24 de agosto de 2009

Nido.


Me quedo. De pie. Mirando el humo que se escapa. Que se va a la sala. Se esfuma el humo. Y yo aspiro. Soplo al universo la bocanada de larga vida, la bocanada de fauna, la de verde flora. El cuarto de vida se llena. Y el cuarto sopla. Por las ventanas y rendijas sopla su vida, aquello que le llena mientras se desliza y se va.

Rendido. Exhausto por la simple saciedad de completar este vacío, este silencio. Las cuerdas se lamentan y preguntan. Pero donde oigo aquello sobre lo que escribo, es otro sonido como en aquello sobre lo que escribo y cuando lo escribo. Si hay sonido...

Por eso, claudico. Me rindo.

1 comentario:

Luego de tomarme un tinto, de ir al baño y volver, de sacar la basura, de peinar al gato -¿se peinan los gatos?-, arreglar la gotera, de llamar a cobrar, quitarle los pelos a la alfombra y comprar debajo del puente lo que encima de él huele y que tiene nombre y apodo y hasta castigo, yo diría que...