universos flotantes que dicen que todo puede ser. Que hay un yo allá, más allá de mí, que soy yo y se hace y se construye nadando en un fluido tibio que sólo aguarda descanso y placer. Existe. Es aquello que creo que existe. Sólo existo, mientras en mí crea. Y mientras crea en el fondo de este abismo que es contexto, entorno, circunstancia toda de todos. De todo aquél que tiene ojos para mirarse a sí mismo.
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