4 de diciembre de 2009

Por el cuarto, creo.


Tenía tantas ganas, tanto ánimo, tanto impulso.

Pero me ganó el sueño, la pereza, el cansancio y la borrachera.

Me tomo este último vaso (que no copa) de vino y me iré arreando gallinas a desempolvar el otro lado de la cama.

Ah que quisiera abrazarte y dormir respirando los olores de tu cuello.

Pero aunque estuviste, ya no estás.

He de soñarte de nuevo en otro vino y en otro yo.

Buenas noches.

2 comentarios:

  1. conozco esas resacas benditos sean los olores que emanas!

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  2. Uy ni me diga, yo las conozco y ellas me desconocen porque las olvido cuando borracho de ellas me acuerdo de nuevo.

    No queda cuello ya. No un palmo siquiera de sombra.

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Luego de tomarme un tinto, de ir al baño y volver, de sacar la basura, de peinar al gato -¿se peinan los gatos?-, arreglar la gotera, de llamar a cobrar, quitarle los pelos a la alfombra y comprar debajo del puente lo que encima de él huele y que tiene nombre y apodo y hasta castigo, yo diría que...