18 de octubre de 2009

Domingo en la noche.


¡Cómo duelen estos ojos míos!
Cómo se oscurecen.
Cómo se me cuece la vida en las aguas calientes que derraman.

Es el silencio en las puertas. Los cuervos que rechinan a lo lejos. La lluvia que seria golpea las hojas a mi lado.

La calefacción se agita, resuena como un conductor viejo y cansado. Tose.

Aún me miro.

Y me miro feliz.

Mientras lloro.

1 comentario:

Luego de tomarme un tinto, de ir al baño y volver, de sacar la basura, de peinar al gato -¿se peinan los gatos?-, arreglar la gotera, de llamar a cobrar, quitarle los pelos a la alfombra y comprar debajo del puente lo que encima de él huele y que tiene nombre y apodo y hasta castigo, yo diría que...