17 de marzo de 2010
En polvorosa.
Duele. Se inflama el labio de toda cordura. Arde. Supura.
Blancas reaparecen las memorias bajo las cobijas mientras se esconden los cuerpos entre aromas y cremas. Píldoras de un óleo imposible que siempre se mira.
Vuelve como vuelven los pesares, golpea como la lluvia a las flores, embarra. Hubo siempre un mejor día, habrá siempre un mejor momento. ¿Por qué ahora cuando pudo ser nunca?
Pasarán los días y pasará el olvido. El puente habrá de cruzarse: para ser puente. Del otro lado cantan las campanas y sonríen los horizontes. Me piso.
2 comentarios:
Luego de tomarme un tinto, de ir al baño y volver, de sacar la basura, de peinar al gato -¿se peinan los gatos?-, arreglar la gotera, de llamar a cobrar, quitarle los pelos a la alfombra y comprar debajo del puente lo que encima de él huele y que tiene nombre y apodo y hasta castigo, yo diría que...
Y más allá, del otro lado se gesta, indefinible pero definitiva, una marea siempre alta que arrolla, un ahora que fue mañana y que morirá en el recuerdo de nadie.
ResponderBorrarPero pasará, eso no hay dudas.
Que profundo y hermoso lo que manifiestas,me encanto.Siempre digo bienvenido cuando llegan a mi sitio, pero me siento bien llegado en el tuyo, tu blog esta muy bonito, es agradable visitarte.
ResponderBorrarVenite por Peregrino de Sabiduria a leer lo nuevo, te invito.Un abrazo,mucha luz y hasta pronto...