9 de febrero de 2011

De la perdida mente.

Aquél al que le llamaron Finalmente, definitivamente, debe estar ya demente.
Pues mentecato es quien nombres innombrables pone y dispone. Y aquél que los propone.
Ponedero de pocas dichas pero de muchas malas fichas. Un vacío monedero.
Y perecedero.

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Luego de tomarme un tinto, de ir al baño y volver, de sacar la basura, de peinar al gato -¿se peinan los gatos?-, arreglar la gotera, de llamar a cobrar, quitarle los pelos a la alfombra y comprar debajo del puente lo que encima de él huele y que tiene nombre y apodo y hasta castigo, yo diría que...