Y paredes que te hiciste, cajones de risas apagadas. Aguas de olas enormes y futuras que acabaron la llama que tú mismo soplaste. Te disolviste en tu argumento y la luz blanca de tus ojos enfrentó el diamante y el chasquido. Apareciste entre los matorrales: tendido y sereno. ¿Por cuántas horas las nubes miras?
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