Me dijo: ¡No olvide la sombrilla!
Pregunté: ¿Llueve?
Me dijo: Debo regresarla a su dueño.
Pregunté: ¿Llueve?
Me dijo: Las palabras no son dueñas de su uso, sólo de su imagen.
Pregunté: ¿Llueve?
Me dijo: No. Pero la llevaré abierta.
Callé.
Luego de tomarme un tinto, de ir al baño y volver, de sacar la basura, de peinar al gato -¿se peinan los gatos?-, arreglar la gotera, de llamar a cobrar, quitarle los pelos a la alfombra y comprar debajo del puente lo que encima de él huele y que tiene nombre y apodo y hasta castigo, yo diría que...
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Luego de tomarme un tinto, de ir al baño y volver, de sacar la basura, de peinar al gato -¿se peinan los gatos?-, arreglar la gotera, de llamar a cobrar, quitarle los pelos a la alfombra y comprar debajo del puente lo que encima de él huele y que tiene nombre y apodo y hasta castigo, yo diría que...